Desgarro cautivador

GUILLERMO BALBONASantander

El cáustico, despiadado y tiránico productor que encarna en Cautivos del mal tarda en asomar en pantalla. El fuera de campo al que recurre el maestro Minnelli para crear una atmósfera de enigma y atracción en torno al personaje trasunto del productor David O. Selznick no impide que uno presienta a Kirk Douglas en la que pasa por ser una de sus mejores interpretaciones. Vigoroso, pasionalmente frío, imponente siempre, entre lo enérgico del físico y la intensidad de carácter, sus interpretaciones se antojan estancias familiares de lo dramático. Mañana cumple un siglo de vida en el que ha sido periodista sensacionalista, soldado, sheriff, pintor, marinero, boxeador...pero, sobre todo, el hijo del trapero como tituló su biografía fue y es Espartaco. Douglas sostiene la estela del polvo de estrellas no sólo del Hollywood más dorado, sino de esa constelación nostálgica que alimenta la mitología del mundo del cine. El protagonista de Los valientes andan solos es uno de esos actores hechos a sí mismos que en cada aparición dejó un fragmento sólido de una construcción mayor: la de retratar la condición humana con un desgarro cautivador. El suyo es una grieta tensa, a veces cínica y distante, otras demoledora en su dureza. Polivalente pero siempre él mismo, el actor centenario sellaba cicatrices, heridas y tatuajes sobre la piel de sus criaturas que hoy forman parte de nuestro catálogo de sueños. Sin estridencias, reptando por los perfiles de tiempos y épocas, su huella refleja esa sencilla profesionalidad de los actores poderosos. Una prueba de vida desde su hoyuelo hasta el magnetismo de una mirada reveladora.