Ciclismo

La ilusión viste de rosa

Los ciclistas del Gomur-Cantabria Infinita hicieron 140 kilómetros en su primer entrenamiento juntos. /DM
Los ciclistas del Gomur-Cantabria Infinita hicieron 140 kilómetros en su primer entrenamiento juntos. / DM

El Gomur-Cantabria Infinita afronta su octava temporada en el pelotón con su equipo más joven de siempre | Casi todos los corredores de la escuadra cántabra son de la categoría sub 23. El objetivo es enseñarles a ser ciclistas y que sean un equipo de amigos

MARCO G. VIDARTSantander

Hasta el sol, algo tan preciado en estos días en Cantabria, se quiso sumar a la fiesta. Ni una nube sobre el cielo de Puente Viesgo. Pasadas las nueve y media de la mañana, varios chavales ataviados con maillot rosa y culote largo negro empiezan a arremolinarse junto al coche del Gomur-Cantabria Infinita. «¿Qué el cambio toca en un radio? Eso no puede ser bueno. Trae acá». Alejandro González, camino de los 64 'tacos' y con un cuarto de siglo con un volante en las manos, se mete en su papel de todos los inicios de temporada. El de 'gruñón' divertido. Se lo sabe al dedillo. A la vez que arregla el desaguisado en la bici de turno, se convierte en el centro de atención de los chavales, que miran divertidos la escena. Un elemento de unión. El primero de los muchos que vendrán.

El solete en medio de la invernada invita a hacer un buen entrenamiento. El que abre una temporada de lo más ilusionante en el equipo rosa. «Por primera vez desde que soy director, casi todos son corredores de la categoría sub 23». Sólo el burgalés Ángel Fuentes, fichado esta misma semana, afrontará su primer año como élite. Y 'Jandro' está encantado. Ultima los preparativos con unos viejos amigos a los que echaba muchísimo de menos. Los pinganillos, largo tiempo prohibidos en estas categorías, vuelven a estar autorizados. «Fui de los primeros en tenerlos en Cantabria», reconoce con orgullo, mientras asegura el cable al transmisor con una simple goma. «Es la mejor manera para formar a los chavales. Lo mejor para dirigirles. A Valverde no le hace falta que un director le diga lo que tiene que hacer».

Los 'gomures' salen del Hotel Balneario de Puente Viesgo -uno de esos colaboradores silenciosos del equipo- en dirección Solares. Impone ver que, aunque van entrenando, se plantan en nada en el lugar que les espera el coche. En este primer entrenamiento de la temporada, los ojos de 'Jandro' deben ser más precisos que el ojo de halcón que se usa en el tenis. Porque la temporada está apenas a cuatro semanas de que empiece. Pero tanta mili a la hora de formar chavales hace que ese buen tino a la hora de evaluar corredores, aunque sea en unos minutos, no falle. Y le encanta lo que ve. «Es que están muy 'cuidaos'. Les veo muy bien».

«Es lo mejor para formarles, para dirigirles. A Valverde no hace falta decirle lo que debe hacer»

Equipo de amigos

Liérganes, el Alto del Caracol... La tropa rosa sigue devorando kilómetros. El grupo marcha en fila de a dos. Buen momento para que los chavales se conozcan entre ellos. Algo que facilitará el que todos tengan una edad similar. «No había casi nada adecuado entre los élite. Es difícil encontrar gente de 25 o más años que no venga ya resabiada y que sea dominante con los chavales. Y a mí eso no me gusta». El resultado, todos ellos -menos uno- de categoría sub 23. Y el objetivo a conseguir rápidamente es que el Gomur-Cantabria Infinita sea un grupo de amigos. Aún se recuerdan esos bloques rosas de 2015 y 2016, cuando se ganó la Copa de España con el 'Chava' Angulo. «Si ocurre eso, llegarán cosas bonitas. Cuando lo consigues, los resultados vienen solos. Porque se ayudan unos a otros». En Selaya, el coche del Gomur se detiene un momento para cumplir un ritual de este primer entrenamiento del año: la quesada. Aunque esta vez, no hay un alto en el camino. En la recta entre Selaya y Villacarriedo, en plena marcha, los chavales dan buena cuenta de otro de los tradicionales elementos de cohesión del equipo.

El alto de San Martín, Vega de Pas, La Braguía... A los ciclistas parece que les espolea el sol. El entrenamiento también sirve para enseñar cosas aún no sabidas. «¿Qué no sabes agarrarte al coche?», le espeta González a uno de sus corredores. Lección práctica que debe ser asimilada al momento. En las ya inminentes carreras el pelotón, a mil por hora, no esperará a nadie.

El caso de Iván

Al director del Gomur-Cantabria Infinita le cuesta personalizar. «Yo les voy a enseñar el oficio a todos», incide sin dudar. Con algo de insistencia, apunta algún nombre. El asturiano Pelayo Sánchez, el burgalés Mario Aparicio -«ojo a la planta que tiene, y no le suena a nadie»-... Pero en el Gomur forma este año la gran esperanza del ciclismo cántabro. Iván Cobo dejó su Aseguras Luyma de toda la vida para que al menos su primera temporada en el pelotón élite y sub 23 sea en casa. «Cuando me dijo que quería venir aquí, no me lo creía», reconoce 'Jandro'. Porque al vigente subcampeón nacional júnior en contrarreloj y ruta se le rifaba toda España. «Había oído cosas de él. Pero ahora que veo detalles... Es muy bueno. Un ganador. Está siempre delante. Y parece que tiene 25 años. Es un tío muy posado». Pero al punto, advierte de que Iván será uno más en el pelotón rosa. «No soy de pasar la mano a los chavales. Si lo haces, se lo creen y ya están perdidos». Además, en el Gomur hay una máxima que tampoco va a variar en este 2019. «El jefe de filas lo elegirá la carretera. Nunca lo hemos tenido, y este año, menos».

«Cuando lo consigues, los resultados vienen solos. Porque se ayudan unos a otros en las carreras»

Otro regreso a Selaya para encarar de nuevo San Martín y poner proa a Puente Viesgo completa la sesión en el día azul de los rosas. En total, unos respetables 140 kilómetros. 'Jandro' está entusiasmado. «Es que los han hecho silbando, sin parar. Hubiesen podido hacer más. Se les nota que tienen buena preparación». Gran síntoma para una temporada que arrancará el día 23 en la localidad guipuzcoana de Zumaya con una parte del equipo y, con otra, al día siguiente en el Circuito del Guadiana, en Don Benito (Badajoz). La prueba que inaugura la Copa de España. «En total haremos unos 80 días de competición, quizá 90, en todo el año», señala Bruno González, el hijo de Alejandro y que se ocupa de las labores organizativas en la escuadra rosa. El exprofesional David Gutiérrez echa un cable a 'Jandro' González en labores de dirección y Roberto Urteaga, Javier Barros y el propio Bruno, son los 'auxiliares'. Una palabra que en un equipo humilde a más no poder como el Gomur-Cantabria Infinita significa que hay que hacer un poco de todo. «Si tuviésemos el apoyo de alguna casa más... A un élite bueno hay que darle algo de dinero, aunque sea sólo para los gastos de gasolina», apunta 'Jandro' antes de rememorar aquel diciembre de 2011, cuando la empresa Gomur salvó al ciclismo cántabro de quedarse sin equipos en la categorías élite y sub 23. «Ese 'mirlo blanco'», recuerda con un sincero agradecimiento a la empresa que, como patrocinador principal, pintó el futuro de color de rosa. «Y esta será la octava temporada...». El apoyo del Gobierno regional, que a lo largo de los años también ha contribuido en buena media, «también es de agradecer». Además de esos patrocinadores más modestos, pero imprescindibles, que facilitan las cosas y la continuidad del equipo.

El punto de nostalgia deja paso a la ilusión de un crío en la mañana del seis de enero. La bisoñez y las ganas de sus 'juveniles' se le ha contagiado a 'Jandro'. «Estoy muy ilusionado y con el pinganillo, el doble. Las sensaciones son muy buenas». Al principio, seguro que esa juventud jugará alguna mala pasada. «Lo vamos a pasar mal en las primeras carreras, pero luego...». Su gran deseo sería mantener este bloque «un año más. Otra vez juntarlos a todos. Pero el año que viene me los quitarán». Entre tanto, queda todo un 2019 de entrenamientos, carreras y momentos que se pretenden sean divertidos. Para formar un pelotón de amigos color de rosa y ganar alguna carrera. Por encima de todo ello, algo que ya es una filosofía de vida. «Lo único que quiero es enseñarles a ser ciclistas».