«En la RAE no habrá paridad hasta dentro de 50 años»

Carme Riera, escritora, académica, catedrática de Literatura Española en la UAB y autora de 'Vengaré tu muerte'./EFE
Carme Riera, escritora, académica, catedrática de Literatura Española en la UAB y autora de 'Vengaré tu muerte'. / EFE

La escritora y académica se 'traiciona' para regresar al género policíaco con una intriga sobre corrupción y pederastia | «El asunto del 'procés' aburre, sigue muy negro y no daría para una buena novela», asegura.

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

La escritora y académica Carme Riera, (Palma de Mallorca, 1948), regresa al género policíaco con 'Vengaré tu muerte' (Alfaguara). Se 'traiciona' con gusto a sí misma, ya que, tras publicar en 2011 'Naturaleza casi muerta', se prometió no revisitar este género «del que hay sobreabundacia en todo el mundo, como en España». Pero ha optado por «rebajar la negrura» para armar un relato «distinto, distendido y divertido» que aborda una terrible historia sobre la culpa, la corrupción, la pederastia y la venganza en la Barcelona de la crisis y el postpelotazo del tres por ciento.

Harta del desafío independentista, cree Riera que «el asunto del 'procés' sí que sigue estando muy negro». «Es horroroso, reiterativo, angustioso y aburrido, además de haber fracturado a Cataluña, pero no daría para una buena novela», sostiene la escritora mallorquina. Con sillón en la RAE desde 2012, es una de las ocho mujeres entre los casi 40 varones con silla en la docta casa, pero cree que «la Academia aún necesitará medio siglo para alcanzar la paridad».

«Más que negra, esta novela tendería al gris oscuro, porque hay bastante blanco y mucho humor más o menos cáustico», explica la ganadora Premio Nacional de las Letras en 2015. Ha traicionado también su estilo y en vez de recurrir a las frases largas y subordinadas, apuesta por un estilo mucho más directo y ágil. En contra de otra convención del género negro, ambientar el relato en los bajos fondos, la historia transcurre en el barcelonés vecindario de Sarrià, «un barrio alto de pueblo, aunque no tan noble como Pedralbes» en el que viven la autora y la protagonista, «con la que no tengo nada que ver», advierte.

Es Elena Martínez Castiñeira, exdetective privada de 35 años, separada de origen gallego, no muy culta, y que vive «carcomida por el sentido de culpa y el afán de venganza». Su historia de remordimiento sirve a Riera «para hacer crítica social». «Es un deber para quienes escribimos, como lo es mostrar las carencias de la sociedad», dice. Su investigadora soporta mal el peso de la culpa por un caso que investigó hace años y «en el que cometió errores que permitieron condenara a dos personas inocentes».

La trama transcurre en una Cataluña «corroída por la corrupción, sumida en una fiesta de dinero fácil y evasión fiscal». Pero también son temas primordiales la violencia de género y la pederastia, «un asunto espantoso, negrísimo, de plena actualidad por desgracia, pero que apenas se trata los libros de ficción». «Una lacra que pervive en los bajos fondos de las redes sociales y a través de la pornografía más degradante que atrae a depravados y enfermos», denuncia Riera.

Humor salvador

Con todo, su novela tiene «un tono distendido». Martínez recibió en 2010 el encargo de investigar la muerte de Robert Solivellas, empresario de la alta burguesía catalana y cuyo rastro le lleva a una singular colección de 'caganers', escatológica figurita de los belenes catalanes, y a una curiosa necrológica en clave. «El humor nos salva de casi todo y nos permite abordar los asuntos más graves y trágicos de forma digerible», justifica Riera su recurso a la risa en una novela con escenas bastante duras «como han sido duros estos últimos años». «No volveré a escribir en serio; el humor es liberador, aporta ironía y te da distancia, y eso, que se descubre con la edad, es muy relevante», explica risueña.

Ocupa Riera el sillón n en la RAE, institución que en sus tres siglos de historia sólo ha acogido a once damas y que negó al paso a Emilia Pardo Bazán, María Moliner, Rosa Chacel o Carmen Martín Gaite. ¿Necesitará otros tres siglos para ser igualitaria? «No creo, pero aún tardará cincuenta años en alcanzar la paridad», es el cálculo nada optimista de una académica que no cree «en la paridad impuesta». «La RAE es un espejo de la sociedad española, y lo que pasa en su seno es lo mismo que ocurre en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35 y en la universidad, donde las mujeres somos apenas el 20%» dice esta catedrática de Literatura Española en la UAB. Cree que la RAE «está trabajando bien y con cuidado de no meter la pata» para mitigar o suprimir los modismos machistas del idioma «como que algo pesado es un coñazo y algo bueno es cojonudo, de los que se ha tomado conciencia hace nada», dice.

De las de las 46 sillas de la RAE, sólo ocho están hoy ocupadas por mujeres. La primera académica, Carmen Conde, ingresó en 1979, 266 años después de la apertura de la RAE. Llegaron luego Elena Quiroga y Ana María Matute. Hoy una de cada tres nuevas incorporaciones es una mujer. Paz Battaner (silla s, 2015) fue la última, tras Clara Janés (U, 2015), Aurora Egido (B, 2013), Carme Riera (n, 2012), Inés Fernández Ordóñez (P, 2011), Soledad Puértolas (g, 2010), Margarita Salas (i, 2003) y Carmen Iglesias (E, 2002).

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