El paisaje vuelve a mirarse en Riancho

El paisaje vuelve a mirarse en Riancho
Roberto Ruiz

'El maestro paisajista' reúne medio centenar de piezas entre pinturas, dibujos y fotografías que reivindican su huella | El Espacio Cultural Fraile y Blanco exhibe obras y objetos inéditos cedidos por la familia del pintor

Guillermo Balbona
GUILLERMO BALBONASantander

Entre la evocación oportunista y el olvido, la figura de Riancho ha estado sumida en vaivenes inexplicables: vacíos institucionales, falta de acercamiento a su obra y limitados reconocimientos. Desde ayer y durante dos meses una exposición en Santander, 'El maestro paisajista', busca paliar ese desigual trato a la huella del pintor y lo que su obra representa. En realidad nunca se ha hablado lo suficiente y con regularidad del significado y peso de su creación. Pero el legado custodiado por la familia, con la documentación y la catalogación siempre en el punto de mira, ha hecho posible la divulgación intermitente de su obra.

Hace casi una década, de la mano de Ángel Acero y de la familia del pintor, el nombre de Agustín Riancho volvía a resituarse. El fruto fueron un libro, 'Los Dibujos', y una exposición antológica que durante ese verano se llevó a cabo en las Casas del Águila y la Parra de Santillana del Mar. La generosidad de la familia del pintor ha permitido mantener viva la recreación. No obstante se ha ido denunciando tímidamente el semiabandono en el que ha vivido sumida su obra.

El Espacio Cultural Fraile y Blanco inauguraba ayer 'Riancho, el maestro paisajista', una exposición impulsada por Jesús Mazón, con medio centenar de piezas entre obras, dibujos, fotografías y objetos personales que la familia Riancho ha cedido exclusivamente para la ocasión, como avanzó este periódico. Entre las piezas personales del artista, que nunca antes habían sido expuestas en público, se hallan el caballete original que Riancho usaba en la producción de sus obras o su caja de pinturas con botes de colores y marcos donde el pintor enmarcaba visualmente las escenas que posteriormente componía en sus cuadros. Se exhiben dibujos previos a las obras originales que revelan cómo era el proceso de creación de una obra y también se incluyen libros, escritos, objetos y fotografías personales donde el visitante «descubre un Riancho en la intimidad junto a su familia, disfrutando, posando y pintando». La muestra incluye varias marinas inéditas y grandes paisajes característicos del pintor cedidos por la familia. Además de objetos que nunca antes habían salido de la casa de la familia en Ontaneda y que se reúnen con la idea de «recordar, exaltar y homenajear la figura de un maestro que trasciende el paso de los tiempos».

Objetos que nunca antes habían salido de la casa de la familia en Ontaneda, se muestran en esta cita que pretende recordar y homenajear al artista

El acto inaugural convirtió la sala de Fraile y Blanco, cuya programación ya supera las treinta exposiciones, en un encuentro de representantes de la cultura con notable presencia de personalidades del mundo del arte, desde Gloria Torner a Marnay, Roberto Orallo, Pedro Calderón, Ana Santamatilde...

Desde que su casa museo en Ontaneda se cerrara, ha sido muy significativo el silencio y la falta de iniciativa institucional a la hora de mantener el recuerdo de Riancho. El pintor paisajista, que nació en Entrambasmestas y falleció en Ontaneda, demostró desde su niñez su sabiduría pictórica. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, bajo las enseñanzas novedosas del pintor belga Carlos de Haes. Se trasladó a Bélgica, donde compartió pincel con maestros como Coubert, Coro y los de la escuela de Barbizon. Según Ángel Acero, comisario de la exposición, «el amor por su familia y la añoranza de su tierra, le llevaron a regresar a su Cantabria natal, cuando allí gozaba de gran éxito». Esta decisión cambió su vida y le condujo a la precariedad y la falta de apoyo social. Vivió con su hermano durante treinta años, apartado e ignorado, vendiendo su obra en los escaparates de ferias y mercados hasta que un grupo de jóvenes pintores de Santander le rescató y organizó sendas exposiciones en el Ateneo en 1914 y en el Círculo de Bellas Artes en 1916. El reconocimiento le llegó tarde, pero pese a todo, él nunca paró de pintar y, entre sus logros, figuran obras como 'La cagigona', 'La crecida', 'Luces de otoño'... Sus dibujos, según Acero, «están llenos de sapiencia, de creatividad, de interpretación del paisaje. El sólo los consideraba como bocetos preparatorios para las obras al óleo que realizaba posteriormente. Muchos de ellos son verdaderos cuadros».

Hace más de dos décadas que no se organizaba en Santander una gran exposición sobre la figura de uno de los pintores más importantes de nuestra historia (la última fue hace dos años en Espacio Garcilaso de Torrelavega). Metódico, disciplinado, meticuloso, Riancho fue un maestro que se adelantó a su tiempo.