El día en que Noja se convirtió en Villa

El día en que Noja se convirtió en Villa

Miles de vecinos y visitantes disfrutan de la primera recreación del Privilegio de Vara, una fiesta que, según el alcalde, "continuará y se ampliará"

ANA COBOSantander

Un pedazo de la Historia de ha traspasado esta mañana las hojas de los libros y ha tomado vida en la Plaza de la Villa de Noja. Los vecinos y cientos de visitantes han hecho un largo viaje en el tiempo. Exactamente, han vuelto al 9 de marzo de 1644 cuando el rey Felipe IV concedió a este pueblo el llamado Privilegio de Vara y su declaración de Villa, lo que significaba su independencia de la Junta de Siete Villas. Y es que hasta entonces, el lugar de Noja, como así se le llamaba, era gobernado por los alcaldes de Siete Villas y como no eran nojeños, aprovechaban cualquier oportunidad para sancionar o multar las faltas más tontas que cometían y, de esta forma, recaudar dinero. Es por ello, que desde Noja se le solicitó al monarca poder nombrar a sus propios alcaldes entre sus vecinos para que no mandase en ellos los alcaldes de Siete Villas y llevar las riendas de su propio gobierno, igual que se hace actualmente.

Aquel histórico momento ha sido recreado en Noja con todo lujo de detalle. La primera edición de esta fiesta ha despertado el interés de muchos lugareños algunos incluso se han animado a vestirse con trajes medievales y renacentistas y de foráneos. Unos y otros han disfrutado de este evento animados por la buena climatología. Ha reinado el sol.

Pasadas las doce del mediodía, un carruaje de época tirado por cuatro caballos blancos ha emprendido camino desde la rotonda de Noja por la avenida Santander con destino la iglesia de San Pedro. Han sido escoltados por una comitiva integrada por gaiteros y caballeros ocultos bajo su armadura. A las puertas del templo, y ante la atenta mirada de todos los presentes, han descendido del carruaje Felipe IV con su esposa Isabel de Francia ante los vítores de ¡Viva el rey!. Allí, les aguardaba el obispo y el entonces alcalde de Argoños, Sebastián de la Lastra, que no pasó desapercibido pues era encarnado por el laredano Miguel Ángel Marsella que da vida a Carlos V en el Último Desembarco, acompañados de otras autoridades civiles y eclesiásticas.

Tras la presentación de los monarcas, la recreación se ha traslado al escenario de la Plaza de la Villa donde se ha dado vida al Privilegio de Vara. Allí, tras un breve cónclave, Domingo García de Cilla ha sido elegido entre los hombres del lugar como el primer alcalde de Noja por ser «persona de calidad hidalga, de trato afable y moral recta». El alcalde de Argoños le ha hecho entrega de la vara de justicia con la cual tomaba poderes de su cargo. Eso sí, el alcalde de Siete Villas ha hecho también acto de presencia para mostrar su oposición y asegurando que lo llevaría a pleito ante la real cancillería de Valladolid. Pero nada sirvió. Felipe IV refrendó la independencia de Noja asegurando que los 500 ducados que había pagado por su libertad vendrían muy bien a las arcas del reino y le otorgó además el título de Villa. Fue así como hace 371 años Noja consiguió la independencia administrativa de Siete Villas.

Y tras el acto central tocó agasajar al monarca y celebrar el nuevo nombramiento. Para ello, se disputó un torneo de caballeros en el centro de la plaza ante la mirada decenas de personas sentadas en las gradas. Cada caballero representó a un bandería de Noja: Ris, Helgueras, Cabanzo y Fonegra. Las espadas, las lanzas, la habilidad y la fuerza protagonizaron los reñidos combates que desataron los aplausos del público que no dejaba de izar los banderines entregados para la ocasión. Para recuperar fuerzas seguidamente se sirvió al precio de un euro un asado de carne de novillo elaborado al estilo de la época.

Según el Ayuntamiento de Noja, cerca de 4.000 personas han disfrutado de la primera edición de este festejo que en la noche del sábado tuvo su punto álgido con el concierto del grupo Vicio. El alcalde, Jesús Díaz, mostró su satisfacción por el «éxito» de una fiesta que remarcó «viene para quedarse y ampliarse en años futuros».