Karmelo Iribarren: «La gente no es muy solidaria en esto de la poesía»

Karmelo Iribarren, ayer tarde, entre los estands de la feria de Torrelavega. /Luis Palomeque
Karmelo Iribarren, ayer tarde, entre los estands de la feria de Torrelavega. / Luis Palomeque

El poeta Karmelo Iribarren presentó en el arranque de la Feria del Libro de Torrelavega sus dos últimas publicaciones

Javier Menéndez Llamazares
JAVIER MENÉNDEZ LLAMAZARES

Aunque le ronda esa fama de duro, como recién salido de una novela negra, Karmelo Iribarren (San Sebastián, 1959) paladea con calma la vida, como si apurase cada trago con una aparente resignación que, sin embargo, esconde la mayor vitalidad. Refugiado en lo que llama una 'épica minúscula', ametralla la universalidad desde la trinchera de lo cotidiano.

Un poeta al que le gusta escribir sobre la lluvia, darle voz e incluso suponerle sentimientos. Una labor de francotirador que, no obstante, ha conseguido a fuerza de constancia alcanzar a sus lectores sin renunciar ni a un ápice de autenticidad e independencia.

Y así aparece por la Avenida de España en Torrelavega, casi de incógnito. Un paseante más, que en unos minutos será el protagonista de la Feria del libro. Le presenta Carlos Alcorta, compañero de generación y últimamente uno de los críticos más cotizados. Cuando los poetas hablan, los visitantes de la feria callan y se van acercando a la tribuna. Alcorta repasa su trayectoria, sus temas, su relación con crítica y público, el carácter antirretórico de su poesía. Del ninguneo de la crítica al reconocimiento pleno -léase: premio Euskadi y premio Los Libreros Recomiendan en 2018; léase también: quinta antología de su obra en 2019-. Iribarren calla, le deja hacer.

Se muestra parco en palabras, pero las que elige las utiliza con rotundidad: «Estar en un grupo arropa y te hace visible, pero si como en mi caso vas por libre, la gente no es muy solidaria en esto de la poesía», reflexiona sobre sus inicios.

Cuando hablan de la 'parapoesía' -los nuevos autores superventas que copan los escaparates con obras en verso-, esboza su propia teoría: «Si ha pasado es porque tenía que pasar. Ya empezó con los cantautores que vendían su libro en los conciertos. Luego, la facilidad de publicar un poema en internet y que alguien pueda leerlo y decirte que le gusta en tres minutos hizo el resto».

Sin embargo, no quiere hacer sangre: «este fenómeno tiene seis años, tampoco hay que achacarles todos los males de la poesía».

Claro que también se puede ir más allá, como cuando sospecha que se trata de géneros distintos: «En una librería de Albacete había dos secciones de poesía; la de esta gente, con varios chavales leyendo y hojeando libros; en la nuestra, digamos que la de la poesía 'seria', no había nadie. Pero el que vende veinte mil ejemplares no está quitando nada al que vende doscientos. Yo creo más bien que se trata de públicos diferentes; tal vez los que leen a estos nuevos poetas son los mismos que antes compraban discos y ahora ya no los compran». En cuanto a la calidad, no se erige en juez: «¿Que si es mala poesía? También hay mala poesía escrita por catedráticos».

Sin embargo, lo que más interesa a los lectores de Karmelo es Karmelo, quien se apresura a recalcar las distancias entre el yo poético y la biografía, recordando que también la poesía admite la ficción. Y entonces, sí, por fin, abre su último libro, 'Un lugar difícil' y empieza a desgranar esa poesía directa e infalible, como el golpe de un púgil experimentado.

Aunque los ruidos de la calle se empeñen en poner su propia banda sonora a los poemas: balones que botan, el recreo de un instituto y hasta un claxon que «me ha chafado el poema», se lamenta pacífico Iribarren, al que aguardan ya varios lectores con su 'Poesía completa', en espera de dedicatoria.

Tiene que dar cierto vértigo, ver esos veinticinco años reunidos por Visor, «que hace que estés en todos los sitios, pero te crea también muchas enemistades». Ayer en Torrelavega no era el caso.