David Trueba
El narrador presenta hoy en los cines Embajadores Santander su película 'Siempre es invierno' y participará en la librería Gil en un coloquio sobre 'Blitz', la novela en la que se basa
David Trueba (Madrid, 1969) llega hoy a Santander con doble cita ante el público. A las 20.00 horas presentará en los Cines Embajadores su ... nueva película, 'Siempre es invierno', una adaptación de su novela 'Blitz'. A continuación, sobre las 20.15 horas, el cineasta y escritor se trasladará a la Librería Gil, donde conversará con el público sobre ese mismo libro. Un regreso a una historia que, diez años después de su publicación, sigue interrogando sobre el amor, el paso del tiempo y la forma de salir del invierno interior.
–'Blitz' nació como novela y ahora renace como película. ¿Qué le llevó a revisitar la historia desde otro lenguaje?
–Me parecía que había unos elementos en la novela que podían multiplicarse con la expresividad que tiene el cine. En España, a veces, el núcleo lector es un poco más reducido y, sin embargo, con una película llegas a más gente. Además creo que diez años después de publicarse, la novela está aún de actualidad e incluso tiene más fuerza.
–¿Qué aspectos del libro quería preservar a toda costa y cuáles necesitaban transformarse para funcionar en la pantalla?
–Siempre tienes que hacer una pequeña transformación porque se trata de lenguajes distintos, pero había algunos elementos que podían ser más expresivos en la película, por ejemplo, el del paso del tiempo o mostrar el del cuerpo de una mujer de más edad. También se puede plasmar mejor la soledad del personaje, la incomunicación que se sufre cuando tienes que hablar con una persona en un idioma que no es el tuyo…
–La novela es una tragicomedia romántica, pero también una reflexión sobre el tiempo y las segundas oportunidades. ¿Qué le interesa de esa mezcla?
–Me interesa mucho la relación que se establece en dos personas que han quedado bloqueadas por distintas razones, el personaje masculino porque está en crisis sentimental y profesional y el femenino por todo lo que vivió anteriormente. El título de la película 'Siempre es invierno', hace referencia al estado de ánimo, en cómo salir de ese invierno, cómo volver a ser personas que se lancen al día a día y a las oportunidades que la vida te ofrece.
–En 'Blitz' y en buena parte de su obra hay una mirada compasiva hacia la fragilidad humana. ¿Se considera un narrador de lo vulnerable?
–Me considero más un narrador de la aventura del ser humano, o sea, me interesan menos las épicas espectaculares y más la vida cotidiana. Me interesan los estados de ánimo de las personas y las dificultades del día a día que son las que más nos importan. Muy pocas veces vamos a estar metidos en una persecución de coches o en una situación de gran espectacularidad. Lo más espectacular de nuestra vida se va a resolver en un ambiente íntimo y en una vida muy pequeña que, para mí es muy grande. Siempre he dicho que mis personajes se escriben con letras minúsculas y no con mayúsculas pero eso me gustan más.
–Su protagonista vive un naufragio personal que se convierte en un aprendizaje. ¿Las crisis son un modo de avanzar?
–Las crisis te exponen a hacerte las preguntas incómodas y a colocarte en una posición o de avanzar o de rendirse. Y eso es importante en la vida. La gente tiene que aprender a levantarse después de un de tropezón y seguir adelante en la carrera.
«En el primer fin de semana hicimos el mismo número de espectadores que lectores»
«Las mujeres directoras han ayudado a entender que el cine no busca solo lo comercial»
–Hace 10 años no se hablaba de edadismo como ahora. ¿Buscaba desafiar las convenciones sociales con esa relación entre los protagonitas?
–Sí, claro. En su momento fue algo muy comentado y la sorpresa, es que diez años después, está todavía de más actualidad. Y esa era un poco también la idea de llevar la novela al cine, la de hacer ver las contradicciones del mundo en el que vivimos, en el que la gente se ha olvidado de que tenemos que aceptar nuestro envejecimiento y que hay que sacudirse esa tiranía de que la mujer tiene que ser invisible a partir de una cierta edad. Entonces me parecía muy raro que siguiera sin mostrarse y sin hablarse de ello en las películas y ahora teníamos la oportunidad de ahondar más en este asunto y, la verdad es que hemos tenido suerte. La película ha arrancado muy bien y solo en el primer fin de semana, y mira que la novela fue un éxito, hemos hecho los mismos espectadores que lectores.
–Si le digo que he leído el libro y he visto la película, ¿cuál preferiría que haya gustado más?
-No sé ni siquiera si es bueno que tengan que competir. Las dos obras son independientes, pero entiendo que se establezca una competición. A veces la gente pone a competir demasiadas cosas. El otro día una compañera tuya me decía que a mí me gusta retratar a los perdedores en el amor y yo le dije que es que en el amor no hay ganadores ni perdedores. Ganadores y perdedores hay en un partido de fútbol, pero en el amor no. Tienes experiencias que se acumulan en tu vida y no tiene por qué condenarse al resultado de un partido o de una carrera. Sé que es una tendencia nuestra, la de dar medallas y decir quien es el primero y el segundo, pero creo que con eso a veces empobrecemos la vida.
–'Siempre en invierno' llega un momento en el que el cine español busca nuevas formas de contar lo íntimo. ¿Siente que hay una corriente más atenta a las emociones cotidianas que hace años?
–Creo que, por ejemplo, la incorporación de muchas mujeres directoras ha ayudado a entender el cine como algo que no busca solo la espectacularidad o la comercialidad sino también que se puede hablar de problemas que están en la sociedad o de conflictos que están soterrados y con eso se pueden hacer grandes películas que además hacen pensar y sentir a la gente.
–Hoy, en Santander, se va a encontrar con el público en una sala de cine y a continuación en una librería. Ya nos ha dicho que no le gusta competir, pero ¿dónde se va encontrar más a gusto?
–La verdad es que son dos sitios que frecuento a menudo, que me gustan y en los que me siento muy cómodo, pero quizá en la sala de cine me cuesta más interponerme entre la película y la intimidad que tiene el espectador. En cambio, en una librería, cuando hay una charla o un coloquio me lo paso muy bien. Si me dijeras que me pones a hablar desde el centro de un campo de fútbol te diría que prefiero huir, pero en una librería o un cine me siento como en casa.
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