«El color no tiene nombre»

La obra de Pedro Pertejo protagoniza la primavera del Centro de Arte Faro Cabo Mayor. /D. Pedriza
La obra de Pedro Pertejo protagoniza la primavera del Centro de Arte Faro Cabo Mayor. / D. Pedriza

El artista, afincado en Cantabria, revela su poderosa mirada en la actual muestra de la primavera expositiva del Centro de Arte Faro Cabo Mayor

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Veinte años de pintura y una contemplación, que es punto de fuga. De un faro a otro faro la trayectoria singular de Pedro Pertejo alumbra nuevas perspectivas desde el espacio expositivo del Centro de Arte de Cabo Mayor. Un diálogo de pintura y mar donde la memoria y la evocación recorren su muestra prevista hasta final de junio, en el espacio de la Autoridad Portuaria. Pertejo (Villaseca de Laciana, León, 1953), quien fue farero en Sopelana (Vizcaya) exhibe una selección significativa de creaciones que permite redescubrir a un artista de amplia experiencia, afincado en Liérganes, junto a la escritora y poeta Menchu Gutiérrez, desde hace casi una década. Galerías como Egam, Sala Rekalde, Museo de San Telmo, Elba Benítez y ferias como ARCO, o museos como el Reina Sofía y colecciones han dado cabida a una obra destinada a «establecer un diálogo entre la pintura y la fotografía, la resonancia de una realidad compartida desde el mar y su entorno».

-Utilizaré la pregunta del hermoso texto de Menchu Gutiérrez para reformular la cuestión clave: ¿cómo el mar se convierte en pintura? ...¿Y cómo la pintura se convierte en mar?

-Yo añadiría ¿dónde la pintura se convierte en mar? Menchu escribe también: 'entre el mar que late en el lienzo desnudo, como una posibilidad, y el mar real que viene a ocupar el espacio de esa latencia'. Aquí se produce el hallazgo poético, la imagen de una metáfora visual que convierte un hecho físico -la pintura, en un hecho mental, la experiencia-aunque ambos intercambien fronteras. Entre la materialidad de la pintura, el color y el gesto, y la emoción, el sentimiento y la memoria, emerge la imagen y ésta desencadena un proceso alquímico que transforma la percepción de quien la contempla. Es en ese momento cuando, como por acto de magia, la pintura se convierte en mar.

- ¿Por qué no ha expuesto con asiduidad en Cantabria?

-Una exposición tiene que tener sentido. Llegué a Cantabria hace nueve años, en un periodo de profunda reflexión. Exponer en el Centro de Arte del Faro de Cabo Mayor, en este momento, tiene para mí un gran significado. Por un lado, representa una llegada y un inicio; por otro, una recapitulación de mi vida como pintor.

- ¿Cómo define Pedro Pertejo a Pedro Pertejo?

-Hoy, como un señor con barba.

-La iluminación de la pintura, ese velo y atmósfera de Turner a Zóbel, ¿es el destino, el punto de mira de sus obras?

-El destino ya estaba ahí, en cada accidente, en cada lienzo. Las veladuras de color, el aire, la atmósfera... todo ha sido dado. El pintor se detiene atónito sin saber por qué y repara en 'esa' mancha: ¿cómo se ha producido ? Es como si, por azar, se desplegara un orden poético. Se podría decir: sí, es el destino. 'Lo doy por acabado'.

-Su vida de farero, qué huellas le dejaron en la pintura?

-Ha conformado mi pintura. La inquietante extrañeza de una cadencia luminosa, la sosegada contemplación del mar, los gestos repetidos para pensar en las olas, los silencios mantenidos para captar la luz...todo ha dejado huella.

-El diálogo pintura y fotografía, ¿es anti natura, perversión, mera simbiosis?

-Hay realidades invisibles en la fotografía que la pintura descubre e instantes congelados en la pintura que la fotografía desvela. Esta es la simbiosis, la aparición de una imagen mental que se crea a partir de ambas. Creo que ése es el sentido profundo de este diálogo.

-Cuando un pintor mira a su alrededor, ¿qué ve?

-Un lugar en el mundo.

-¿Entre la percepción y la realidad reside un estado intermedio que explora la pintura?

-La pintura se establece como puente entre percepción y realidad, con anclaje en las dos, actuando como un sistema homeostático que regula la disonancia entre ambas, la razón y la cordura, la emoción y el sentimiento, la tempestad y la calma.

-¿Convivir con una poeta y escritora obliga a asumir un juego de colisiones y complicidades entre lenguajes?

-¿Dónde empiezas tú? ¿Dónde acabo yo? Los gestos se intercambian, las posturas se interpenetran, las complicidades aumentan. El diálogo entre distintos lenguajes es muy enriquecedor y estimulante, las metáforas que se plantean son más variadas, ricas y complejas. Me siento muy afortunado.

-¿De la contemplación al cuadro que pasos debe dar la mirada?

-De la contemplación queda la impronta, el punto de fuga. La mirada recorre el cuadro y tiene que olvidar el recorrido para recobrar el paisaje, para perder su sentido. El color no tiene nombre.

-Para quienes desconocen su obra, ¿qué revelación ofrece su creación?

-Me interesa sobre todo la memoria de algo que se olvida. La niebla en el horizonte, la forma aún no definida, la pintura empastada, la delgada veladura, la línea compartida entre el mar y la montaña....

-¿Llega un momento en el que el pintor, pese a las concesiones, debe preservar su obra del mercado?

-No sé cómo se podría preservar cualquier cosa del mercado. He tenido algunas experiencias desafortunadas en ese sentido. Para mí, el auténtico valor de un cuadro reside en su proceso de creación, en la pintura, en la ejecución. Una vez pintado, pierde interés, íntimamente carece de valor.

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