Vendidas al mejor postor

Vendidas al mejor postor
Ángela Casado
ÁNGELA CASADOSantander

Parece frágil. Es pequeña y su mirada refleja inseguridad. Daenerys tiene trece años. Su madre murió durante el parto y su padre fue asesinado en el trono. Era el rey loco. Solo le queda uno de sus hermanos, Viserys, un joven egoísta y sin escrúpulos que la vende a un pueblo de bárbaros. La transacción incluye un requisito que solo empeorará su situación: debe contraer matrimonio con el líder de la tribu Dothraki, Khal Drogo, y convertirse en su khaleesi. Le triplica el tamaño y le dobla la edad. No habla su idioma y la trata con agresividad. Las lágrimas de Daenerys no permiten, en ese primer episodio, ver que llegará a ser la Madre de Dragones.

Las mujeres sufren un trato terrible, violento, atroz. Cierto. Pero, ¿no ha ocurrido siempre a lo largo de la historia? Aunque la ficción está catalogada como fantasía épica, se inspira en el medievo. ¿No sería, omitir estos actos, blanquear situaciones que se han repetido en cada batalla librada? En 'Juego de Tronos' se vende a las mujeres al mejor postor y se las obliga a casarse en la adolescencia para mantener el estatus de sus familias. Instrumentos y monedas de cambio desde los primeros minutos de la ficción. Algunas, como Sansa Stark, aceptan su destino ya escrito con entusiasmo. Otras, como Daenerys Targaryen, sufren en silencio la impotencia que les genera ser dominadas por un hombre. Pero los obstáculos que cada una de ellas debe superar a lo largo de los episodios provocará que, lejos de amedrentarse, crezcan ante las adversidades y se conviertan en piezas clave en la lucha por el Trono de Hierro.

Vuelve Juego de Tronos

Sí. Poniente es una sociedad medieval en la que el hombre prevalece siempre, perpetuando los roles de género. Pero ninguna se resigna. Al contrario, adquieren fuerza y profundidad a medida que avanzan las temporadas. Dejan de ser las hijas de, hermanas de y esposas de para labrarse un nombre propio. Pero, ¿es el 'Juego de Tronos' una diversión machista? Si así fuera, ellas continuarían en un papel secundario durante las ocho temporadas, esperando a que al caballero o dothraki de turno que las rescate.

Daenerys es, sin duda, la mujer que más evoluciona en la ficción. Autoproclamada Madre de Dragones y tras la muerte de Drogo poco queda de la niña que sufría en silencio en el primer episodio. Su poder crece exponencialmente hasta crear un inmenso ejército con el que, en la última temporada, luchará por ser la reina de todo Poniente. Como exige su linaje.

La fuerza es una característica innata de Cersei Lannister. Copa de vino en mano, explicaba cómo había tenido que casarse con un hombre alcohólico que calmaba su frustración agrediéndola físicamente. Fue reina de Poniente gracias a ese matrimonio de conveniencia con Robert Baratheon. Con la muerte de su marido –un terrible 'accidente' con el que, por supuesto, no tuvo nada, pero nada que ver– y la de su primogénito, se convierte en la regente de la corona, aunque no tarda en volver a convertirse en reina tras el fallecimiento de sus otros dos hijos. Las situaciones traumáticas que atraviesa, lejos de debilitarla, la convierten en una persona más fría y ambiciosa. Es vengativa y destruye a todo aquel que supone una amenaza para su liderazgo.

Son cientos los ejemplos de mujeres que se abren camino ante el horror. Sansa Stark es el único personaje femenino que en los primeros episodios de la trama conserva la inocencia y una imagen idealizada sobre la vida que cree que le espera. Criada y educada en la seguridad de su tierra natal, Invernalia, le fascinan las leyendas sobre caballeros y su sueño es contraer matrimonio con un príncipe. Un sueño que no tarda en convertirse en pesadilla.

Cuando se sumerge en la corte y conoce la verdadera cara de su prometido –que, entre otras barbaridades, manda decapitar a su padre, Eddard– su percepción del mundo que le rodea cambia por completo y adopta una actitud pesimista y desconfiada. Su suerte no hace más que empeorar y en la quinta temporada, tras superar multitud de penurias, es forzada a contraer matrimonio con Ramsay Bolton, un hombre sin escrúpulos que la tortura sexualmente. A pesar de sus vivencias, a Sansa le cuesta revelarse contra una sociedad que la utiliza constantemente, aunque en su interior ya está instaurada la sed de venganza. Ramsay será el primero en sufrirla en sus carnes, pero no el único.

Al contrario que ella, su hermana Arya tiene claro desde pequeña que quiere aprender a luchar y que el matrimonio no está entre sus planes. Una manera de pensar que disgusta a sus progenitores y que se ha ganado el corazón de todos los seguidores de la serie. Ella, firme en sus ideales, convence a su padre para dar clases de esgrima cuando se mudan a Desembarco del Rey. Lo que parecía un pasatiempo se convierte en su oportunidad de sobrevivir cuando, tras la ejecución de Eddard, debe huir de la capital de Poniente. En el camino que las circunstancias le obligan a tomar no tiene ni un ápice de miedo.

Solo la determinación, cada vez más clara, de matar a todo aquel que ha dañado a su familia y a sus amigos. Pasa la mayor parte de la ficción sola. Entrenando con su fina espada, Aguja, y buscando a todos los que forman parte de su lista negra para terminar con sus vidas. Solo al final de la séptima temporada regresa a su casa, Invernalia, junto a sus hermanos Sansa y Bran. Son ellas quienes toman el mando del lugar de cara al enfrentamiento final por el Trono de Hierro.

Olenna Tyrell, Brienne de Tarth, Melisandre, Ygritte, Yara Greyjoy, Osha. La mayor parte de las mujeres de la saga no dejan de sufrir, pero jamás pierden su voz. Sufren violaciones, asesinatos desencadenados por los celos y extrema violencia física. Todo tipo de vejaciones desde el principio hasta el final de la ficción. Aunque muchas voces críticas lo tildan de «excesivo», el propio George R. R. Martin se pronunció al respecto: «Un artista tiene la obligación de decir la verdad. Mis novelas son fantasía épica, pero están inspiradas y cimentadas en la historia. Las violaciones y la violencia sexual han sido parte de cada guerra peleada, desde los antiguos sumerios hasta nuestros días. Omitirlas desde una narrativa centrada en la guerra y el poder habría sido falso y deshonesto».