«Saramago fue autor de una literatura de ideas fuertes y poderosas»

Fernando Gómez Aguilera, poeta, y la periodista Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago, en La Magdalena./María Gil Lastra
Fernando Gómez Aguilera, poeta, y la periodista Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago, en La Magdalena. / María Gil Lastra

Pilar del Río y Gómez Aguilera iluminan con reflexiones y anécdotas la trayectoria del Nobel. Dos libros le devuelven a la literatura este año

Mada Martínez
MADA MARTÍNEZ

«Qué capacidad tienen algunos escritores muertos para suscitar tanta vida». Decenas de frases y reflexiones y anécdotas del Nobel portugués se hicieron ayer palabra en el Paraninfo de La Magdalena. La sala principal se llenó y se habilitaron algunas aulas anexas para seguir en directo el diálogo que mantuvieron, dentro de los 'Martes literarios', Pilar del Río, presidenta de la Fundación José Saramago (y viuda del escritor), y el poeta, ensayista y director de la Fundación César Manrique, Fernando Gómez Aguilera. Ambos, conducidos por el periodista Guillermo Balbona, profundizaron en el Saramago escritor, el Saramago hombre, recorrieronsu intimidad y también su faceta pública». Ambos le conocieron profunda de distinto modo. «Saramago estando muerto está vivo aquí», dijo Gómez Aguilera al enfrentar la estancia abarrotada.

Otros libros van a revivir próximamente al autor de 'La caverna'. Por un lado está, el sexto 'Cuaderno de Lanzarote', un texto inédito que Pilar del Río halló buscando una fecha que corroborar, en el ordenador de Saramago. Fue una sorpresa emocionante. Saramago, de algún modo, volvía a hablarle a Del Río desde una carpeta llamada 'caderno'. Y, en consecuencia, Saramago volvía a hablarle al mundo.

Este sexto cuaderno, llamado 'El cuaderno del año del Nobel', lo edita Alfaguara y se presenta durante el Congreso Internacional 'José Saramago. 20 años con el Premio Nobel', que se celebra a comienzos de octubre del en la Universidad de Coimbra, en Portugal. Al mismo tiempo, otro título ayudará a comprender los momentos que rondan la recepción del Nobel de Literatura en 1998. Lo anunció ayer Pilar del Río en la UIMP: también en octubre, la Fundación que preside publicará el libro 'Un país levantado en alegría', obra del periodista brasileño -también asesor de Comunicación de la Fundación Saramago-, Ricardo Viel, con prólogo del autor nicaragüense Sergio Ramírez. Este texto se nutre de testimonios y reacciones de otros escritores, también de lectores. Esta última parte, la aportación del lector, es fiel a la forma de entender la literatura de José Saramago, quien no daba por terminado un texto si no era con la participación de quien lo lee y lo interioriza.Su archivo está lleno de cartas de lectores y seguidores. «Son ustedes los que van a darle continuidad y cerrar el ciclo», recordó Del Río, ayer generosa ante el público en anécdotas y conversaciones y recuerdos.

A pesar de sus compromisos sociales y políticos, Saramago trató de posicionarse contra cualquier etiqueta. También en su literatura. Saramago rompía las costuras de las novelas o los ensayos. Gómez Aguilera recordó ayer cómo sus novelas o ensayos podían armarse con la metáfora, con la alegoría, la parábola, con una inteligente transición entre la ficción y la realidad. Saramago trató de responder a una gran pregunta, ¿qué es esto de vivir?, con enormes historias imposibles −'Ensayo sobre la ceguera', en la que una pandemia de ceguera blanca se extiende por el planeta; una península desgajada del continente en 'La balsa de piedra';El año de la muerte de Ricardo Reis', con Pessoa hecho reflexión− , es decir, «situaciones inversímiles contadas conversomilitud». La idea de Saramago, contó ayer Gómez Aguilera, era «poner un foco de luz» sobre determinados hechos a la sombra de la historia que se da por hecha.

La traducción

Pilar del Río ejerció como lectora y traductora de José Saramago. Ella ofreció al mundo la literatura del Nobel, que escribía una media de dos páginas diarias. «La importancia de un traductor es tal que a Pessoa lo conocemos porque Ángel Crespo −Premio Nacional de Traducción− se empecinó». El traductor es importante en tanto que puede divulgar -o cargarse- la obra de un autor. «Los autores hacen las literaturas nacionales, los traductores hacen las literaturas universales», recordó ayer Del Río parafraseando a Saramago.

Esas dos páginas diarias con las que Saramago construía a a diario sus historias eran fruto de una premeditación más absoluta: Saramago no corregía, sino que volcaba la idea que ya rondaba su cabeza. Eso tenía que ver con su concepción de la literatura casi como un oficio, como una forma de aportar a la sociedad desde las palabras, y no desde el romanticismo que se le puede achacar a la escritura; y también por su pasado pobre. «El papel era sagrado y los lápices; todo se aprovechaba, las correcciones eran mínimas». Saramago era un torrente, quizá por las circunstancias, quizá por que era su forma de hacer. «A Saramago las palabras le salían enteras, no se ponía nunca a escribir si no sabía a dónde quería llegar, de dónde quería partir. La literatura −y todas las herramientas que el autor utilizaba− era el camino. Cuando se ponía a escribir, él ya tenía el libro escrito en la cabeza», indicó ayer Pilar del Río.

Saramago en España

Saramago comenzó a leerse en España de forma tardía, básicamente a partir de la década de los años noventa, a partir de 'Ensayo sobre la ceguera' (1995); 'Todos los nombres' (1997); 'La caverna' (2000); 'El hombre duplicado' (2002); 'Ensayo sobre la lucidez' (2004), 'Caín' (2009)... Gómez Aguilera y Del Río invitaron a bucear en el Saramago del inicio, en todos esos libros que van desde 'Levantado del suelo' (1980) al 'El evangelio según Jesucristo' (1991). La idea es rehuir de esa imagen «del escritor muy monolítica. Hay muchos 'saramagos'. «Saramago no era ese personaje o ese autor previsible, estático, racionalista u ortodoxo», sino que su autenticidad «estaba en todos los libros». Entre tantos 'saramagos', Gómez Aguilera destacó uno:el comprometido con la literatura, el autor de una literatura «de ideas fuertes y de ideas poderosas», el escritor que «respetó la autonomía de la literatura». Pero Gómez Aguilera tampoco quiso acotar más.

Saramago sigue vivo y para ello sus palabras en una entrevista concedida a 'El Diario Montañés' en 2006: «Mucha gente me dice que soy pesimista, pero no es verdad, es el mundo el que es pésimo. El ser humano se limita en la actualidad a 'tener' cosas, pero la humanidad se ha olvidado de 'ser'. Esto último da mucho trabajo: pensar, dudar, preguntarse sobre uno mismo... y no estoy hablando de buscar la verdad, porque no existe. Existen verdades prácticas, verdades útiles en un momento determinado que al día siguiente desaparecen».

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