Análisis

Dembélé, un fenómeno imparable y un debate que no cesa

Ousmane Dembélé, en la acción que supuso su gol ante el Tottenham. / Foto: Paul Childs (Reuters) | Vídeo: Atlas

El barcelonismo se divide entre los que entienden que es un crack con rarezas que hay que soportar o los que exigen mano dura

P. RÍOSBARCELONA

Ousmane Dembélé crece como un fenómeno imparable en el Barça. Su indisciplina, resumida como retrasos en los entrenamientos, a veces incluso incomparecencias, al parecer por culpa de su somnolencia a falta de más detalles, comienza a ser entendida como un mal menor por los aficionados y los socios. Los que pagan quieren espectáculo y el extremo francés lo da. Su golazo ante el Tottenham le sirvió para ganarse el perdón por su última falta grave, sólo dos horas llegó tarde al entrenamiento del domingo. Otros piden mano dura lamentando el mal ejemplo que da a los jóvenes y las puertas que cierra a canteranos más profesionales.

La noticia en el día después fue que Dembélé llegó puntual al entrenamiento, incluso fue de los primeros. Las cámaras le estaban esperando en la puerta el párking de la Ciudad Deportiva Joan Gamper por si se despistaba otra vez. Existe un morbo absoluto con todo lo que le rodea. No logrará evitar una multa ejemplar del club por sus pecados anteriores (se habla de 200.000 euros por reiteración), pero parece que Ernesto Varderde cambia su estrategia con él. Lo dejó en la grada tras su anterior acto de indisciplina que se hizo público y el Barça perdió 3-4 ante el Betis. Lo mantuvo en el campo en este caso y se salió con un golazo inolvidable. Tiene talento, velocidad y desborde. Es diferente. No se puede desperdiciar ese potencial.

Con Dembélé es todo tan explosivo, en el césped y fuera de él, que ahora se sospecha que detrás de las filtraciones del club sobre sus retrasos (los entrenamientos son a puerta cerrada y nadie se enteraría) hay un interés en dejar claro a los aficionados quién es el malo de la película en el caso de que se fuerce su marcha y se acelere el regreso de Neymar. La teoría es rocambolesca, pues el club necesita recuperar la inversión de más de 100 millones que hizo por él y destapar su indisciplina no ayudaría a venderle a un buen precio. Y que Neymar pueda volver al Barça es una quimera. Pero lo disparatado vende y está ayudando a que Dembélé gane adeptos entre los barcelonistas, siempre ávidos de emociones fuertes y encariñados con perfiles similares en el pasado como los de Romario y Ronaldinho.

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Esta semana se ha sabido que el club estaba al corriente de su forma de ser y de su complicado entorno cuando le fichó, pero decidió arriesgar ante su gran calidad. De hecho, se declaró en rebeldía para irse del Borussia Dortmund al Barça como hizo un año antes para salir del Rennes al club alemán. Por lo menos ya se intuye cómo forzará un día su adiós al Camp Nou si ese fuese su deseo. De momento, a disfrutarlo. O a sufrirlo armándose de paciencia…

 

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