«Hemos vivido tres días de angustia en Marrakech con un trato pésimo»

Las cinco pasajeras afectadas por la cancelación del vuelo de Ryanair a Marrakech aterrizaron ayer en el Seve Ballesteros. /Roberto Ruiz
Las cinco pasajeras afectadas por la cancelación del vuelo de Ryanair a Marrakech aterrizaron ayer en el Seve Ballesteros. / Roberto Ruiz

Las cinco últimas pasajeras del vuelo de Ryanair de Marruecos a Santander cancelado el viernes llegan «por fin» a Santander

María de las Cuevas
MARÍA DE LAS CUEVASSantander

La angustia de los padres de las jóvenes pasajeras cántabras del vuelo Marrakech-Santander de Ryanair cancelado el pasado viernes, se prolongó hasta las siete de la tarde de ayer. A esa hora, Bárbara Polanco y María Ruiz, de 22 años, que habían ido de viaje de fin de carrera a conocer la ciudad marroquí, pusieron un pie en el aeropuerto Seve Ballesteros «felices de llegar por fin a casa». Fueron las últimas pasajeras en traspasar la puerta de llegadas y sus padres estaban de los nervios: «Como no lleguen nos da algo. Ha sido un fin de semana de mucha angustia, con llamadas telefónicas entrecortadas, sin wifi, falta de información y sin atención por parte de la compañía», explicaron.

De los 170 pasajeros que el pasado viernes se quedaron en la ciudad marroquí sin vuelo de retorno a Santander, cinco de ellos no regresaron a casa hasta ayer. «Lo único bueno de todo ha sido habernos conocido entre nosotras», aseguraban las chicas, dos cántabras y tres del País Vasco, que había pasado «más de 14 horas seguidas en el aeropuerto marroquí, con un trato pésimo y sin respuesta alguna de Ryanair, que no nos informó de nada», aseguraron las afectadas. «Sólo cuando el aeropuerto se quedó completamente vacío, de noche, alguien del personal se dignó a acercarse a nosotras y buscarnos alojamiento el sábado por la noche. Lo bueno fue que el hotel era de cinco estrellas».

A la mañana siguiente los problemas continuaron. «La noche en el hotel estuvo bien, aunque llegamos a la una de la mañana y no nos dieron nada de comer ni beber; al despertar habían quedado en recogernos en un autobús, pero allí no apareció nadie. Tuvimos que pagarnos los taxis para ir al aeropuerto. Una vez allí, otra vez la falta de información por parte de los responsables de la compañía, que no se pronunciaron».

La noche del domingo corrió por cuenta de las jóvenes, ya que «nadie nos ayudó. Intentaremos reclamar los gastos a la compañía, pero no podíamos dormir en la calle. El domingo decidimos hacer turismo para no pasar otra vez el día entero tiradas en el aeropuerto».

De vuelta a Santander, las pasajeras explicaron que «han sido tres días de mucha angustia, sin saber cuándo podríamos volver, y un trato pésimo de la compañía, y las familias que iban embarcando en vuelos de regreso a España nos aconsejaban que saliésemos de allí cuanto antes. 'Coged el primer vuelo que podáis', nos decían al marchar, pero no había más opciones. Además, el miedo que teníamos era que el lunes comenzaba la huelga de la compañía Ryanair y temíamos quedarnos atrapadas muchos más días».

Buena ciudad, mal recuerdo

Las cinco jóvenes que regresaron ayer fueron dejando pasar primero a familias con niños y gente mayor. «Mamá, tú hubieras hecho lo mismo», le indicaba Bárbara a su madre. «Había una niña diabética entre los pasajeros, ¿qué íbamos a hacer?». Las turistas que habían disfrutado de unos días en Marrakech señalaron que la ciudad les había «encantado, y hasta este percance con la compañía todo había ido genial; pensábamos volver en Navidad con toda la familia, pero ahora con este mal sabor de boca quizás busquemos otro destino». «El susto no se me irá hasta dentro de unos días y no creo que vuelva a viajar con Ryanair, la verdad», aseguró la madre de una de las afectadas, Olga Díaz de Rivavelarde. «Mi hija ya había viajado por Europa, pero este país me ha dado más inseguridad», añadió. «Su padre le dijo que chitón, que no se pusieran a discutir con nadie».

Por otro lado, Elena de Diego, madre de otra de las pasajeras cántabras, explicó que han pasado «un fin de semana horroroso, con intercambio de llamadas confusas y entrecortadas», pero aún con todo cree que «les servirá para espabilar y seguro que han aprendido mucho».