«Mis mujeres tienen personalidad y carácter»

«Mis mujeres tienen personalidad y carácter»
L. Palomeque

Elsa Fernández Ruiz de Villa, pintora autodidacta, expone en la sala de El Diario Montañés hasta el próximo 8 de marzo

Pilar González Ruiz
PILAR GONZÁLEZ RUIZSantander

Todo lo que me propongo, lo intento», dice Elsa Fernández Ruiz de Villa. «¡Y lo consigue!», añade su hija, también Elsa. Así, un día decidió coger un pincel y plasmar lo que le venía a la cabeza. Han tenido que pasar unos 30 años, en un cálculo aproximado, pues no recuerda el momento exacto en que se produjo ese primer contacto con la pintura, para recopilar todas sus obras. Todas sus mujeres. Algo en lo que cayó al verlas reunidas en la exposición que acoge la sala de El Diario Montañés de Torrelavega, hasta el próximo 8 de marzo, precisamente, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y de eso, esta artista autodidacta, sabe mucho. «Mujeres con personalidad -explica-. No las veo lánguidas, sino con carácter». Quizá un buen reflejo de la propia autora.

Enfermera de profesión, dio sus primeros pasos en una aventura que la llevó a Ontaneda, a un garaje compartido con su prima Yolanda, maestra, donde ambas comenzaban sus carreras y un camino que llega hasta hoy.

«Recuerdo que el primer día me explicaban que había lugares a los que teníamos que llegar a caballo para atender a los pacientes», rememora, sorprendida ella misma por aquella valentía de entonces, persiguiendo lo que querían ser.

Después llegó Valdecilla, allá por el año 79, ya casada con su mitad, Enrique. Toda una vida entre quirófanos y mascarillas. Con pulso firme y respaldo animoso para los pacientes.

Su obra forma parte de la exposición 'sorpresa' organizada por familiares y amigos

Desde hace un par de años, cambió de escenario y se trasladó al SUAP, más cerca de casa y de la labor que ocupa el resto de su tiempo. Un coqueto local en la calle Santander, donde el arte toma forma de tejido, de combinación de colores y prendas especiales elegidas con mimo, pero sin remilgos, por el ojo sabio de quien lleva a elegancia en el ADN. Boutique Lucía. El nombre de su madre y de su segunda hija. Así se llama ese espacio para reinventarse a través de la moda. Más tarde nacería Agua, para completar el conjunto. Un negocio familiar. Una labor incansable. Como ella misma.

Mientras mantiene la charla para esta entrevista, en una terraza soleada, Elsa responde al teléfono de uno de los proveedores de la tienda, al que verá en la media hora que le queda libre antes de comenzar una guardia de 24 horas y regresar a la tienda tras el café de mañana, para volver a manejarse resuelta entre perchas y probadores junto a su hermana Pilar. «¡Y quiere que todos vayamos a ese ritmo!», ríe su hija pequeña.

«Yo era de ciencias y de dibujo lineal», matiza. De hecho, en su casa, el único que ha dibujado de forma constante «para sí mismo», ha sido Javier, su hijo mayor. Sin embargo, en sus cuadros, que pinta en el salón de casa, hay trazos directos, sinuosos y colores vivos. Van surgiendo, de pronto. Unos tres o cuatro cada año, coincidiendo con el cambio de temporada. «El próximo tengo que terminarlo para primeros de marzo», explica, calculando el tiempo que le queda tras viajar a Barcelona para elegir las próximas colecciones.

Con el cambio de temporada, sus creaciones viajan, siempre regaladas a otras paredes e incluso otros países

Cuando llega el cambio de escaparate, el lugar natural de sus creaciones, que abrazan el estilo tras el cristal, mirando a la calle, sus mujeres coloridas viajan. Han llenado paredes cercanas y lejanas. Ocho de ellas brillan en un hotel. Otra ve Logroño desde la ventana. Alguna ha cruzado fronteras y ha llegado a Inglaterra. Todas regaladas; la generosidad es otro de sus rasgos.

Entre su colección, se han colado, eso sí, dos caras que tienen nombre; Pablo y Noa, los nietos mayores, a los que sin tardar, se unirá Álex en versión lienzo.

Cuando se encontró, de un día para otro con una exposición que no esperaba -fue una sorpresa de su familia y amigos de la que tuvo noticias la tarde anterior- primero se puso nerviosa y una vez allí, se sorprendió. «¿De dónde había salido tanta gente?». Y tantos cuadros, más de una veintena, recopilados en secreto para ser colgados juntos.

Llamadas, mensajes y comentarios a media voz dieron forma a la reunión. Familia, amigos e instituciones locales estaban allí, compartiendo la emoción de una artista novel que lleva más de tres décadas dando forma a sus inquietudes, «llenando ese espacio» a golpe de pincel. ¿Y ahora, después de la primera vez, se plantea volver a exponer? «No es descartable», dice mientras sonríe.