En la cima de Las Ventas

En la cima de Las Ventas

Loquillo publica en edición de lujo el concierto del pasado 24 de septiembre en Madrid ante 15.000 personas

MIGUEL PÉREZ

Las Ventas. Madrid. 24 de septiembre. Antes de que Loquillo y su banda lleguen a la histórica plaza de toros, miles de personas empiezan a ocupar la arena. Las gradas. Algunos se detienen ante el Museo Taurino. Otros aprietan el paso para situarse junto a las vallas antipánico, a centímetros del escenario. Siempre, en cualquier concierto, entre los fans hay una especie de competencia por sentir el calor de la estrella. Más en el caso de Loquillo, ya que saben que en algún momento de la noche bajará del escenario para cantar desde el pasillo cara a cara con su audiencia. Abundan las camisetas negras con el logotipo del Pájaro Loco. Los focos siembran de día el albero. Todos, de alguna forma, se conocen en este cónclave del rock and roll.

Cuando el primer acorde suena, ya hay 15.000 espectadores atronando con sus gritos en la noche madrileña. La plaza de toros, meca del toreo y del rock español, se vuelca en un espectáculo total. El WhatsApp se convierte en un revólver que escupe fuego. Los mensajes al exterior se multiplican. «¡Brutal!». Los himnos rompen el cielo. A los veinte minutos ya circulan algunos vídeos. Cuarenta años de carrera llegan aquí. Nadie sabe muy bien si es la noche de Loquillo o la noche del público de Loquillo. Porque el bolo tiene el sentido de colofón y el sentimiento de agradecimiento a los fans que han estado ahí desde los sueños adolescentes de Barcelona.

El comienzo de un concierto histórico tiene algo de géiser sónico. Cuando sólo faltan cinco minutos se produce una suerte de emoción contenida. La atmósfera se espesa y se detiene en una espiral de murmullos y motas de polvo. El escenario es una clínica de instrumentos y cables. Y de repente estalla. Miles de pulmones se aflojan. Allí arriba, enfrentados de golpe a miles de pares de ojos, la tensión, que en este caso es doble, triple, infinita, presiona como un oceáno sobre las cabezas, sobre las cuerdas, sobre las teclas. Abre paso a la tormenta. Los focos se concentran en la acción. Las cegadoras empapan de luz a las primeras filas. El tinglado completo tiembla. Alguien piensa que hay un cilindro inyectando combustible que arde sobre las cabezas. Loquillo y todos sus músicos al completo ya no son los que eran en el camerino hace solo unos instantes. Ahora son una banda de rock and roll. Tan simple, tan puro y tan voltaíco.

Un concierto como el de Las Ventas solo puede entenderse si se conoce el comportamiento de la energía. Ese día de septiembre, Loquillo declaró «hoy nuestra vida es mejor por vosotros». Contempló los tendidos del coso. Y con Igor Paskual, Josu García y Mario Cobo (guitarras), Laurent Castagnet (batería), Alfonso Alcalá (bajo) y Raúl Bernal (teclados) atacó 'Las calles de Madrid', el himno de 1984 con el que el rocker quedó definitivamente ligado a la suerte de la ciudad que le ofreció 32 años más tarde su cálido abrazo en Las Ventas. Un círculo que se cierra, como le gusta decir al cantante del Clot.

Y el círculo acaba de salir al mercado. No es un disco más. Quienes conocen su gestación podrán explicar que en esa carpeta están contenidas muchas emociones y la respiración. Durante muchos meses. Durante una interminable gira en la que hubo un momento en que Loquillo y sus músicos no sabían muy bien si se despertaban en A Coruña, Alicante o Portugalete. Y en cada uno de esos conciertos, un paso más hacia la perfección. Y Las Ventas ejerciendo su canto de sirena.

Resulta especialmente acertada la carnalidad de la grabación. Se percibe en este álbum el cambio en la producción. El manto sónico con el que otrora Jaime Stinus arropara los últimos discos en vivo del catalán se traduce ahora en nervio desnudo. Las guitarras suenan afiladas, predominantes, metálicas. Inmaculada la vibración tal cual sale de la púa. La batería, el teclado, el acordeón, todo llega sin filtros. Hay mucho de grito en directo, de rock puro y de rock de carretera en este primer álbum en vivo surgido desde aquel feliz invento de Código Rocker, la incorporación al equipo de Mario Cobo y la dirección de Josu García, que siempre ha sido un gran capitán. La escucha retrotrae al sonido natural del concierto, aspecto que puede comprobarse con una mirada atenta al DVD que completa el pack, grabado con abundancia de medios y al estilo de las grandes bandas de estadio.

Se trata, con toda seguridad, del directo que el Loco siempre ha querido grabar a estas alturas de su trayectoria. Suenan decenas de canciones y todos los hits, desde 'El rompeolas' a 'Rock and Roll Star' o 'Feo, fuerte y formal', pero lo hacen desde una óptica distinta. El músculo es otro. Rock a secas y rock duro, surf, rockabilly, country rock Más que una antología, se trata de un catálogo de todos los estilos y conocimientos adquiridos por un tipo que nunca ha sabido quedarse quieto y al que le gusta investigar y arrojarse a las piscinas que surgen a su paso como el Ned Merrill que interpretara Burt Lancaster en 'El nadador'.