Entender Italia desde la historia

Fotograma del documental 'Imperio romano'. /RTVE
Fotograma del documental 'Imperio romano'. / RTVE

Tres nuevos libros arrojan luz sobre Roma, Venecia y Sicilia

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Las tierras que se extienden desde los Alpes, en el norte, hasta el puerto de Marsala, en el extremo más occidental de Sicilia, han visto a lo largo de los siglos emperadores, cónsules, papas, artistas, piratas y mafiosos. Todos grandiosos. Italia, tal como hoy aparece en los mapas, tiene apenas siglo y medio de historia, pero la civilización occidental le debe todo a este pedazo de tierra rodeado de mar y con forma de bota que nunca ha dejado de interesar al mundo. Tres libros de reciente publicación indagan en las raíces del país desde nuevas perspectivas.

El Imperio Romano es un género en sí mismo dentro del ensayo histórico. Sobre su final se ha escrito mucho, pero pocas veces desde la perspectiva en la que lo hace Kyle Harper en 'El fatal destino de Roma' (Crítica). Este profesor de la Universidad de Oklahoma apunta que la caída del imperio no sólo tuvo que ver con factores políticos, sino también con cambios en el clima y con enfermedades infeccionas. «La combinación de la peste y el cambio climático minó la fuerza del imperio. El incalculable terror dejó a los supervivientes con la inquietante sensación de que el tiempo estaba tocando a su fin», asevera.

«El fatal destino de Roma fue escenificado por emperadores y bárbaros, senadores y generales, esclavos y soldados», explica. Pero, y aquí viene lo novedoso, «también lo decidieron bacterias y virus, volcanes y ciclos solares. Hasta hace unos años», dice Harper, «no contábamos con las herramientas científicas que nos permiten atisbar, a menudo fugazmente, el gran espectáculo del cambio medioambiental en el que los romanos fueron actores involuntarios».

En concreto, Kyle Harper asegura que «en una conspiración involuntaria con la naturaleza, los romanos crearon una ecología de enfermedades que desencadenó el poder latente de la evolución de los patógenos. Pronto se vieron engullidos por la fuerza abrumadora de lo que hoy denominaríamos enfermedades infecciosas emergentes». «Una consecuencia involuntaria y paradójica del ambicioso desarrollo social del Imperio romano fue el letal entorno microbiano que engrendró», continúa el profesor de la Universidad de Oklahoma, autor de un libro sobre la esclavitud en el imperio y otro sobre el cristianismo y la transformación de la moral sexual en la Edad Antigua.

En un latente paralelismo con el mundo contemporáneo, Harper argumenta que «la influencia del clima en la historia romana fue por momentos sutil y abrumadora, constructiva y destructiva. Pero el cambio climático fue siempre un factor exógeno (...) Desde fuera, remodeló los cimientos demográficos y agrícolas de la vida, de los cuales dependían las estructuras más elaboradas de la sociedad y el Estado».

Otro imperio es el protagonista del nuevo libro del historiador británico Roger Crowley (Cambridge, 1951). En 'Venecia, ciudad de fortuna' (Ático de los Libros), el escritor narra el imparable ascenso de esta ciudad del norte de Italia, que en su dialecto era conocida como 'el Stato da Mar' y que entre los siglos X y XVI pasó de ser un pueblo de modestos comerciantes a un imperio naval a la altura de los más grandes de la época. «Durante más de quinientos años fueron los señores del Mediterráneo oriental», apunta Crowley, gracias al comercio, ejemplificado en el veneciano más universal, Marco Polo. «Venecia era el único lugar del mundo organizado para comprar y vender. Los venecianos eran mercaderes hasta la médula (...) El comercio era su mito fundacional y su justificación», concluye Crowley, autor también de 'Imperios del mar', 'Constantinopla 1453' y 'El mar sin fin'.

La Sicilia de Norwich

En el extremo opuesto de Venecia está Sicilia, y a la isla le dedicó el prestigioso y carismático historiador John Julius Norwich, fallecido en junio de 2018, uno de sus últimos libros, que acaba de publicar en España también Ático de los Libros. 'Sicilia', que así se titula, es un recorrido desde la dominación griega a la de la Cosa Nostra, «cuyos orígenes son inciertos, pero que pudo surgir en el siglo XVIII para proteger la propiedad de los terratenientes de los bandidos».

Norwich, que conoció la isla en 1961, cuando trabajaba para el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, lamenta que «la historia de Sicilia sea una historia triste porque Sicilia es una isla triste». «Los visitantes que vienen durante una semana o quince días», prosigue, «no se percatarán de ello. Verán que el sol brilla, el mar hará gala de un increíble color azul y los monumentos les provocarán asombro y admiración. Pero la tristeza está ahí y todos los sicilianos lo saben», sostiene Norwich, que ha dejado para la posteridad ensayos sobre Venecia, Bizancio, los papas y el Mediterráneo.

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