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De la solidaridad al peligro: por qué arrasan los retos virales entre los jóvenes

Los social challenges comenzaron siendo positivos y solidarios, como el cubo de agua para concienciar sobre la ELA o Movember, pero han degenerado en absurdos y peligrosos juegos que enganchan a los adolescentes

Content Factory

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Más de 24 y 15 millones de usuarios activos al mes tienen en nuestro país algunas de las principales redes sociales, como Facebook e Instagram. Estos datos del informe Digital In 2019, elaborado por We Are Social en colaboración con Hootsuite, se suman al hecho de que cada día se dan en todo el mundo 4.200 millones de likes en Instagram, donde, además, se suben 95 millones de fotos y stories. Datos que dejan claro que el índice de popularidad y relevancia en estas redes sociales se mide por el número de followers, me gusta, comentarios y compartidos. Los adolescentes, como nativos digitales, tienen claro que es en estas redes sociales donde se mide la aceptación y el reconocimiento social.

En ese mundo, los retos virales se han erigido como un dinamizador aparentemente inofensivo y fácil para conseguir este objetivo. Solo el año pasado, se realizaron más de 200.000 búsquedas relacionadas con los retos virales en España, según datos de Google. Pero, en realidad, los retos sociales (o social challenges) no son ni tan ingenuos ni tan seguros como podría parecer. Se trata de acciones que se proponen en el entorno digital y que buscan animar a los usuarios a llevarlas a cabo, para grabarse y colgarlo en sus redes sociales. Cualquiera puede proponer y sumarse a uno de estos retos con el objetivo de hacerse viral y conseguir el mayor número de visitas y likes.

Así, nos vimos dejándonos bigote en noviembre para sumarnos a Movember, con el objetivo de concienciar sobre el cáncer de testículos; o nos grabamos tirándonos un cubo de agua helada por la cabeza (Ice Bucket Challenge) para hacer lo propio con la ELA. En lo último que nos hemos sorprendido -o nos han sorprendido nuestros hijos- es compartiendo en Twitter o Instagram una foto de hace una década y otra de la actualidad (10 Years Challenge). Así comenzaron los retos virales, siendo solidarios o inocuos. Juegos divertidos que enganchan a los jóvenes y que les hacen sentirse parte del grupo, al mismo tiempo que les proporcionan notoriedad. Sin embargo, como dice el dicho, no es oro todo lo que reluce.

En los últimos tiempos, la gran mayoría de los retos virales no solo rozan lo absurdo sino que son juegos peligrosos que pueden conllevar riesgos importantes para menores y jóvenes. Es el caso del denominado In My Feelings Challenge, que incita a bajarse de un coche en marcha y bailar solo para grabar un vídeo y colgarlo; el lamentablemente famoso Ballena Azul, una secuencia de retos cuya culminación es el suicidio de sus protagonistas; el terrorífico Momo, que obliga a seguir las peligrosas indicaciones de una extraña figura recibida por WhatsApp bajo la amenaza de caer en una maldición si no se lleva a cabo; o el más reciente Bird Box Challenge, inspirado en la película Bird Box, que consiste en salir a la calle con los ojos vendados, emulando a Sandra Bullock, protagonista del filme de Netflix, y que ha obligado a la plataforma en la que se exhibe a advertir a los usuarios del peligro que supone imitar este comportamiento.

No te expongas por un 'like'

Son solo algunos ejemplos de los peligros que puede entrañar un reto viral para los adultos y más aún para niños y adolescentes, quienes están en pleno desarrollo de su personalidad y pueden dejarse llevar por los desafíos más extremos, –sobre todo teniendo en cuenta la impulsividad de esta etapa vital-, para conseguir popularidad. Es por ello que la Policía Nacional y Orange, a través de su iniciativa Por un uso Love de la Tecnología (con la que quiere concienciar a padres y menores sobre la importancia de hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías), han lanzado una campaña de concienciación que anima a los jóvenes a no exponerse únicamente para conseguir un like.

De igual modo, recuerdan que la comunicación y la confianza entre padres e hijos son las mejores herramientas de prevención para evitar los riesgos derivados de un desafío viral. También recuerdan la importancia de supervisar el tipo de contenidos a los que acceden los menores en internet, ver qué publican en sus perfiles y si tienen tendencia a imitar la conducta de terceros, ya sean anónimos o influencers, youtubers e instagramers. No se trata de fiscalizar sus relaciones online sino de tratar temas con ellos que les hagan ver las consecuencias de sobreexponerse en el mundo digital, con el fin de que se sientan con la suficiente confianza para acudir a sus padres ante cualquier peligro. Además, si estos detectan que alguien propone un reto viral que puede ser peligroso para los menores, siempre hay que comunicarlo y reportarlo en la propia red social y alertar a las Fuerza y Cuerpos de Seguridad del Estado.

A la hora de prevenir, recuerdan, es fundamental reforzar el espíritu crítico de los menores y adolescentes para que sientan reforzada su autoestima. En este sentido, se puede hablar de temas de actualidad, de la influencia que ejercen los demás sobre ellos o de los medios de comunicación. Charlas y debates que pueden, además de fomentar la comunicación y confianza en el entorno familiar, ayudarles a sentirse más seguros de sí mismos y menos dependientes de las opiniones de los demás. Porque, como recuerda Francisco Pardo, director de la Policía, “la meta es acabar con los daños causados con motivo de los retos virales que circulan por internet y que ponen en peligro no solo la salud, sino la propia vida de nuestros menores”.

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Este contenido ha sido desarrollado por Content Factory, la unidad de contenidos de marca de Vocento, con Love Orange. En su elaboración no ha intervenido la redacción de este medio.