Agustín de Celis regresa a Cantabria con 'Azul secreto' en La Central 1897

Una de las miradas azules que integran este catálogo revelador de la identidad del pintor. /La Central
Una de las miradas azules que integran este catálogo revelador de la identidad del pintor. / La Central

El veterano pintor y arquitecto comillano reúne una veintena de obras realizadas desde el año 2000, fruto de la búsqueda incansable y renovada de su estilo

GUILLERMO BALBONASantander

La Biblioteca Central acogió hace dos años un catálogo de miradas que certificaba la evolución de un artista imprescindible. Mirada azul siempre, esa mirada translúcida que se clava en los lienzos como una aguja. La obra de Agustín de Celis, que no ha dejado de crecer desde los años sesenta hasta el presente, con sus composiciones «donde la palabra poética, inmersa en sus lienzos, está muchas veces latente del mismo modo que su extrema paleta de azules», regresa este verano a Santander.

En Agustín de Celis todo es inmersión en ese color que le ha acompañado, abandonado, rescatado y evocado a lo largo de medio siglo de pintura. El azul es el equipaje plástico de un perseguidor de formas que busca, experimenta, indaga, profundiza y recorre. Tras aquella retrospectiva selectiva y representativa, De Celis, nómada y pintor viajero, está de vuelta a su tierra con una obra cercana. Un artista que mantiene su pulso creativo desde 1966. La Central 1897, uno de los espacios singulares, polivalente y abierto a lo interdisciplinar, acoge desde hoy –inauguración a las 20.30 horas–la muestra 'Azul secreto'.

Agustín de Celis (Comillas 1932), que expondrá su creación hasta el próximo 12 de agosto, reúne una veintena de creaciones que albergan todas ellas un común denominador, el color azul, una constante en la obra de este artista, premio nacional de pintura, que evoca y representa el Mar Cantábrico, su fuerza y, en definitiva, las maneras y formas peculiares de manifestarse.

La obra de Celis es una búsqueda incansable y renovada de su propio estilo, con diversas etapas en las que profundiza en diferentes temas de forma seriada. Se sumerge en la abstracción pero también en la figuración, explorando las posibilidades del color en el que el azul acaba siendo el protagonista.

El artista en un principio se centra en la pintura figurativa, pero tras su estancia en Roma evolucionó hacia la abstracción primero y el expresionismo después. Será en los últimos años cuando retoma el mar como elemento clave en su obra, un mar violento y con fuerza, el mismo Mar Cantábrico de su infancia.

«El mar, el nordeste las playas, la resaca... todos los nombres de las obras que ahora se exponen, en color azul secreto, representan –según palabras de De Celis– momentos de mi vida, de mi pasado, recuerdos de lugares, de sensaciones donde me hubiese gustado estar, me hubiese gustado vivir mientras los pintaba…». Celis, cuya obra puede encontrarse en distintas instituciones, caso del Museo Reina Sofía, ha querido dejar presente su vinculación con su tierra original, que abandonó para estudiar Bellas Artes con solo 19 años, y a la que sin embargo no ha olvidado, ni dejado de evocar. Una obra que concibe como «un proyecto de investigación sobre el arte plástico intentando toda mi vida buscar el camino que se identifica conmigo y con mis momentos vitales».

Exposición de uno de los representantes de una notable generación de artistas, donde se encuentran personalidades como Manuel G. Raba, Eduardo Sanz o Enrique Gran y que recala ahora en Santander y por expreso deseo de su autor, en la sala de exposiciones La Central 1897.

El espacio que alberga y combina una galería comercial con sala de arte, espacio por el que ya han pasado artistas como Roberto Orallo, Guido Velasco, Arancha Goyeneche o Joaquín Martinez Cano, acoge ahora esta importante muestra que cierra los actos de celebración del primer aniversario de este espacio cultural alternativo, lo que permite acercar esta importante cita.

La exposición que consta de 20 obras, que van desde el gran al pequeño formato, fechadas entre el 2000 y el presente, combina trabajos nuevos realizados en este último año que serán expuestos por primera vez al público, con otras obras que se realizaron en años anteriores y formaron parte ya de otras anteriores, caso de la citada en la Biblioteca Central.

De la Bienal de Venecia en los sesenta a sus últimas piezas pasando por Sao Paulo, París, Roma y Madrid; del Gran Premio de Roma de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1960 al Premio Nacional y la serie de los Archivos; de la propia idea de viaje a la pintura testimonial y social, comprometida; «un nomadismo estético vertebrado en series que, a modo de estaciones, han ido componiendo una singladura que hoy abarca más de cinco décadas», según destacó en su día Marta Mantecón. Una vuelta de tuerca que es al tiempo una tarjeta de presentación de un creador convencido de que «en arte no hay que quedarse parado nunca, lo fundamental es transgredir. Ir de lo conocido a lo desconocido».

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