Vanguardia con raíces

Grace Jones, conocida como Lafawndah./
Grace Jones, conocida como Lafawndah.

Tras Lafawndah se esconde la productora de origen iraní y egipcio Yasmine Dubois, que con su electrónica global de vocación futurista se ubica como discípula aventajada de Grace Jones

DAVID LÓPEZ

El primer artículo que este periodista publicó en Musi-K concluía con una coda en la que se insinuaba que la probabilidad de que Daft Punk se embarcasen en una gira mundial era tan exigua como la posibilidad de que el segundo disco de The Avalanches viese la luz algún día. Una capacidad predictiva que quedó en entredicho cuando la madrugada del martes Gabi Ruiz, codirector del Primavera Sound, anunció a través de Periscope que los australianos regresaban a los escenarios para ofrecer un doble concierto en el festival de Barcelona. El acontecimiento de la temporada (con permiso de Brian Eno, que inaugurará con una conferencia la próxima edición de Sónar+D) sugiere, efectivamente, que la continuación de 'Since I left you' (una obra maestra que elevó la sampledelia a la categoría de arte posmoderno) se halla a la vuelta de la esquina, 16 años después. Pues a pesar de esa dudosa habilidad precogniscente, hoy vuelvo a proponerles un viaje al futuro. Un viaje para el que será necesario remontarse a... 1980.

A principios de esa década cuyos fantasmas reaparecen cada cierto tiempo, la música disco iniciaba una lenta agonía. Aún tendría que nacer el house para que los discípulos de Donna Summer se tomasen la revancha (la venganza de la que hablaba Frankie Knuckles), pero Grace Jones, siempre intempestiva, intuyó que su carrera requería de un giro radical. Por ello, hizo las maletas y se marchó a Nassau, en las Bahamas, para grabar en los legendarios estudios Compass Point. Esas sesiones propiciaron el lanzamiento de 'Warm leatherette' y, sobre todo, de 'Nightclubbing', un hito de la new wave en el que el dub y el reggae se adjudicaban un peso específico. Buscando sus raíces, la modelo y cantante oteó el mañana, aquello que se escondía tras el firmamento. Han transcurrido casi tres décadas hasta que Yasmine Dubois decidió emprender una aventura de similar naturaleza. Bajo su proyecto Lafawndah, la productora de origen iraní y egipcio aborda la electrónica global con vocación futurista escudriñando el pasado, retornando al punto de partida. Una odisea identitaria en la que pretende, como asegura en una entrevista en 'The Guardian', conocerse a sí misma. No es casual, por tanto, que se refiera a su trabajo como «island life music», un lúcido guiño a su admirada Jones y la discográfica que la aupó.

A veces es necesario ir al otro lado del mundo para cerrar el círculo, como subrayaba el tagline de aquel primer trailer de 'Lost in translation', así que Dubois tomó un vuelo hasta la isla caribeña de Guadalupe para dar forma a su debut homónimo. Allí trabajó con el portugués Garagem Banda y con Jean-Claude Bichara, mito viviente del zouk, un sonido, todavía influyente para compositores experimentales, cuyo origen alcanza las festividades del carnaval tradicional de las Antillas francesas. La joven, que había estudiado en la Sorbona y que se había labrado un nombre como comisaria de arte en Nueva York, logró aglutinar en aquellas tomas todo lo que había aprendido en su travesía planetaria, todo lo que había amado en los distintos países en los que había residido: el dancehall jamaicano, la rítmica del Medio Oriente o el tropicalismo, influencias que pasaba por la batidora de Night Slugs, el sello londinense de Alex Sushon y James Connolly que aún representa el mejor compendio de la reciente electrónica británica, del grime al dubstep. También persiste una violencia, entre tribal e industrial, con la que parece rememorar su adolescencia en México, aquella época en la que aporreaba la batería como integrante de la banda de post-punk Nidada.

Ahora estrena en Warp un EP que compagina sensualidad y asimetría. En 'Tan' exhibe «una forma muy bizarra de entender la canción pop», como señalan en Resident Advisor. Cuatro temas que citan las melodías vocales de Björk o la teatralidad de Tom Waits, que se recrean yuxtaponiendo percusiones, drones y beats deformes. Un álbum que, además, manifiesta cierta aspiración política, aludiendo al mensaje de Nina Simone, otra de sus debilidades, o al discurso sobre la desobediencia civil y la cultura libre de activistas como Lawrence Lessig.

Eludiendo cualquier inclinación hacia el exotismo, su música pondera el conflicto, la herencia recibida y las experiencias traumáticas que marcan nuestra existencia, ofreciendo una perspectiva ballardiana de la realidad colindante que no escatima en fantasía, que no se achanta pergeñando referencias explícitas a la sexualidad más turbia y el lenguaje del cuerpo. Suficiente para encuadrarla entre las nuevas figuras del R&B alternativo, como FKA twigs, Kelela y Nao, o asociarla al pop avanzado que practica Holly Herndon. Dubois recalca su interés por las consecuencias que para nuestro modelo social tienen las «revoluciones fallidas» del presente siglo, consciente de que el cambio deja, de un modo u otro, una huella indeleble. Justo como su breve pero vertiginosa trayectoria, que ha convertido en un auténtico 'must' su directo en el Sónar 2016.

 

Fotos

Vídeos