«Más allá del realismo, mi padre escribió muchas obras que habría que recuperar»
Verónica López Aranda presenta hoy en Gil un volúmen que reúne dos obras inéditas del dramatrugo, 'Esperando la llamada' y 'La contrata, recuperadas por Ediciones Invasoras
La literatura dramática de Ricardo López Aranda (Santander, 1934/Madrid, 1936) regresa hoy, viernes, a su tierra con la presentación, en la librería Gil a ... las 19.00 horas, de un volumen que reúne dos de sus obras inéditas: 'Esperando la llamada' y 'La contrata'. Publicadas por Ediciones Invasoras, las piezas se presentan ahora en Cantabria después de su estreno editorial el pasado mes de octubre en el Salón Internacional del Libro Teatral de Madrid. Son dos textos distintos, pero protagonizados por los mismos personajes; «dos variantes de la misma situación», explica Verónica López Aranda, hija del autor y responsable de la edición junto con el equipo de la editorial.
Aunque nunca llegaron a publicarse, ambas obras sí se dieron a conocer en su momento a través de dos lecturas universitarias cuando el autor era todavía muy joven: una en Santander y otra en Barcelona. Se trata de dramas marcados por una tensión emocional sostenida, ambientados en un mismo espacio y centrados en una pareja joven atrapada en su relación y en las limitaciones de la época. «Hablan de la precariedad laboral, del enchufismo y de una juventud que se enfrenta a la frustración, al miedo al fracaso, al impacto económico y a decisiones vitales como tener o no tener hijos», señala Verónica López Aranda. «Todo esto nos suena muchísimo, pero hay que recordar que están situadas en los años 50 o 60».
Las dos obras se inscriben en la corriente realista del teatro español, el movimiento que definiría la trayectoria inicial de López Aranda y del que fue el autor más joven dentro de una generación encabezada por Antonio Buero Vallejo. Sin embargo, su hija, que vive en Paría donde dirige su propia empresa digital, insiste en que su obra va mucho más allá de esa etiqueta. «Hay muchas piezas y estilos muy distintos, y mucha gente lo desconoce. Deberíamos rescatar esa diversidad porque es verdaderamente interesante».
López Aranda posee un reconocimiento sólido dentro de la dramaturgia española del siglo XX. «Mi padre es un autor reconocido y no solo en España, su obra también se estudia en universidades americanas, alemanas, francesas... aunque pertenece a una generación que se conoce como la Generación Maldita en teatro: en la Dictadura no les permitieron expresarse como querían y, cuando llegó la Transición, tampoco», recuerda. «Y esto no solo se aplica a él, sino a muchos autores de aquel grupo».
En la presentación de esta tarde, Verónica López Aranda estará acompañada por Fernando Abascal, catedrático emérito de Instituto en Lengua y Literatura, y la artista y gestora cultural Raquel Martín. También asistirá la ilustradora de la portada, Carmen Narbarte del Pozo. Además ayer la protagonista de este evento participó en la Gala de las Letras, donde se entregó el premio literario que lleva el nombre de su padre. Preguntada por la dramaturgia de las nuevas generaciones -no solo de los premiados- destaca la pluralidad actual: «No se puede homogeneizar, porque no todos hacen el mismo teatro. Pero es muy importante que exista esta juventud que hace vivir la escena y que busca otras corrientes, otros modos de escribir e incluso de representar. Y dentro de ese grupo los hay muy vanguardistas, pero también muy clásicos».
La edición de estas dos piezas no es la primera incursión de Verónica López Aranda en la recuperación del legado de su padre. Participó en la publicación de 'Yo, Martín Lutero' de la Asociación de Autores -edición que revisó con Fernando de los Ríos- y colaboró directamente con el autor en vida. En la actualidad continúa trabajando en la recuperación y edición de otras obras, entre ellas una pieza infantil y otra de carácter histórico.
El libro que hoy se presenta cuenta con un estudio introductorio de Francisco Gutiérrez Carbajo, catedrático emérito de Literatura Española Contemporánea. Las obras, escritas entre 1958 y 1963, fueron finalistas de premios como Calderón de la Barca, Teatro de Valladolid y el Concurso de Autores Jóvenes de Barcelona. El volumen subraya que la trayectoria de López Aranda «una voz dramática singular, comprometida y en constante búsqueda, con numerosas obras aún por descubrir».
El dramaturgo dedicó toda su vida a la escritura y dejó más de 60 obras teatrales -solo 30 representadas o difundidas- además de numerosos guiones de televisión, algunos cinematográficos y más de treinta libros de poesía.
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