Y Michael Keaton resucitó

Michael Keaton, en 'Birdman'. /
Michael Keaton, en 'Birdman'.

El papel de su vida en 'Birdman' se parece bastante a su propia vida

MIKEL LABASTIDAMADRID

Michael Keaton falleció en 1999. Laboralmente, me refiero. En aquel año interpretó en la película 'Jack Frost' a un muñeco de nieve, un motivo más que suficiente para morir. Laboralmente, me refiero. Después resucitó puntualmente para intervenir en cintas menores como 'Juego sucio', 'Herbie: a tope' y 'Una hija diferente' o en telefilmes como 'Live from Baghdad' o 'The Company'; para dirigir su (discreta) ópera prima, 'Caballero y asesino'; o para prestar su voz a los dibujos animados de 'Cars' o 'Toy story'.

Pero la resurrección absoluta se la proporcionó el año pasado Alejandro González Iñárritu, que le dijo "levántate y anda" y le ofreció 'Birdman', el filme que ha colocado a Keaton como favorito para los Oscar de 2015 y le ha restituido su lugar entre las grandes estrellas de Hollywood.

Michael Keaton había participado en buenas películas en su carrera pero el papel de su vida todavía no le había llegado. Debutó en los años setenta en series de televisión como 'El show de Mary Tyler Moore' o 'Maude', pero el éxito le logró a finales de los ochenta con 'Bitelchús', el excéntrico fantasma creado por Tim Burton que regresaba del más allá para ayudar a los suyos a echar de sus casas a seres vivos molestos. Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús. Para entonces el actor ya había cambiado su verdadero apellido, Douglas, por el de Keaton al verse obligado a hacerlo para que nadie lo confundiese con el protagonista de 'Atracción fatal' o 'Wall Street'. La elección del nuevo nombre, por cierto, la hizo como homenaje al intérprete de cine mudo Buster Keaton.

De Batman a Birdman

No tardó en cruzarse en su camino el personaje de Batman, que saltó del cómic a la gran pantalla con su rostro en las dos primeras entregas que firmó Burton. En 'The paper' gritaba esa frase que cualquier periodista ha soñado con decir alguna vez: paren las máquinas. En 'Mis dobles, mi mujer y yo' se multiplicaba por cuatro para poder atender su casa, a su esposa, a su hija y su trabajo. Y en 'Jackie Brown' perseguía incesantemente al personaje de Ray Liotta. Keaton alcanzó la fama, alcanzó al gran público, conquistó las luces de neón, pero el gran papel se le resistía. Y, sin saber muy bien por qué, su estela se fue apagando. Y murió. Laboralmente, me refiero.

'Birdman' le ha puesto enfrente el papel de su vida, pero la paradoja es que el papel de su vida se parece bastante a su propia vida. Al fin y al cabo Riggan Thompson es un actor que intenta recuperar el pulso de su carrera y congraciarse con la crítica después de caer en el olvido a pesar de la popularidad que le había proporcionado su interpretación de un súperheroe. Cualquier parecido con lo sucedido a él tras Batman es pura coincidencia. O no. Por propia experiencia o por lo que pudo aprender en los años en los que estuvo en el más allá (laboral) Keaton se desenvuelve con valentía y una perfección técnica inigualable en la piel de ese personaje sumido en los miedos (al fracaso, al desinterés, a sí mismo), en los complejos, en la obsesión y en la locura. Se mueve con soltura ante una cámara que no deja de perseguirlo desquiciado por el teatro de Broadway, desnudo por Times Square o volando, con las alas de Birdman o sin ellas. Quizá el talento de Keaton haya estado más desperdiciado de lo que creíamos y es hora de compensar todos los años en los que no le han dejado sacarlo a relucir. Tenía que ser Iñárritu el que llegase a resolver ese drama.