Juan Taratuto: «Vivimos en la época de los 'me gusta'»

El director argentino Juan Taratuto./
El director argentino Juan Taratuto.

El director argentino reflexiona sobre el mundo real y el mundo de las apariencias en la comedia 'Me casé con un boludo'

ÁLVARO SOTOMadrid

 'Me casé con un boludo', que se estrena este viernes en España, es la sexta película más taquillera en la historia del cine argentino. «Hay gente con egos muy grandes, otros que van al psicoanalista... Este es nuestro día a día», bromea el director de la cinta, Juan Taratuto. Pero el cineasta explica que el éxito de su película se debe, sobre todo, a la identificación del público con unos personajes, dos actores (Valeria Bertuccelli y Adrián Suar) llenos de ego y de inseguridades que se mueven entre el amor y las apariencias.

     «Vivimos en la época de los 'me gusta'. En las redes sociales todos mostramos un mundo idealizado, pero aunque no sea real, quien no lo tiene sufre mucho. Por ejemplo, los adolescentes», explica Taratuto, que a través de la comedia ha querido reflexionar sobre un asunto «muy existencialista»: «quiénes somos de verdad, qué ocultamos y que personaje mostramos».

     Las relaciones y, especialmente, las de pareja son un tema constante en la filmografía de este director argentino (Buenos Aires, 1971), que se estrenó en 2004 con 'No sos vos, soy yo', la crónica cómico-dramática del duelo tras una ruptura que llevó a muchos a llamar a Taratuto el 'Woody Allen argentino'. Después llegaron '¿Quién dice que es fácil?', 'Un novio para mi mujer', 'La reconstrucción' y 'Papeles en el viento'.

     «La comedia de autor no es una pose en mí, sino mi forma de expresarme y un modo natural de transmitir los problemas», cuenta el director, un exponente más de la inagotable cantera del cine argentino. «La industria está bastante asentada. Todos los años se hacen varias buenas películas y además hay una clase media muy asentada. Sufrimos problemas, como los relativos a la distribución y la piratería», subraya Taratuto.

En cambio, cree que la deriva del cine norteamericano hacia las grandes producciones «que convierten las salas en parques de atracciones» está abriendo hueco a otro público que busca cintas diferentes.