El difícil reto de formar lectores

De izquierda a derecha, María Lobato Mateo, Diego Gutiérrez del Valle, Marta Higueras, Raquel Gutiérrez Sebastián y Ainara Bezanilla Orallo. :: ROBERTO RUIZ/
De izquierda a derecha, María Lobato Mateo, Diego Gutiérrez del Valle, Marta Higueras, Raquel Gutiérrez Sebastián y Ainara Bezanilla Orallo. :: ROBERTO RUIZ

Maestros y profesores debaten sobre cómo fomentar la lectura en niños y jóvenes: «No hay una fórmula infalible, hay recetas que funcionan»

Lola Gallardo
LOLA GALLARDOSantander

Es difícil ver a niños y jóvenes con libros en la mano. Maestros y profesores lamentan que se pierdan esta inagotable fuente de sabiduría y entretenimiento. Los niños están desmotivados, no encuentran lecturas que les entusiasmen y en ocasiones tampoco entienden bien lo que están leyendo. No hay fórmulas infalibles para fomentar la lectura en la infancia y juventud, pero hay recetas que funcionan. Así se puso de manifiesto en la mesa redonda que organizó la asociación Amigos del Libro Infantil y Juvenil, en colaboración con Equipo Peonza, en la que participaron profesores de Infantil, Primaria, Secundaria y la Universidad de Cantabria. En cada etapa un problema y para cada etapa una solución.

Marta Higueras, editora y presidenta de Amigos del Libro Infantil y Juvenil fue la encargada de moderar el debate no sin antes poner algunos datos sobre la mesa: hay 51,6 millones de ejemplares de libros de Literatura Infantil y Juvenil. Entre todos ellos, difícil encontrar el adecuado para cada niño. Y aunque la 'semilla' de la lectura se pone en casa, los profesores son los encargados «de regar el árbol» para fomentar este amor por los libros en los niños.

María Mateo es maestra en educación infantil. A sus aulas llegan con dos años y muchos experimentan con ella su primer acercamiento a los libros. Esta maestra considera que la literatura infantil es un estímulo esencial para el desarrollo del niño porque, entre otras cosas, mejora su capacidad de escucha y atención, desarrolla su creatividad y su imaginación, amplía sus razonamientos y conocimientos. Por eso, en su aula practica una actividad que denomina 'la sesión diaria del cuento'. Y, además, un día a la semana los más pequeños van a la biblioteca. Explica que «contar un cuento es un acto de comunicación, compartir una historia que se convierte en realidad» y afirma que si un día no leen el cuento en clase, «los niños se enfadan».

El segundo ciclo educativo es Primaria. Diego Gutiérrez es su profesor. Explica que «la primera biblioteca que conocí en mi vida fue mi madre. La familia es el lugar natural donde empezar a leer». Después llega al colegio y los profesores. Reconoce que «no hay fórmulas infalibles para fomentar la lectura, pero hay numerosas recetas. Ninguna garantiza que los niños serán lectores en el futuro, pero ayudan», aclara.

Ainara Bezanilla da clases en la siguiente etapa educativa, Secundaria. Antes de intervenir, reconoce que se siente una privilegiada porque en el Colegio Verdemar aplican el método Freinet, según el cual, aprenden a leer a través de la unión de la palabra y la imagen. Esta profesora, miembro del Equipo Peonza, insiste en que «el amor por la lectura comienza en las familias y los libros nos cuentan historias que nos enseñan a vivir». Lamenta que muchos niños, cuando llegan a esta etapa educativa, «maldicen el día que aprendieron a leer» y reconoce que el problema es que terminada la etapa de Primaria, no se fomenta la lectura en las aulas. Pone el dedo en la llaga al afirmar que los profesores deben respetar unos currículos impuestos y por eso defiende que «hay que desvincular los libros del ámbito curricular y el profesor debe acompañar al alumno para que elija el libro que más le gusta, uno que le haga amar la lectura, bien trate de vampiros, crepúsculos, amor o terror». Y termina diciendo que no hay que olvidar que «la literatura es necesaria porque crea ciudadanos críticos».

En el último escalón educativo está la Universidad de Cantabria. Raquel Gutiérrez también defiende que la semilla de la lectura deben plantarla las familias y luego la escuela. Para eso, añade que «el primer pilar de la educación literaria es que los profesores lean». Y termina aportando una nueva idea, «muchas veces es difícil dar con la lectura adecuada para cada niño porque «la lectura tiene que ser un goce y un placer».