«La violencia entre menores está asociada a las nuevas tecnologías»

«La violencia entre menores está asociada a las nuevas tecnologías»

Javier Amores, juez de Violencia de Género de Santander, cree que el «gran déficit de la Ley es que no hay formación educativa para llegar a una igualdad efectiva»

C. DE LA PEÑA SANTANDER.

La última radiografía sobre la situación de la violencia de género en Cantabria no arroja cifras para el optimismo. El juez de Violencia de Género de Santander, Javier Amores, muestra su preocupación por el incremento de casi un 50% de las denuncias de menores por violencia contra la mujer, un aumento que atribuye principalmente al «mal uso de las nuevas tecnologías» y a que «desde el punto de vista educativo no se está haciendo lo suficiente».

Amores cree que «no existe conciencia de cuándo empieza la violencia de género. Los primeros actos de control y de aislamiento comienzan por el mal uso de las nuevas tecnologías, cuando, por ejemplo, se piden las claves del teléfono. Hace 20 años, sin whatsapp ni tantos teléfonos móviles, un joven se peleaba con su novia y hasta el fin de semana siguiente no se volvían a ver, y en esa semana las aguas se calmaban. Ahora, la comunicación es constante, lo que da pie a que existan muchas coacciones y amenazas de las que queda constancia, que dan lugar a procedimientos. Pero en estos hechos pequeños no hay conciencia de violencia de género y todo empieza por estos actos menores».

Balance

Además, sostiene que la violencia de género entre adolescentes tiene una raíz educativa y cultural. «No podemos estar diciendo que las mujeres no son objeto sexual del varón y cuando los chicos salen por la puerta se encuentran con el cartel de una señora en ropa interior anunciando colonia. Son mensajes contradictorios que la propia sociedad da a los menores, que no están educados para interpretar, porque ni el colegio ni las propias familias tienen preparación en qué es violencia sobre la mujer y qué no». En este sentido mantiene que «el gran déficit» de la Ley Integral de la Violencia de Género es que «no hay una implementación en los colegios sobre este aspecto. No existe una formación en cómo tenemos que relacionarnos para llegar a una igualdad efectiva entre hombres y mujeres. Si hubiéramos actuado desde el minuto uno en educación, cuando se aprobó la Ley en 2004, a lo mejor ahora tendríamos menos denuncias de menores».

«La sociedad da mensajes contradictorios a los menores»

Amores dice que la Ley ha cumplido su objetivo de «sacar del ostracismo» la violencia de género, porque «ahora todo el mundo es consciente de que es un problema y un delito». Pero asegura que «toda la lucha contra la violencia de género está orientada hacia la denuncia y la judicialización del problema», lo que, a su juicio, constituye «una de las patas por la que cojea el sistema. Debería haber más apoyo por parte de los servicios sociales y dar a la mujer el reconocimiento de que es víctima de violencia de género sin tener que pasar por el juzgado», como ocurre en Alemania y Suecia, donde «no es necesario denunciar para tener ese tipo de reconocimiento».

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