Juego de Tronos: ganar o morir

La capacidad evocadora queda patente en este pedazo de ilustración/
La capacidad evocadora queda patente en este pedazo de ilustración

Un reino lejano con vocación 'federal', amenazado por zombis congelados y dragones, donde un puñado de familias se disputan el trono de hierro sin preocuparse de la amenaza común que se les viene encima

ASER FALAGÁNSantander

"Cuando se juega al juego de tronos solo se puede ganar o morir". Con estas palabras inauguró Cersei Lannister, apócrifa inventora de la gamificación, la saga más importante del siglo. Fue en 1996, fecha de aparición de la primera novela de la saga Canción de hielo y fuego, que llevaba por título Juego de tronos. Las palabras se las decía a un Eddard Stark que ya barruntaba que aquello de ir a Desembarco del Rey no había sido una buena idea.

Los buenos de Cersei y Ned son dos de los protagonistas de un fenómeno que escapa al Santander Alternativo, lo que no hace sino demostrar su proyección. El programa es un guiño a una generación a caballo entre Naranjito y Cobi, con sus jedis, petacos y mangas, pero el universo de George RR Martin es un prodigio transgeneracional que se ha incrustado anacrónicamente en la cultura de aquellos protogeeks de los 90.

Todo empezó a finales de aquella década, mucho antes de que la HBO se convirtiera en fenómeno planetario. Los nerds de Salvados por la campana todavía no habían conquistado el mundo y eran los únicos que se abrochaban el botón del cuello de la camisa. Las barbas eran de rojos y solo los abuelos vestían como abuelos. En aquel momento, Cristina Macía terminó de traducir Juego de tronos, la primera de las cinco novelas río que se han publicado, y que más de una década después daría nombre a la saga audiovisual, mal rebautizada como el primer libro por exigencias de la mercadotecnia. Lo hizo por encargo de Alejo Cuervo, director de Ediciones Gigamesh, a quien Rhllor, los dioses antiguos y los nuevos e incluso el Dios Ahogado recompensaron su apuesta por la ficción y la literatura fantástica.

Desde entonces, Macía ha trabajado para un pequeño sello que ha crecido al abrigo del fenómeno editorial del siglo, afrontando en solitario una hercúlea tarea de traducción, que como ha ocurrido en muchos países, ha retrasado el lanzamiento en España de los esperados últimos títulos. La demora ha merecido la pena por la calidad de los textos, pero no impidió que algunos groupies optaran por leer el original en inglés, una hazaña digna de cantar de gesta en un país que en dos mil años había sido incapaz de aprender a pronunciar la ese líquida. 'No, no sabemos cuándo sale Vientos de invierno es el elocuente título de la conferencia que Cuervo y Macía ofrecerán junto al ilustrador Enrique Corominas, autor de las portadas.

Para quien aún no se haya enterado, la Canción de hielo y fuego narra la historia de Poniente, algo así como una Tierra Media mayestática sin elfos, trolls o enanos (en realidad con uno, pero de raza humana). Ese reino con vocación federal está amenazado a cambio por zombis congelados y dragones mientras un puñado de familias se disputan el trono de hierro sin preocuparse de la amenaza común que se les viene encima. En definitiva, un auténtico manual de ponzoña humana vestido de salvaje cuento medieval que recoge la herencia de Tolkien desnudándola de todo pijama infantil.

La historia comienza protagonizada por los austeros Stark. Son los molones antiguos reyes en el Norte, pero demasiado intensos. Tienen su némesis en los Lannister, una familia bien con dos únicas aficiones: medrar en los Siete Reinos y meter el dedo en el ojo a los Stark. Así arranca una epopeya inspirada en la Guerra de las Dos Rosas que enfrentó a los York y los Lancaster, y a la que se van uniendo infinidad de familias, intrigas y personajes que terminan sucesivamente gamificados. Desde el Sean Bean que (ojo, spoiler) cae en la primera temporada, a las sorpresas que ya se han dejado ver en la actual, donde la trama audiovisual que ya había comenzado a evolucionar por su cuenta ha adelantado cronológicamente a las novelas.

Junto a ellos, una curiosa legión extranjera protege los Siete Reinos de un mundo salvaje y helado y sus misteriosos zombis. Y una reina depuesta a lo Simeón de Bulgaria en pibón a escala, trata de recuperar el trono a lomos de dragones. Es Daenerys de la Tormenta, de la Casa Targaryen, la primera de su nombre, la que no arde, reina de Meereen, reina de los ándalos y los primeros hombres, khaleesi del gran mar de hierba, rompedora de cadenas y madre de dragones. La pera limonera.

Esos zombis de hielo y esos dragones son en realidad el leitmotiv de una saga en la que los arcianos no han dejado ver el bosque, algo que sí ha sabido captar Corominas. Como sus compañeros de charla, poco podrá avanzar de la sexta novela, así que a los groupies preocupados por la salud de Martin no les queda más remedio que cruzar los dedos para que no sufra esa drástica forma de eliminación que tiene el juego de tronos, como pontificó allá por los noventa la inventora de la gamificación.

 

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