Teresa Alonso: «En el mundo te puedes encontrar tantos monólogos como vaginas»

Teresa Alonso /Héctor Ruiz
Teresa Alonso / Héctor Ruiz

La actriz Teresa Alonso debutará sobre el escenario este sánado con un proyecto femenino y feminista, junto a otras 25 mujeres, en 'Los monólogos de la vagina', escritos por Eve Ensler en 1994

Héctor Ruiz
HÉCTOR RUIZSolares

Teresa Alonso (Santander, 1968) es madre, vecina de Entrambasaguas, administrativa en una distribuidora de carburantes y, desde este sábado 23 de febrero cuando se suba al escenario del Centro Cultural Ramón Pelayo de Solares, también será actriz. Lo hará inmersa en un proyecto femenino y feminista, junto a otras 25 mujeres, en 'Los monólogos de la vagina', escritos por Eve Ensler en 1994. Dicha obra ha despertado un movimiento en el mundo conocido como 'V-Day' por el que lo obtenido con la venta de entradas de la representación se destina a entidades que luchan por mejorar la situación de las mujeres. El 22 la cita es en Laredo y el 7 de marzo en Casyc

-¿Cómo conoció el proyecto?

-Por una amiga de Santander de las anteriores años que se llevó cabo en Cantabria y porque además yo iba a ver estos monólogos. La verdad es que recibirlo como público era muy interesante, entre otras cuestiones porque nadie suele decir clítoris en voz alta.

–¿Es una palabra que sigue chocando cuando se pronuncia?

–Sí, chirría. Ocurre lo mismo con vagina. Coloquialmente no se escucha 'me suda la vagina' o 'me suda el clítoris'. No obstante, se está empezando a poner de moda expresiones como 'con un par de ovarios'.

–¿Es su primera experiencia como actriz?

–He hecho algo pero de producción o vestuario en compañías amateur. Sin embargo, nunca en la vida me había puesto delante con un texto aprendido.

–¿Hay nervios?

–Sí, porque en la obra tienes que poner mucho de ti. Yo no sé cómo será para las demás; pero para mí, por mi forma de ser, mi vida, mi edad y mi contexto es un reto muy grande. Llevamos desde octubre trabajando y haciendo piña. Muchas somos nuevas porque la esencia de este proyecto es que ruede.

–Para realizar la representación se hace hincapié en que no participen actrices profesionales, ¿cuál es el fondo de esa petición?

–Las actrices profesionales si no cobran es muy complicado que se involucren y la autora quería llegar a muchas más mujeres.

–¿Qué encuentra el público?

–Los monólogos de la vagina no es un Club de la Comedia, no es de risa. Si vienes soltarás alguna carcajada, pero también hay temas muy duros como las violaciones de las mujeres en las guerras o el abuso infantil. Así que tienes que venir con los oídos muy abiertos.

–¿Le ha cambiado la perspectiva después de esto?

–Me han cambiado cosas. Yo creo que como libro de monólogos de la vagina podría haber millones, tantos como vaginas hay en el mundo. Porque todas tenemos una historia que deberíamos contar tomando un café o una cerveza.

–¿Y ese tipo de discursos los había tenido antes con compañeras o amigas?

–Con amigas sí. Me he sentido identificada con muchas cosas, con muchos monólogos. Lo bueno que tenemos hoy en día es que se da más pie a que se hablen estas cosas y que te comprenden, porque antes no teníamos voz en ese sentido.

–¿Otros años ha habido mucho público masculino?

–No es una función para mujeres aunque la gente lo piense. Tienen que venir también los hombres y tienen que estar con nosotras. A mí una de las cosas que me encantan de esta obra es que, independientemente de que unos monólogos te gusten más o menos, lo que sí te aseguro es que luego tú sales de aquí, te vas por la zona a tomar una caña y todos los que hayan venido están hablando del tema. Se ha conseguido que por lo menos estén hablando del feminismo y recapacitando.

–Otra de las cosas que me han sorprendido de las normas de la autora es que sólo permite tres funciones como máximo al año por agrupación, ¿con qué objetivo?

–El otro día, a una vecina colombiana le pregunté si iba a venir a los monólogos y me dijo que le había dicho su hermana que estaban también esa semana en Colombia. Se hace por las mismas fechas porque así se focaliza. Creo que se hace en 700 ciudades por el mundo y es por la misma razón por la que vamos todas de negro y rojo en la función. Hace ilusión que todas en un mismo momento estemos haciendo lo mismo en este movimiento que llega hasta el 8 de marzo, el Día de la Mujer.

–Nació en Santander, pero vive en Entrambasaguas, ¿nota diferencias entre la mujer de la zona urbana y la zona rural?

–Todas las que quieras. Las casas no están agrupadas como en la ciudad. Yo tengo varias hectáreas de terreno que me separa de mi vecina, así que estamos más disgregadas pero nos ayudamos mucho más. Hay un movimiento femenino bastante importante en los pueblos porque durante mucho tiempo las mujeres han estado abandonadas en sus casas con la vaca, los niños y la leche mientras el marido se iba al bar.