Algo más que Radiohead

Radiohead./
Radiohead.

El Primavera Sound celebra su decimosexta edición del 1 al 4 de junio componiendo uno de los mejores carteles de su historia

DAVID LÓPEZ

Si 'The neon demon', de Nicolas Winding Refn, y 'Personal shopper', de Olivier Assayas, son las películas que con mayor clarividencia definirán en el futuro la belleza epidérmica y el ethos de nuestra época, siempre tomando como referencia algunas de las reseñas que estos días abundan en la red tras la resaca de Cannes, el intrincado lenguaje musical concebido por Holly Herndon, fruto de años de investigación en el campo del collage y la electroacústica, debería entenderse como el síntoma de una sociedad hiperconectada, el idioma de una distopía tecnológica y digital en la que conceptos como seguridad o privacidad se han vaciado de contenido. Acorde a estas pretensiones, sus directos han inaugurado una nueva era, la del concierto 2.0, un espectáculo interactivo donde el espectador cumple una función activa. Sugerente, ¿verdad? Pues la de Tennessee es solo una de los más de 200 artistas que participarán en la decimosexta edición del Primavera Sound, que comienza el próximo miércoles con la ya habitual jornada de puertas abiertas en el Parc del Fórum de Barcelona, una fiesta de bienvenida por la que desfilarán Goat, El Último Vecino, Doble Pletina o los redivivos Suede, que prometen noventa minutos de himnos y euforia colectiva como ofrenda al eterno adolescente. Apenas un tentempié, una primera toma de contacto con el que posiblemente sea uno de los programas más atractivos de la ya dilatada trayectoria del festival catalán. Sweet sixteen!

En cierto modo, el Primavera Sound se asemeja a una religión. Sus profetas, sin ir más lejos, obran milagros, como brindarnos la posibilidad de ser testigos del bautizo de fuego sobre el escenario de John Carpenter, el cineasta que mejor ha interpretado las fuentes psicológicas y culturales de los mitos del terror moderno, también un músico dotado que se apropió de las sonoridades del sintetizador para sublimar la estética del horror. Y no es el único acto digno de atribuir a una intervención divina, pues nos aguarda el regreso de los australianos The Avalanches, que podrían desvelar algunas pistas de la continuación de 'Since I left you', el álbum que los catapultó como auténticos magos de la sampledelia. En realidad, todo es una cuestión de educación sentimental. O histórica, como sugieren algunas citas con el pasado que se antojan irrepetibles, inexcusables: Brian Wilson dándose un baño de masas para celebrar el cincuenta aniversario de la publicación de 'Pet Sounds', obra capital del siglo XX que convirtió al cerebro de los Beach Boys en un vanguardista 'avant la lettre' (sus devotos Animal Collective también recalarán en la ciudad condal); el retorno de Drive Like Jehu, el grupo que a mediados de los noventa consumó la eclosión del emocore desde las coordenadas del sonido Washington, antes incluso de que la etiqueta adquiriese forma en las páginas de las revistas especializadas; o The Chills, el tesoro más preciado del pop neozalandés, malditos por propia voluntad que hoy reivindican prebostes de la psicodelia como MGMT. Y puestos a hablar de bandas de culto, Boredoms, toda una institución del ruidismo japonés con tres décadas de carrera a su espalda, o Lush, buque insignia del sello 4AD que, después de las reuniones de My Bloody Valentine, Ride y Slowdive, rompen veinte años de silencio para rememorar una época gloriosa de la escena británica.

Como cabezas de cartel, artillería pesada: PJ Harvey presentando su reciente 'The hope six demolition project', arropada en escena por Mick Harvey y John Parish; la sorprendente resurrección de LCD Soundystem; Beach House y la perfección de unas composiciones que encuentran acomodo en un universo onírico ajeno a los designios del tiempo; el post-rock majestuoso y etéreo de Sigur Rós; la exhibición lírica y vocal de Vince Staples capitaneando la cada vez más generosa cuota de hip hop; y por supuesto, como estrellas absolutas, unos Radiohead que no nos visitaban desde 2012, estrenando en directo los temas de 'A moon shaped pool', su LP más satisfactorio desde 'Amnesiac', al menos si nos atenemos al criterio de un servidor. Hay mucho donde elegir: el R&B avanzado de Empress Of y Nao; el brumoso pop de cámara de Julia Holter; el noise-rap de ascendencia metálica e industrial a lo Death Grips de Ho99o9; el indie-folk a corazón abierto de Julien Baker; el jazz cósmico de Kamasi Washington; el pop retorcido con vocación experimental de Jenny Hval y US Girls; el krautrock de Cavern of Anti-Matter para saciar la añoranza de Stereolab... la lista sería interminable. Y, cómo no, una panorámica de la cosecha nacional con invitados como Univers, Die Katapult, Fasenuova, Saurs, C. Tangana, Aliment o esos PXXR GVNG cuyo trap en español, tan deslenguado y callejero como un largometraje de Eloy de la Iglesia, ha dejado atrás las fronteras del Raval para comerse el mundo.

Entre las novedades del recinto, el escenario Beach Club, un espacio, con capacidad para 5.000 personas y más de 7.000 metros cuadrados de superficie (equipado, además, con el increíble sistema de altavoces que proporciona la marca Bowers & Wilkins), que acogerá 18 horas diarias de música electrónica y que contará con acceso directo a la playa, lo único que le faltaba al festival para afinar su oferta de ocio. Éxito asegurado entre el público foráneo. Por allí pasarán Sophie, guía espiritual del movimiento PC Music y su pop hipervitaminado y retrofuturista, o Helena Hauff, exhibiendo músculo con otra de esas lecciones de acid techno, darkwave y electro con un toque de distinción alemán que encauzan sus rotundos DJ sets.

Hasta aquí el consabido y dogmático repaso a algunos de los platos fuertes de una parrilla en verdad inabarcable, suficiente argumento para justificar el 'sold out' (de abonos y entradas de día) y el apoyo incondicional de la prensa musical y de cabeceras internacionales de la talla de 'The Guardian' o 'The New York Times', todos ellos medios encandilados con una filosofía que aúna el evento masivo y lo que los anglosajones denominan 'festival boutique'. Por lo pronto, toca cuadrar horarios (una tarea harto imposible) y disfrutar, que ya habrá ocasión para rendir cuentas de nuestras elecciones, acertadas o no, cuando Coco eche la persiana tras la sesión que pone punto y final al Primavera Sound cada temporada con las primeras luces del alba.

 

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