Clases de superhéroe

'Shazam!' | Género: comedia; Director: David F. Sandberg; Salas: Cinesa Santander y Peñacastillo

Clases de superhéroe
GUILLERMO BALBONASantander

Todo discurre con ligereza. La suficiente como para no tomarse demasiado en serio. Y esa gracia ágil y grácil la convierte en materia prima de un subgénereo simpático. Como si después de la saturación y dominio apabullante de las adaptaciones del cómic y el desfile avasallador de figuras con ánimo de superhéroe, acudiéramos todos a clases de dominio de fuerzas, resistencia y velocidad. Entre la diversión y la sobriedad, entre el tono cómico y lo paródico, sin quedarse nunca quieta, la película de David F. Sandberg, cineasta de 'Annabelle: Creation' y 'Nunca apagues la luz', se adentra en el fantástico más con sentido de sobriedad y evitando todo lo que huela a pretenciosidad. A ello contribuye y mucho Zachary Levi, su protagonista, más cerca del bufón que de la sátira.

El retrato de 'Shazam', el personaje de DC Comics, conocido previamente como Capitán Marvel y antiguo gran rival de tebeos de Superman, apela al asombro, a la necesidad de dotar de unas gotas de magia el juego, la práctica de lo sorprendente y la broma seria o la seria manera de tomarnos el pulso desenfadado. Entre el protagonista, el villano y el adolescente se crea una suerte, no de ecuación novedosa, pero sí de complicidad fugaz y liviana. Ahora toca volar, y en otro momento controlar la fuerza.

O sea, como en la vida. Aquí se trata de pronunciar un conjuro y asumir la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, la valentía de Aquiles y la velocidad de Mercurio. Sin llegar a ese tono ya dominante y no tan transgresor en su mixtura de 'Guardianes de la galaxia', muy echada para adelante pero algo cansina, en este caso se pone el freno y la cosa queda más cerca de un 'Súper 8' y unos Goonies caseros. Una especie de 'Big' con capa de 'Superman' que tan pronto resulta una comedia fresca y alocada como se revuelve y mira hacia los lados oscuros.

Es una mitología pequeña con cuerpo grande y una comedia de héroes y dioses encerrada en una bebida gaseosa. Es un juego grave que requiere para arrancar de un latido de infancia, de un deslumbramiento lúdico y lúcido. Sarcasmo y ternura, representación y levedad. Humor directo, guiños familiares y ganas de entretener. Será franquicia. Sin empalago regresa a los 80, se envuelve en el traje de la aventura y '¡Shazam!': el espectáculo se ofrece a la mayor de las dimensiones posibles, la de la fascinación por reconvertir lo normal en otra cosa, en ese fragmento de juego e imaginación con coreografía y siluetas de otro mundo.

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