El hombre que eligió vivir en una tierra abrasada

El cooperante Paco Moreno, fundador de la ONG Amigos de Silva, con un habitante de la región de Afar (Etiopía)./
El cooperante Paco Moreno, fundador de la ONG Amigos de Silva, con un habitante de la región de Afar (Etiopía).

Paco Moreno, abogado de éxito, lo dejó todo para afincarse en una región desierta de Etiopía, donde ayuda con su ONG

ANTONIO PANIAGUAMadrid

A Paco Moreno le iba todo sobre ruedas: era un abogado de derecho inmobiliario de éxito, daba clases en una universidad privada y ganaba un sueldo envidiable. Hasta que en 2003 viajó a Etiopía de cooperante y la sola vista del hospital de Addis Abeba trastocó todas sus prioridades. Ya lleva doce años en el país y trabaja en Afar, una región abrasada por el sol -en ella se llegan a registrar los 50 grados- donde sus pobladores, sobre todos las niñas, acarrean durante kilómetros bidones de agua porque la sequía es perenne. Moreno ha contado en su libro Mi lugar en el mundo (Plataforma Editorial) su experiencia en la zona, que algunos consideran el infierno en la tierra. Con estas memorias se ha adjudicado el premio Feel Good, organizado por la Obra Social La Caixa.

En Afar, la población es nómada y asienta sus cabañas en forma de iglú allí donde crece el pasto para el ganado. Durante su estancia en estos parajes donde el suelo es de lava, Moreno se ha dedicado a construir 14 pozos y algunos hospitales, cuya construcción supervisa para que estén hechos con materiales duraderos. Durante los seis meses de invierno aparece la malaria. En verano, como hace tanto calor, se libran de la acechanza del mosquito que transmite la enfermedad. Pero lo que de verdad mata en estos territorios volcánicos es el hambre. «Es terrible ver que el brazo de un niño apenas tiene un diámetro de 14 centímetros y el de una embarazada de 21», asegura. Las tierras son idóneas para el cultivo del maíz, pero los afar se dedican a plantar algodón. No es lo lógico ni aconsejable, pero la cosecha de algodón reporta unos beneficios al rico del pueblo de unos 150.000 euros, de modo que la población es víctima de la desnutrición. Algo paradójico en un país que crece un ritmo anual del 10% gracias a su condición de exportador de materias primas a China. Sin embargo, las ganancias van a parar a una élite corrupta. «Una lata de atún, por poner un ejemplo, cuesta cinco euros. Pero la inflación crece descontrolada y los salarios son los mismos desde hace más de diez años».

China, cuya presencia se ha hecho habitual en África, ha puesto también los ojos en Etiopía, donde se ha estrenado con grandes alharacas la primera línea de metro ligera, construida con asistencia y financiación procedente de Pekín. «Parece ser que hay oro y ahora han descubierto gas natural. Durante el dominio italiano, que duró pocos años, nunca se produjo una explotación sistemática de sus recursos naturales. Los chinos han donado el edificio de la Unión Africana y construyen carreteras muy baratas, todo a cambio de recursos naturales».

Paco Moreno ha fundado la ONG Amigos de Silva, que opera en un territorio tan inhóspito que hasta huyen de él las organizaciones filantrópicas. Porque es difícil aguantar un clima tan hostil, con un calor que deshidrata el organismo enseguida, de manera que la gente muere de diarrea por beber agua contaminada de los charcos. Hasta el mismo protagonista de estas memorias tuvo que trasegar agua del color del barro. «No tenía más remedio porque me quedé tirado en el desierto». Al menos con los pozos excavados algunas niñas han podido continuar en la escuela, porque es norma establecida que sean ellas las que porten los bidones y recorran hasta 15 kilómetros al día con una carga que duplica su propio peso. «La escuela es única salida para abandonar la pobreza», dice Moreno.

En un país donde la mortalidad infantil trepa al 35%, los afar se resisten a dar un nombre a sus hijos para no encariñarse con un niño que tiene altas probabilidad de morir. «Recuerdo el caso de dos gemelos que llegaron al centro. Uno estaba mejor que el otro de salud. Intentamos salvar a los dos, pero solo conseguimos que sobreviviera uno. La madre lo aceptó como si ya estuviera acostumbrada. Bueno, sí, se ha muerto, no pasa nada, nos dijo. Nos dejó con el corazón en un puño».

Etiopía, que en su día fue considerada el granero de África, llegó a exportar sus cosechas a España durante la Guerra Civil. Pese a su potencial agrario, el tractor no acaba de implantarse del todo y en la región de Afar se sigue arando con bueyes. «Ahora se avecina una hambruna por la llegada de un anticiclón. Lo cierto es que el hambre es lo único que hace saltar a la población etíope. Supuso la caída del emperador Haile Selassie en 1974 y se llevó por delante al régimen comunista de Mengistu».

¿Cómo se soporta la vida cincuenta grados? «Bebiendo mucho. Me puedo beber seis, siete litros de agua, tres cervezas, varias coca-colas y aun así no voy al baño. Es increíble, sobre todos los afar, que apenas toman agua. Quizá por eso pesan tan poco».