Vicky, ganadora de Masterchef: «No soy cocinera de restaurante»

Vicky escucha a Pepe durante la presentación /
Vicky escucha a Pepe durante la presentación

Carnicera en paro hasta ganar el programa, la mallorquina asegura que quiere seguir formándose en las cocinas de Pepe, Jordi y Samantha antes de abrir su propio negocio

MICHAEL MCLOUGHLINMadrid

Mientras la audiencia esperaba que el veredicto del duelo culinario entre la 'mousse' de guacamole y piña o la esferificación de alcaparras de Vicky contra la crema de borrajas y el resto de creaciones sin gluten del joven Mateo, la ganadora de la segunda edición de Masterchef tuvo que mantener un silencio hermético.

La concursante mallorquina, que ya se sabía victoriosa, 'fichó' esas semanas por el puesto ambulante de un amigo con el que fue sirviendo mesas de pueblo en pueblo y fiesta en fiesta repartiendo perritos y hamburguesas. "La gente no lo entendía mucho. El día anterior me habían visto en la tele y luego ahí. Pero yo necesitaba trabajar", recuerda la que hasta hace pocos meses era una carnicera en paro. "Es que me ha cambiado la vida mogollón".

El tiempo de estar callada ya pasó y esta deslenguada y dicharachera cocinera se subió ayer a las alturas madrileñas para presentar su libro de recetas, parte de los honorarios por imponerse en la final del concurso. Para comer día a día, para para sorprender con un picoteo diferente, para ocasiones especiales, para comer frío, caliente con o sin cucharada.

Una ecléctica selección que, en palabras de la autora, se alimenta de ingredientes "fáciles de encontrar" y alcance de la mayoría. "Es un libro de ama de casa. De cocinillas, como dice mi madre. Yo no soy cocinera de restaurante", explica sobre este recetario, que también tiene un espacio reservado para las creaciones que presentó su rival en la gran final y algunos platos del jurado de Masterchef Samantha Vallejo-Nájera, Jordi Cruz y Pepe Rodríguez.

La cara de los Roca

A unos pocos metros del cocina madrileño, que ayer actuó de maestro de ceremonias en el evento, Vicky resopla y se acelera al recordar la reacción de los hermanos Roca a algunos de sus platos. "La verdad tenía miedo. No dejaba de repetirme 'Madre mía, no les va a gustar'. Había intentado reproducir un postre a raíz de uno de Jordi Roca", explica sobre la 'mousse' de guacamole y piña. El atrevimiento de versionar al mejor repostero del mundo, salió redondo. "Bufff... Cuando se lo mete en la boca y ves la cara. Eso lo dice todo".

En unos meses se desplazará a Madrid para cursar la beca en el instituto Cordon Bleu. "Tengo muchísimas ganas de seguir formándome", asegura, dejando claro que espera poder seguir rodándose en los restaurantes de los que han sido sus mentores, el cátering que regenta Vallejo-Nájera y otros locales. "Quiero conocer cómo funciona la cocina, cómo se hace realmente el servicio y luego ya en un futuro, abrir mi restaurante, que es mi sueño", remacha.

Bronca por una flor de ajo

Uno de los "momentos más difíciles", en palabras de la propia Vicky, fue el duro encontronazo, improperio de por medio, que tuvo con Jordi y Pepe en la prueba que se desarrolló en la residencia del embajador italiano en España cuando estaba en liza el primer billete para la final. El motivo, una flor de ajo con la que decidió jalonar la crema de mascarpone que se sirvió como postre. "Es verdad que en todas las cocinas no hay esas voces y esa histeria. Pero yo he trabajado en cocinas de grandes chefs españoles que no puedo decir... que Masterchef es un paso. Tensión no, lo siguiente", avisa Pepe Rodríguez a su pupila, que tuvo que administrar una amarga cucharadita de ricino al ver cómo iba directamente a la repesca sin recibir valoración de su trabajo aquella tarde. "Trabajar en una cocina profesional es muy duro", remacha.

Es contundente al pronunciarse el motivos que ha llevado a Vicky a imponerse a los otros quince aspirantes: "Aprovechar el talento. Aprovechar eso que no se puede comprar, eso que no se puede aprender que es el 'duende'. Eso que los cocineros lo tienen o no lo tienen. Y ella lo tiene". Pepe, en un tono mucho más dulcificado que el que utiliza en sus veredictos, la elogia por haber superado su "inseguridad". "Creo que nadie le ha dicho que tienes un don. Creo que es una chica que ha recibido palos. Y creo que el programa le ha servido para decir que puede demostrar que vale para ciertas cosas. Y ella vale para la cocina", sentencia.

Juzgar un plato

Tras su segunda experiencia -tres si se cuenta la versión infantil del programa- como mentor, el responsable de El Bohío se muestra encantando con este papel que espera seguir repitiendo. " Lo que más me gusta es ver la evolución. Si vieramos quien es el mejor en la primera prueba, igual habría ganado ella con la tarta de limón y no grabaríamos más", cuenta.

Dice que para verla transformación "que experimentan los candidatos" basta con ver las explicaciones que dan a su trabajo en los últimos programas personas que tienen una "manera de entre la cocina muy elemental, muy de ama de casa". "Un 'amateur' viene a darte una explicación entonces que no te la daba hace tres meses", remacha.

Preguntado por lo que debe haber en plato para recibir su bendición, explica que entran "muchas posturas a la hora de juzgar un plato". "Un plato salado puede ser un plato de diez. No lo puedes servirlo porque está incomible. Pero la idea, el concepto, lo que me querías decir estaba fantástico", cuenta. "Es un fallo de que te has pasado con la sal. Eso me puede interesar más que un plato monótono que no dice nada".