Alejandro González Iñárritu, el 'otro' mexicano

Alejandro González Iñárritu. /
Alejandro González Iñárritu.

'Birdman' devuelve a la primera línea a este realizador valiente, dispuesto a todo, que ha llegado a un punto en que solo juega al todo o nada

PABLO PAZOSmadrid

Por la permeable frontera entre Estados Unidos y México se han 'colado' desde hace algunos años un puñado de directores capaces de instalarse en el engranaje de Hollywood sin perder sus esencias. Olvidemos a Robert Rodríguez, que nació en San Antonio (Texas) y siempre ha desarrollado su carrera en la primera potencia mundial. Hablamos de un tipo de Jalisco, Guillermo del Toro, y de dos oriundos de México D.F., Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, empeñados en que se hable español en la noche de los Oscar. Lo consiguió el año pasado Cuarón con su rompedora 'Gravity' y quiere seguir sus pasos, en este 2015, su buen amigo Alejandro, que ya fue candidato en 2006 por 'Babel'.

Del 61 Cuarón, del 63 Iñárritu, el segundo fue, de hecho, el pionero, el primero de su país en optar a la estatuilla dorada como mejor director. De aquello hace ocho años. Retrocediendo otro tanto, hasta el año 2000, encontramos la semilla de lo que habría de germinar después. Venía Iñárritu de rodar y escribir un puñado de cortos cuando presentó su primer largometraje, que fue algo así como una bofetada violenta que obligó a crítica y público a abrir los ojos de golpe y escribir letra por letra aquel apellido de reminiscencias vascas, para tenerlo muy presente.

Esa bofetada se llamó 'Amores perros' y era un relato crudo y descarnado, a modo de tríptico, con historias de temática común y conectadas entre sí, con el nexo de un accidente de tráfico, que de paso sirvieron para poner en el mapa a otro compatriota, en este caso actor, Gael García Bernal. Una ópera prima excepcional, que optó al Oscar al mejor filme en lengua extranjera, y que invitó a apuntar un nombre más: el de su guionista, Guillermo Arriaga.

Ligeramente mayor que Iñárritu (del 58), juntos formaron un poderoso tándem que, a lo largo de los siguientes años, creó películas poderosas, tan duras como necesarias, auténticos toques de atención para el público. A 'Amores perros' le siguió '21 gramos' (2003), donde Benicio del Toro compuso uno de los papeles más potentes de su carrera en el rol de un convicto que intenta refugiarse en la religión. Fue candidato al Oscar, como lo fue Naomi Watts, segundo vértice de un triángulo que componía Sean Penn para otra historia 'made in Arriaga', otro relato de vidas cruzadas por culpa de un accidente.

Como no hay dos sin tres, el dúo Iñárritu-Arriaga todavía concibió otra alambicada historia en la misma línea, más ambiciosa si cabe: 'Babel', un retrato planetario que abrió el foco y contó con toda una superestrella, Brad Pitt, como gran reclamo. En este caso, cuatro historias y tres países: Marruecos, México y Japón. El esfuerzo se saldó con sendas nominaciones al Oscar para director y guionista, aunque no se tradujeron en premio. Iñárritu cerraba un sexteto en el que había recogido tres premios y un puñado de candidaturas tanto en Cannes como en Venecia.

Nueva etapa

La pareja, sin embargo, se rompió, y cada uno siguió su camino por separado. La carrera del director pareció resentirse. No volvió a estrenar en 2010, con 'Biutiful', donde solo el esfuerzo de Javier Bardem en un trabajo de exigencia y desgaste físico y emocional (fue candidato al Oscar) salvaron la papeleta de un filme que, definitivamente, no estuvo a la altura de su producción anterior, por más que, de nuevo, representara a México en la noche de los premios de Hollywood.

Nuevo paréntesis, con varios cortometrajes, y finalmente, 'Birdman', la película más rompedora de 2014, una genialidad concebida como un ininterrumpido plano secuencia que se atreve a reírse de la industria mientras retrata los denodados esfuerzos de una estrella caída en desgracia (Michael Keaton) por recuperar el prestigio perdido. Un tour de force reconocido con nueve candidaturas al Oscar, tres de ellas para el propio Iñárritu (en calidad de director, productor y guionista), pero que tienen por delante un importante escollo: 'Boyhood'.

En cualquier otra edición el mexicano sería el gran favorito. Por cosas del destino, ha tenido que coincidir con otra genialidad, otro producto de una mente diferente, la de Richard Linklater, capaz de imaginar un rodaje a lo largo de doce años, con los mismos actores, reuniéndose al cabo de 365 días para retomar la filmación. ¿Puede alguien competir contra una idea tan brillante? La tarea es ardua, pero si alguien está a la altura, ese es Iñárritu. Un tipo valiente, dispuesto a todo, que asegura que ha llegado a un punto en que solo juega al todo o nada. Que el día 22 pisará la alfombra roja, pero en cuanto acabe la fiesta volverá a pensar en las montañas nevadas de Canadá, donde estos días filma su última machada: 'The Revenant', con Leonardo DiCaprio bajo cero y solo con luz natural.

Porque a Iñárritu, lo fácil, le parece absurdo.