Los alcaldes del Asón se alían contra el 'tramo negro' y exigen un radar fijo

Desde la derecha, Jaime Bonachea, María del Mar Iglesias, Patricio Martínez, César García y Javier Incera, sentados sobre el quitamiedos de la N-629./
Desde la derecha, Jaime Bonachea, María del Mar Iglesias, Patricio Martínez, César García y Javier Incera, sentados sobre el quitamiedos de la N-629.

Los regidores de la comarca reconocen su preocupación por la peligrosidad de la vía y proponen formar una mesa de trabajo con los responsables de Tráfico

ÁLVARO SAN MIGUELSantander

Entre los cinco representan a más de 18.000 vecinos de la cuenca del Asón. A través de los municipios que gobiernan discurre, en paralelo al río, la carretera más peligrosa de Cantabria: la nacional N-629. En los 20 kilómetros de vía que separan Colindres de Ramales de la Victoria muere una persona de media al año, aunque en 2015 ya han fallecido un motorista y el conductor de un turismo. Desde 1999 se han matado en ese tramo de carretera 16 personas, pero más allá de esta dura estadística subyace una inquietud que crece en los barrios y en los pueblos de la comarca cada vez que un vecino o un conocido se deja la vida en el asfalto. Los cinco alcaldes de la cuenca del Asón, hartos de tanto accidente, exigen medidas para reducir la peligrosidad de una carretera por la que miles de sus vecinos van y vienen a diario.

Los alcaldes de Colindres, Limpias, Ampuero, Rasines y Ramales de la Victoria tienen opiniones y propuestas diferentes sobre el 'tramo negro' de la N-629, pero coinciden en dos ideas básicas: se debe instalar un radar fijo en esta carretera y se debe formar una mesa de trabajo «a la mayor urgencia posible» con municipios, DGT, Guardia Civil de Tráfico y Demarcación de Carreteras «para afrontar juntos esta problemática». Los alcaldes quieren así estar presentes en la toma de decisiones: conocer de primera mano las explicaciones a tanta siniestralidad, ser partícipes de las medidas que se van a aplicar en los próximos meses -tal y como avanzó en junio la DGT de Cantabria- y presentar propuestas para mejorar la seguridad de la carretera.

La nacional N-629 nace en la Autovía del Cantábrico (A-8) a su paso por Colindres. Su alcalde, Javier Incera (PSOE), no se anda con rodeos a la hora de explicar lo que supone en su ayuntamiento cada accidente. «Nos duele vernos sorprendidos de buena mañana con la mala noticia de un nuevo accidente en esta carretera. Encima los últimos han sido graves, con resultados mortales para vecinos nuestros, con lo que eso conlleva en municipios tan pequeños donde nos conocemos todos».

Incera subraya que los accidentes no ocurren en una zona concreta, sino a lo largo de toda la vía, de ahí que no se pueda calificar de punto negro. Esto además complica la búsqueda de una solución. «Estoy convencido de que hay un problema de velocidad en esta vía», dice el regidor de Colindres, que apuesta por la instalación de un radar fijo -sería el primero de Cantabria en carretera nacional-. «A los vecinos no les hará ninguna gracia pensar que en una vía de tránsito diario puedan tener un radar fijo, pero la verdad es que ese radar velaría por su seguridad. Nos obligaría a todos a estar más atentos». Esta solución ya se aplicó en la tristemente famosa curva de la Pegaso (Camargo). Allí los radares fijos y la limitación a 80 km/h han conseguido frenar las muertes, aunque sigue habiendo accidentes.

Desde Colindres, la N-629 se dirige hacia el sur -su destino final es Burgos-, conectando a los habitantes del Asón con uno de los principales nudos de comunicación de Cantabria (la A-8). Entre Colindres y Limpias la limitación de velocidad se sitúa en 80 km/h. Solo hay dos carriles, uno para cada sentido. Antes había uno más, en el centro, para facilitar los adelantamientos en esas larguísimas rectas, pero fue eliminado -ahora está pintado con rayas blancas-. Desde entonces, los accidentes en este sector se han reducido radicalmente.

'Aquaplanning'

La alcaldesa de Limpias, María del Mar Iglesias (PSOE), reclama más mejoras: «En el parque de El Tintero, casi llegando a Colindres, la carretera se inunda con facilidad y cuando entras con el coche te hace 'aquaplanning'. También me parece indispensable que se haga un carril bici entre Limpias y Colindres, porque no hay más opción para ciclistas y peatones que usar la carretera nacional. Y yo he visto morir ahí a un ciclista. Y que iluminen la carretera, por favor. Que no hay ni una luz».

Desde Limpias hacia Ampuero, la carretera, con el pavimento en perfecto estado, ofrece un carril para cada sentido separados por una línea continua. Tras pasar el túnel de Limpias empieza una subida y se abre un segundo carril en dirección sur para facilitar los adelantamientos. El segundo carril desaparece un kilómetro después, al llegar a Ampuero. «Veo dos problemas, el exceso de velocidad y la distracción», explica su alcalde, Patricio Martínez (PP). «La carretera está bien, pero hay que tomar medidas contra el exceso de velocidad, como por ejemplo un radar fijo o incluso uno de tramo. Y para evitar distracciones al volante hay que hacer más controles en la vía».

De camino a Rasines, las rectas se prolongan y a la altura de Bernales (Ampuero) se eleva la limitación de la velocidad a los 100 km/h. Tras pasar sobre el río Ruhermosa se abren de nuevo dos carriles. La limitación baja de nuevo a 80 km/h y se llega a Rasines. «En general la carretera está bien, y si vas a 70 u 80 es segura. Lo que haría es poner algún cartel de tramo de concentración de accidentes», dice el regidor municipal, Jaime Bonachea (PSOE). Es el que menos claro tiene lo del radar fijo, aunque se suma a la petición mayoritaria. Argumenta que la Guardia Civil ya hace controles de velocidad, aunque también admite que casi siempre se ponen en los mismos sitios, por lo que los conductores habituales de la N-629 saben dónde pueden correr sin peligro de ser multados.

El último municipio cántabro que atraviesa la vía rápida antes de meterse en Burgos es Ramales de la Victoria. También pasa por Soba, pero de refilón. «En Ramales hay bastante preocupación. La gente habla mucho de que el asfalto patina mucho en cuanto llueve y de que se corre mucho. Y se quejan de que los coches pasan por el casco urbano muy deprisa y sin respetar los pasos de peatones. Alguna vez se han pedido medidas al Ministerio (de Fomento), pero no nos han hecho caso».

En toda la subida desde Colindres hasta Ramales no hay una sola señal que advierta al conductor de que circula por un tramo peligroso. Tampoco hay carteles que avisen de la presencia de radares móviles, como en otras carreteras cántabras. Sí los hay en la dirección opuesta, de Ramales a Colindres. Para el que viene de fuera, la única advertencia de que conduce por una carretera peligrosa son los ramos de flores que salpican la carretera en memoria de los fallecidos.