Cosplay: juega a ser fantástico

¿Una dulce niñita o un monstruo con su canesú? /
¿Una dulce niñita o un monstruo con su canesú?

Cosplay es una combinación de dos palabras inglesas: ‘costume’, disfraz, y ‘play’, verbo que significa tanto jugar como interpretar. Y de eso tratan tanto el principal concurso de este fin de semana, como la ‘Cena con asesinato’.

DAVID REMARTÍNEZSantander

Un otaku es un fan de los cómics japoneses y de sus series de animación. O, traducido también en sus términos nipones, del manga y el anime.Como casi todo lo japonés, un otaku resulta a ojos occidentales un fulano/a estrambótico y excesivo, un friki de categoría superior al que, además, le pirra disfrazarse de sus personajes favoritos con un detalle obsesivo para, simplemente, pasearse por el barrio, o mejor, para competir con otros otakus también caracterizados en plan pokemon.

A dicha afición la llaman cosplay, una combinación de dos palabras inglesas: costume, disfraz; y play, verbo que significa en una hermosa doblez tanto jugar como interpretar. Hay discotecas en ese lejano archipiélago oriental donde solo se permite el acceso si te presentas ataviado como un cosplayer. Si vas vestido de calle, ahí te quedas.

Porque los japoneses se toman tan a pecho sus tradiciones, sean ancestrales o posmodernas, que el campeonato mundial de este asunto (el World Cosplay Summit, que anualmente reúne a miles de personas en la ciudad de Nagoya) está patrocinado por los ministerios de Infraestructuras, Economía y Asuntos Exteriores. Tela. Imaginen ahora a los tres ministros españoles de esas mismas áreas gubernamentales presentando en una rueda de prensa un concurso de disfraces.

Sí, sería antológico.

Lógicamente, el Santander Alternativo tenía que organizar un campeonato de cosplay, que será de adultos el sábado y para menores de 11 años el domingo.

Primero, porque se trata de un divertimento social en auge, donde ya se admite cualquier recreación. Del inicial anime y los videojuegos de los años noventa, el abanico de vestuarios aceptables se ha ampliado conforme el cosplay ha ganado fronteras, y ahora mezcla el imaginario otaku con cualquier protagonista de una saga de ficción, sea Star Treck o Piratas del Caribe. Si vas de Mariano Rajoy o de Pablo Iglesias, y vas bien enmascarado, con tu barbica y tu coleta clavadas al original, probablemente también te permitan concursar. El único personaje que se antoja incosplayable es el incomparable Mortadelo de Francisco Ibáñez, porque en rigor, habría que actualizarlo constantemente.

Pero además, el festival santanderino ha convocado esta competición porque el cosplay ilustra la esencia del fan, del friki, del aficionado sin mesura. Un cosplayer no solo debe recrear el atuendo y el maquillaje del personaje elegido. También debe moverse, hablar, mirar, comportarse como él. Es decir, interpretarlo. Es decir, jugar a ser otro. En este caso, el protagonista de sus fantasías más personales.

¿Quién ha sido?

En definitiva, «carnaval toda la vida», que cantaban Los Fabulosos Cadillacs. La misma idea que subyace bajo el Death&Dinner, o Cena y Asesinato, una comedia de enredo alrededor de una aristocrática mesa inglesa para 25 comensales (previa inscripción) en el restaurante Deluz en sendas veladas las noches de este viernes y sábado. Es decir, el famoso juego Cluedo, en vivo, mientras se degusta una cena memorable.

La pergeñadora de este gastroteatro es Elena Merino, periodista y escritora especializada en criminología. Y el argumento, el clásico: un cadáver, y un asesino al que hay que localizar mediante las pistas que surjan conforme avance el menú. Sin embargo, el crimen esconde otras subtramas excitantes. Al inscribirse, a cada comensal se le asigna un personaje con su biografía explicada, y las indicaciones para su atuendo. Porque, por supuesto, hay que asistir disfrazado. Y una vez allí, a comer, investigar e interpretar.

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