Ejercicio de languidez

'El día que vendrá' | Género: drama; Dirección: James Kent; Salas: Cinesa Santander y Peñacastillo

Ejercicio de languidez
GUILLERMO BALBONASantander

Es lánguida y muy 'Brexit', perdón muy british. Posee ese aroma marca de la casa, cuya estética y elegancia son inconfundibles, nunca cansan y constituye una reconocible y cómplice mirada narrativa. Antes, mucho antes de que algunos descubrieran las series y mini series y las situaran en el altar de un ecosistema ideal de relato y para el relato, ya había existido la maravillosa 'Retorno a Brideshead'. Algo de aquel sello riguroso, viajero entre la superficie y la hondura y habitado por historias aparentes y profundas, hay en esta adaptación de la novela de Rhidian Brook, 'El día que vendrá', que se mueve entre los rescoldos de la guerra, las heridas sin cicatrizar y las cenizas de los muertos.

En ese magma de rencores, recuerdos, dolor y temor, en el epicentro de una ciudad alemana, Hamburgo, nada más ser vencido el imperio nazi, una casa y sus estancias divididas para una convivencia pactada sirve de éxtasis y tormento para un trío de amor tan manoseado como eterno. Su pulcra ambientación, su cuidado trasfondo de lo militar y de la gestión de las relaciones entre vencedores y vencidos que, en otros casos, hubiera resultado superflua, es paradójicamente uno de los pilares de la cinta de James Kent.

El cineasta de 'Testamento de juventud', que se ha movido siempre en la realización de miniseries y documentales, desde 'American crime' a 'Margaret', no encuentra nunca el camino para reflejar el desgarro casi permanente que contiene cada uno de los personajes, anclados en pérdidas, derrotas y olvidos. Como melodrama su pátina es exquisita. No hay chirridos ni giros incongruentes, pero el suyo es una ilustración que apenas golpea en el centro de las emociones. Todo es impecable y todo gira en torno a la aristocracia intuitiva y el saber estar de Keira Knightley. Eso es bueno cuando la película pierde el norte y se aferra a un gesto, a una pose, a la extrañeza del rostro de la actriz.

Y es discutible cuando acapara sentido y sensibilidad y deja huérfano el grave trasfondo de la penumbra interior de la época que se retrata. No obstante, 'El día que vendrá' es más bien el perfil de un estado de sitio, el de esa frontera entre la barricada emocional y el bombardeo sentimental en el que las criaturas se mecen entre el deslumbramiento fugaz de la esperanza y el asidero rotundo y finalista del amor. Hay escombros físicos y morales, ruinas y vidas arruinadas, cadáveres que son estadísticas y muertos muy vivos. En esa línea difusa el filme mantiene su atractivo. Después Kent exprime el romance hasta vaciarlo. Vemos lo que está roto pero nunca llegamos a alcanzar el tacto del sufrimiento.

El filme va derramándose en la espera hasta conservar su encanto en el formol de su melancólica disposición a evitar las aguas frías y profundas del abismo.

Temas

Cine