«Vivo con la careta de Dalí puesta»

«Vivo con la careta de Dalí puesta»
María Heras

El santanderino es uno de los guionistas de la famosa serie de televisión 'La Casa de Papel', que acaba de recibir el premio Emmy Internacional al Mejor Drama

Mariana Cores
MARIANA CORESSantander

Aún está despejándose de la resaca de los premios Emmy (galardones a la excelencia en la industria de la televisión estadounidense). La serie en la que es guionista, 'La Casa de Papel', ganó en la categoría de Mejor Drama. Javier Gómez Santander (Santander, 1983) llegó de casualidad a esta producción de fama mundial. Nunca había escrito un guion, pero como con otros retos que se le presentaron en la vida, y con algo de cara, dijo que sí cuando el productor Alex Pina le hizo la oferta. Hoy está de lleno involucrado en la tercera temporada, de la que es el coordinador del guión. Su vida ha sido una continua lucha por salir a delante. El mejor premio: volver a estar fuerte tras una profunda depresión. «Se sale. Parece imposible, pero se sale».

-¿Cómo va la resaca de los Emmy? ¿Aterrizando?

-Ha sido una semana impresionante. Gigantesca. Han sucedido cosas que no imaginábamos que estuvieran ahí para nosotros. Espero que el aterrizaje sea suave.

-A raíz de publicar su primer libro, 'El caso del vendedor de tricotosas' (Planeta), Alex Pina, productor de 'La casa de Papel' y creador de 'Vis a Vis' o 'Los Serrano', se fija en usted. ¿Cómo fue ese primer encuentro?

-Fue una noche de diciembre y lluvia cerrada en Madrid. Quedé para decirle elegantemente que no, por respeto a quien es. Pero empezó a contarme el atraco que tenía en mente y no me pude resistir. ¿Quién le puede decir que no a fabricar mil millones de euros? Dije tanto que sí que acabé dejando el periodismo, mi trabajo... mi antigua vida.

-¿Cómo se escribe entre un grupo de guionistas? ¿Cada uno se encarga de un capítulo, de un personaje?

-En realidad es una labor de equipo. Trabajamos en reuniones perpetuas en las que hablamos constantemente de las tramas, construimos el episodio paso a paso; todo es debate, diálogo e intuición. Al final, se escribe, pero sólo al final, cuando tenemos el capítulo muy claro y perfectamente definido, incluso, en parte, dialogado. Entonces, cada uno escribe una parte. Luego eso se junta y se revisa mil veces. Se reescribe otras mil y, al final, después de más de un mes, tenemos un guión.

-¿Qué tiene ahora entre manos, además de la tercera temporada de 'La casa de Papel'?

-La tercera temporada de 'La Casa de Papel' no permite ningún 'además'. Llevo en ella desde febrero. Primero con Álex Pina, y luego, poco a poco, hemos ido incorporando guionistas. Yo ahora soy el coordinador de guión de la serie. Eso significa que no paro. Vivo con la careta de Dalí puesta.

-Volvemos a su libro y a su protagonista. ¿Cuando se comete un crimen se lo debe de ocultar uno a su mujer? ¿Debemos de confiar los unos en los otros?

-(Risas) Nunca diría cómo tiene que gestionar alguien un crimen dentro de su matrimonio. Pero sí hay algo que sé, hablando en serio y sobre las parejas, ya que pregunta: la confianza es el comienzo. Sin ella, no hay ningún camino que recorrer.

-En su obra, escrita con una crítica llena de comedia, hizo una caricatura de Miguel Ángel Revilla, que le gustó tanto que recomendó su libro. ¿Qué papel le daría en la serie?

-Revilla tiene un problema como personaje de ficción: el personaje de la realidad se come cualquier invento que uno quiera poner al lado. Miguel Ángel Revilla sólo puede interpretar un papel: el de Miguel Ángel Revilla.

-Está en contra de los «apologistas» de la lectura, que «bombardean» a los niños «con monsergas aprendidas de memoria» sobre las bondades de la lectura. ¿Cómo animamos a estas criaturas para adentrarse en la lectura?

-Yo estoy en contra de esas personas que recomiendan leer como quien recomienda seguir los Diez Mandamientos. Eso tiene algo de pensamiento religioso. Es decir, mágico. Es decir, irracional. Es decir, rematadamente falso. No creo que nadie haga nada, menos relacionado con el ocio o la cultura, como respuesta a eso que oímos tantas veces cuando somos niños: 'Porque es muy necesario'. Eso es un aburrimiento. Yo a los chavales de quince años les digo: si quieres follar más, lee. Lee, porque leyendo tu cerebro se va a convertir en una máquina afilada capaz de seducir. Y sí, también seducirás a los que no leen ni les interesa.

-Ha dicho que La Sexta Columna es el mejor programa de reportajes del país, pero cuando lo estaba presentando un problema neurológico le separó de su ojito derecho. ¿Cómo se encuentra ahora?

-Yo creo que ese programa es el mejor. Y lo defiendo. Lo creé yo y lo dirigí dos años. Era una máquina engrasada, un cuchillo que no dejaba de apuñalar ni un segundo. Respecto a lo otro, se publicó mal esa información. O se llevó a confusión. A mí me quitó de la circulación una depresión. Enorme. Tenía 29 años y dirigía ese programa. Dos años después, a los 31, me dijeron que me jubilaban. Un mazazo. Entonces pedí una excedencia y esquivé lo que para mí era un pozo del que intuía que me iba costar mucho salir: la jubilación. Sucede que cuando me reincorporé al trabajo (con enorme generosidad de la Sexta) me seguían tratando los neurólogos. Pero lo mío fue, sobre todo, psiquiátrico. Hoy estoy muy bien. Perfecto. Mejor que nunca. Y eso es lo que me gustaría decirle a la gente que está en ese pozo tan oscuro que es la depresión: se sale. Aguanten. Sé que parece imposible, pero se sale. Se sale y se llega a la mejor versión de uno mismo. Es un aprendizaje muy jodido, pero es un aprendizaje. Y sé que cuando estás dentro, repugna oír esto.