«La guerra civil se ha convertido en la forma de violencia más destructiva»

David Armitage, en una imagen de archivo./
David Armitage, en una imagen de archivo.

El profesor de Harvard analiza en su nuevo libro las características de los conflictos intraestatales a lo largo de la historia

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

 «¿Guerra civil? ¿Qué significa esto? ¿Hay guerra extranjera? ¿No es entre hombres toda guerra, es decir, entre hermanos?», se lamentaba Víctor Hugo en 'Los miserables'. Y sin embargo, el conflicto intestino de un país, el más destructivo y agresivo de todos, ha marcado a lo largo de la historia a los pueblos y a las civilizaciones.

El historiador y profesor de Harvard David Armitage analiza en 'Las guerras civiles. Una historia de ideas' (Alianza Editorial) los rasgos distintivos de este tipo de enfrentamientos, que han marcado para siempre a las sociedades que los han padecido, desde los romanos, que cuentan con el dudoso honor de haber inventado las guerras civiles hace 2.000 años, hasta Siria, un país que se desangra desde 2011 en una disputa fratricida.

Analizando decenas de conflictos, Armitage concluye que las gueras civiles «tienden a ser cuatro veces más largas que las guerras entre Estados» y recuerda que «la tendencia a repetirse es mucho más pronunciada en este tipo de conflictos que en cualquier otro, puesto que el legado de una guerra civil es más guerra civil».

Según el autor, los conflictos internos comparten otras características: tienen lugar de manera desproporcionada en los países más pobres, sobre todo de África y Asia, y son más destructivos que los que se libran contra enemigos extranjeros, aunque en la mayoría de las ocasiones, acaban ampliando su condición de «civiles» para «atraer fuerzas de los países vecinos o la intervención de poderes externos»

Armitage, que ha escrito, entre otras obras, 'Manifiesto por la Historia' y que es miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia española, recuerda que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el mundo vive un periodo que muchos han llamado la 'Larga Paz', el más duradero de la historia moderna, en el que se han reducido los conflictos interestatales. Sin embargo, avisa de que una sombra acecha a esta 'Larga Paz'. «La guerra civil se ha convertido en la forma de violencia humana organizada más extendida, destructiva y característica», asegura, y argumenta que desde 1989, el año de la caída del Muro de Berlín, «ha habido en cualquier momento un promedio de veinte guerras intraestatales simultáneas, unas diez veces más que el promedio anual mundial enre 1816 y 1989». «Los presentes desafíos a la seguridad y la estabilidad nos mueven a pensar que nuestro mundo no es un mundo en paz. Efectivamente, es un mundo en guerra civil».

Sin llegar a calificarlo como la parte buena de las guerras civiles, Armitage subraya que estos conflictos han servido, de alguna forma, para cambiar, e incluso mejorar, conceptos como la democracia, la política, la autoridad, la revolución, el derecho internacional o la globalización. No cree el historiador que las guerras civiles sean inherentes al ser humano, sino que, al contrario, se trata de construcciones contingentes, no permanentes y durables, que igual «que se han inventado, se pueden desmontar».

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