«Una buena fotografía es más poesía que prosa»

Jorge Represa en la sala de exposiciones de Inder Espacio, en Santander, junto a su inseparable perro. /Roberto Ruiz
Jorge Represa en la sala de exposiciones de Inder Espacio, en Santander, junto a su inseparable perro. / Roberto Ruiz

Jorge Represa desvela los secretos de la fotografía a través del estudio de los grandes maestros en Inder Espacio, la galería de arte de Santander

LOLA GALLARDO SANTANDER.

Jorge Represa descubrió que quería ser fotógrafo con 13 años. Fue cuando falleció su padre, aficionado a la fotografía. «Heredé su cuarto oscuro y lo activé. Quedé fascinado cuando apagué la luz, encendí una luz roja y saqué un papel blanco fotosensible», explica. Por aquel entonces quería también ser escritor y alguien le recomendó un libro en el que leyó que para ser buen escritor primero hay que ser un buen lector. «Para escribir hay que leer primero lo que han escrito los demás, entonces para fotografiar hay que ver primero qué han fotografiado los demás». Esta máxima la aplicó desde el minuto uno y con 18 años se compró su primer libro de Robert Frank, un fotógrafo «tremendamente difícil de comprender», declara.

Este mes de octubre ha comenzaron en Santander varios talleres, uno de ellos para niños, en los que desvela los secretos de la fotografía a través del estudio de los grandes maestros. Se realizan en Inder Espacio, en Santander. Para él, la fotografía tiene una ventaja con respecto a otras disciplinas artísticas y es que «desde el minuto uno tienes un resultado fotográfico». Es cierto que luego, «cuando aprendes y miras ese primer resultado es igual de horroroso que los primeros acordes de un piano». «La fotografía te da la satisfacción inmediata, desde el primer momento». A su juicio, «conjuga la capacidad de describir con la de sugerir». Y en esa dualidad hay un gran universo en el que los fotógrafos quedan atrapados.

¿Los ingredientes de una buena fotografía? «No hay una receta y si existiera que alguien me la de», dice. Pero si hay algo claro es que debe transmitir, ser comprensible, tocar la emoción de quien la mira. «Una buena fotografía te hace viajar, reflexionar, te hace preguntas», aclara Represa. «Tiene varias lecturas, es más poesía que prosa», añade. No recuerda su primera fotografía publicada, pero sí la primera que fue portada en Diario 16. Era una medianera pintada y «recuerdo la alegría que sentí. Tenía 18 años».

«Para poder valorar una fotografía primero hay que conocer a fondo su historia»

Los talleres que imparte en Santander enseñan a los alumnos la complejidad de la fotografía. No es sólo técnica, hay mucho más. La gente se acerca al mundo de la fotografía pensando que es sencillo «y como cualquier medio de expresión puedes dedicarle una vida entera y no terminas de aprender». Enseña a respetar las fotografías y educa sus ojos. En los talleres repasan las grandes fotografías y fotógrafos de la historia. De esta manera, «el estudiante adquiere cultura visual y educa la mirada. No me interesa la técnica».

¿La primera lección? Varía de un curso a otro, pero siempre bajo la premisa del trabajo de Larry Towel y sus fotografías familiares. ¿La segunda? Henri Cartier Bresson, porque fijó unas reglas ortográficas de composición fotográfica que todavía hoy se aplican. Represa reconoce que hay buenas y malas fotografías que se distinguen cuando adquieres una enorme cultura visual. Además, suele ser siempre una imagen que ya se ha visto antes. Hay que huir de los estereotipos y las fotografías evidentes. Y es que para poder valorar una fotografía hay que conocer primero su historia.

Jorge Represa ha dedicado veinte años a retratar a famosos. Fue una etapa intensa, en la que trabajó a destajo, pero lo recuerda como una época bonita. Explica que hacer un buen retrato es difícil y, en ocasiones, además de la técnica es necesaria la intuición. Fue cuando dio por terminada esa etapa cuando llegó a Santander, donde se ha reconvertido en otro fotógrafo, alguien a quien le interesa más la formación. Enseñar. Estudió la fotografía documental y el ensayo y «aquí me he sentido más fotógrafo y me he realizado más como artista», aclara.

Para él, cualquier personaje tiene un fantástico retrato pero está en la mano del fotógrafo conseguirlo. «Para retratar te tienes que enamorar del personaje al que estás fotografiando», explica, «aunque sea un impresentable».

Jorge Represa mira la vida a través de su cámara. Y matiza que pocos fotógrafos tienen una mirada especial de la vida «y sólo son notarios de una realidad estereotipada». «Pocos fotógrafos tienen una mirada especial, original y diferente», añade. «Mi mirada es muy complicada y personal. Parto de la belleza. Me gusta que la construcción visual sea hermosa y me gusta llenar la realidad de ficción». De la fotografía ha aprendido la vida y su foto soñada es la que todavía no ha hecho: «La mejor foto siempre es la próxima», afirma.

Ahora trabaja en un proyecto sobre el espacio urbano de Santander. Ha publicado dos libros anteriores con los alumnos de la escuela. 'La mar en tierra. Retrato de una comunidad de vecinos' cuenta cómo es la vida diaria del Barrio Pesquero. Es un ejercicio documental en el que trabajó cerca de dos años.

El segundo proyecto ha sido 'El aire retenido', con retratos de vecinos de Santander. Y el tercer proyecto, el más complejo y ambicioso, es 'Mapa', donde revisa la cartografía de Cantabria alejado de la estereotipada y aburrida imagen de Cantabria y buscando fotografiar una tierra ancestral, solo dibujada por la naturaleza.

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