La final de cada tres años

Imagen del último partido entre Athletic y Barcelona. /
Imagen del último partido entre Athletic y Barcelona.

Barça y Athletic se disputarán la Copa por octava ocasión con un balance de 5-2 para el club azulgrana

P. RÍOSbarcelona

Lo peor de una final de Copa del Rey entre Barça y Athletic es que de forma irremediable se volverán a mostrar las imágenes de la batalla campal de 1984 en un partido violento e ingobernable que resolvió Endika (1-0) para el entonces equipo de Javier Clemente en el Santiago Bernabéu, curiosamente la sede deseada ahora por los dos clubes por su mayor capacidad, aunque la política e incluso el forofismo deportivo amenaza esa posibilidad. Han pasado 31 años de aquellas lamentables secuencias en las que se vieron puñetazos y patadas voladoras por las dos partes con jugadores tan mediáticos de por medio como Maradona, agresiones que incluso en tiempos de una menor globalización dieron la vuelta al mundo y mostraron una sociedad española que todavía tenía muchas carencias. Lanzamiento de objetos, los sanitarios llevándose en camilla a aficionados Fue horrible, pero por lo menos el Athletic pudo celebrar su título número 23, lo que le reafirmaba en el Rey de Copas indiscutible.

En estas tres décadas, sin embargo, el Athletic no ha vuelto a bajar la gabarra por la ría con la Copa mientras que el Barça ha conquistado seis títulos, arrebátandole ese reinado con 26, las dos últimas, además, ante el propio conjunto vasco: 4-1 en 2009 en Mestalla y 3-0 en 2012 en el Vicente Calderón. En una inexplicable progresión aritmética, en 2015 vuelven a verse las caras con esa carencia de tres años.

Será la octava final entre los dos clubs históricos, con un balance de 5-2 para el Barça en las siete anteriores. Además del 1-0 en la de 1984, el Athletic también ganó 1-0 la de 1932 en Chamartín con gol de Bata. El equipo azulgrana, por su parte, además de las dos citadas de la historia reciente, ambas con Pep Guardiola en el banquillo, se impuso en las de 1920 (2-0 en Gijón con goles de Martínez y Alcántara), 1942 (4-3 en el Metropolitano de Madrid con dobletes de Escolà y Martín frente a los tantos de Iriondo, Elices y Zarra) y 1953 (2-1 en el Bernabéu con dianas de Kubala y Manchón que superaron la de Venancio).

En 2009, el título de Copa significó el inicio de la exitosa era Guardiola con aquel 4-1 en Mestalla que encarriló el triplete de aquel año y todos los títulos de los siguientes. Toquero adelantó en el 9 al entonces conjunto de Joaquín Caparrós, pero Touré Yaya empató en el 31. Messi (55), Bojan (58) y Xavi (64) sentenciaron en la segunda parte. Y en 2012, el Athletic de Marcelo Bielsa llegó fundido físicamente a una final en el Vicente Calderón que el Barça quería dedicar como despedida a Pep Guardiola por sus cuatro años al frente, ya anunciado su adiós. Pedro, con dos goles en el 3 y en el 25, y Messi, en el 20, acabaron con la emoción en menos de media hora.

Luis Enrique y Valverde buscan la primera

Ahora ya no está Pep Guardiola, tampoco Caparrós ni Bielsa. También falta Tito Vilanova, segundo del técnico azulgrana en esa etapa y desgraciadamente fallecido. Ahora son Luis Enrique y Ernesto Valverde los que buscan su primera Copa española como entrenadores, aunque el Txingurri tiene dos griegas en su palmarés con el Olympiacos. Lo que pase de aquí al 30 de mayo influirá en un partido que sólo se podrá analizar en los días previos en función de los estados de forma, de ánimo y de los lesionados.

Da la sensación de que el Athletic ya ha superado su travesía del desierto y se acerca al nivel que exhibió ante el Nápoles en la previa de la Liga de Campeones. Así, puede ganar a cualquiera. Si le entran los miedos y las dudas de principio de temporada, será difícil que tenga opciones. Fuera ya de Europa, su ventaja es que ya tiene un aliciente máximo pase lo que pase en lo que queda de Liga, siempre que no flirtee con el descenso, claro está.

El Barça sí dependerá ese 30 de mayo de los que haya pasado en Liga y Liga de Campeones. Si la Copa es la salvación de la temporada, parecerá poco en un club tan exigente, incluso perderá valor. Si es un título a sumar a otro, lo ganará. Así es el Barça, que, por cierto, podría contar con Busquets en el clásico liguero, menos grave tras su aparatosa lesión en el tobillo.