Muere Eduardo Gómez, actor de 'La que se avecina' y 'Aquí no hay quien viva'

El carismático intérprete -de 68 años- interpretó a Mariano Delgado, padre de Emilio y a Maxi, el portero y camarero

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

«Soy Mariano Delgado, metrosexual y pensador». Así, a las bravas, se presentaba el padre del portero de finca más famoso del país para sorpresa de quien recibía semejante alocución. Porque la estampa de Eduardo Gómez, fallecido este doingo víctima del cáncer solo un día después de cumplir 68 años, no parecía la de un metrosexual. Delgado, enjuto y feo «con mucha jeta», el actor madrileño (1951) acabó delante de las cámaras casi por casualidad, sobrepasada la cuarentena y cuando la perspectiva de encandilar al público estaba muy lejana. Comenzó su carrera en los noventa, cuando acompañando a un amigo le dieron un pequeño papel en '¡Ay Señor, Señor!'.

Después le llamaron para hacer numerosos cortos y actuar como figurante en 'Médico de familia', 'Ellas son así', 'Periodistas' o 'Los Serrano'. Gómez siempre reconoció que le sorprendieron dos cosas después de su estreno por la serie protagonizada por Andrés Pajares y Javier Cámara: descubrir una nueva profesión y que le llamaran para más papeles. «Fue surrealista. Me di cuenta de que se trataba de algo que quería hacer toda mi vida», afirmaba. Porque antes había sido camarero, dependiente y un avezado vendedor de enciclopedias.

Su talento estaba en ser natural. Aprendió sobre la marcha ya que ni las clases de dicción y fonatría le sirvieron de mucho -«me quedaba dormido»-. Ese desparpajo es lo que más llamó la atención de Alberto y Laura Caballero, que lo ficharon para una nueva serie de Antena 3: 'Aquí no hay quien viva'. Era 2003. El actor madrileño se convirtió en Mariano Delgado, el padre del portero de la finca -interpretado por Fernando Tejero- más peculiar de la televisión española que no dejaba de pergeñar planes abocados al fracaso y de sacar de sus casillas a toda la vecindad y a su propio hijo. «Los sentimientos, la asignatura pendiente del ser humano» o «a ver, mente fría, pensemos» fueron frases recurrentes que marcaron al personaje durante las cinco temporadas que permaneció en Antena 3. Un trabajo que además de entrar en numerosos hogares -la serie llegó a reunir a 8,3 millones de espectadores con su capítulo 'Érase un famoso'- le permitió ganar en 2005 el Premio de la Unión de Actores al mejor actor secundario en televisión.

La mudanza a Telecinco con 'La que se avecina' cambió su rol en la finca Mirador de Montepinar. Dejó al padre del portero para convertirse en el camarero Maxi Angulo, papel que desempeñó durante las primeras seis temporadas. Siguió encandilando al público, consiguiendo buenas audiencias, pero dijo basta. En 2013 renunció. «Llevaba diez años de éxito con las dos series, y necesitaba descansar porque, si no, iba a petar», confesaba hace dos años en 'Sábado Deluxe' (Telecinco). Durante esa década, y aupado por su popularidad, participó en varias películas como 'La gran aventura de Mortadelo y Filemón', 'El oro de Moscú', 'Isi/Disi. Amor a lo bestia', 'Tiovivo c. 1950', 'Crimen ferpecto' -tercera colaboración con Álex de la Iglesia tras 'La comunidad' y '800 balas'- o 'Torrente 3'. A partir de 2013 bajó el ritmo de trabajo, participando en las series 'Gym Tony' y 'Matadero' y haciendo pequeños papeles, como en 'Anacleto: agente secreto'.

Discreción

Eduardo Gómez apenas desveló nada sobre su vida privada. Mantuvo durante varios años una relación con una mujer 37 años más joven y reconoció que su anterior pareja le abandonó con un bebé recién nacido. «Me levanté por la mañana y mi hijo estaba llorando. La llamé, pero no contestaba y ya me encontré la nota en la nevera», señaló el actor, que vivió durante sus últimos años entre Madrid y Marbella. «Con la máxima discreción posible», como señaló su hijo Héctor en el tanatorio de la M-30 de Madrid.

«La batalla ha sido dura, de bastantes meses de entrada y de salida del hospital. Ha luchado por su vida, pero el cáncer ha ganado», indicó Héctor Gómez. «La mayor enseñanza que me ha dejado es que, por muy mal que estés, siempre puedes salir a la superficie. Lo pasó muy mal durante su vida, tuvo etapas muy malas, pero siempre puedes salir. Es un ejemplo de superación», remachó el hijo del actor.

Luchó contra el cáncer «como un gladiador»

Héctor Gómez, hijo del actor Eduardo Gómez, ha expresado su admiración por la «fortaleza» de su padre, que ha luchado «como buen gladiador» contra el cáncer, una enfermedad que llevaba «con la máxima discreción posible».

En declaraciones a los medios en el Tanatorio de la M-30 de Madrid, donde han sido traslados los restos mortales del popular cómico, Héctor Gómez ha destacado que su padre «luchó hasta el final».

«Era muy buena persona, con un gran corazón y, como buen gladiador que era, ha luchado y ha muerto en paz y tranquilo», ha afirmado su hijo, quien también ha destacado que solo al final la familia ha hecho pública la causa del fallecimiento, un cáncer, porque quiso llevar la enfermedad de manera discreta para «no preocupar ni hacer sufrir a la gente».

«La batalla ha sido dura, de bastantes meses de entrada y salida del hospital, y él ha luchado por su vida, por curarse, pero el cáncer le ha ganado la batalla», pese a su «fortaleza envidiable».

Héctor Gómez, también actor, ha recordado que el artista fallecido cumplió este sábado 68 años y que, a pesar de que su cuerpo estaba «casi agotado», su mente «seguía luchando» y estaba lleno de proyectos.

Gómez, que ha agradecido el apoyo de los seguidores de su padre, lo ha definido como un «modelo a seguir», una persona a quien le gustaba ayudar a la gente, además de hacerles reír, porque consideraba que la risa «es la cura del alma».

«La mayor enseñanza que me ha dejado es que, por muy mal que estés, siempre puedes salir a la superficie. Lo pasó muy mal durante su vida, tuvo etapas muy malas, y me enseñó que por muy abajo que estés, siempre puedes salir a la superficie. Es un ejemplo de superación», ha concluido el hijo.

Los restos mortales de Eduardo Gómez serán incinerados este lunes a mediodía en el madrileño cementerio de La Almudena.