El Sevilla allana el camino a la «quinta»

Los jugadores del Sevilla celebran un gol. /
Los jugadores del Sevilla celebran un gol.

Emery le dio una lección táctica a Valverde en un encuentro decidido por la gran pegada del equipo sevillano

LUIS F. GAGOSevilla

En la previa de la ida de los cuartos de final que dirimirán qué equipo español estará presente en las semifinales, el mayor temor estaba en saber cómo aguantaría el césped del nuevo San Mamés. Sin embargo, la mayor preocupación real estuvo en la lluvia caída durante todo el choque entre el Athletic y el Sevilla, que provocó numerosos errores y tropiezos que podrían ayudar a unos y perjudicar a otros en el primer asalto por seguir en el camino hacia la gran final en Basilea. Una estrecha línea entre la derrota y la victoria que atravesó a lo grande el Sevilla, asaltando el feudo bilbaíno tras el remontar el tanto inicial de Aduriz con los goles de Kolo e Iborra.

1  Athletic de Bilbao

Iago Herrerín; De Marcos, Balenziaga, Etxeita, Bóveda; San José, Beñat, Eraso (Borja, min. 68), Muniain (Lekue, min. 62), Williams (Susaeta, min. 62); y Aduriz.

2 Sevilla

David Soria; Coke, Rami, Kolo, Tremoulinas (Fazio, min. 12); Krychowiak, N'Zonzi, Vitolo, Krohn-Dehli (Konoplyanka, min. 65), Banega (Iborra, min. 74); y Gameiro.

goles
1-0: min. 47, Aduriz. 1-1: min. 55. 1-2: min. 83, Iborra.
árbitro
Mark Clattenburg (Inglés). Amonestó con tarjeta amarilla a Balenziaga, Rami, Vitolo, Banega y De Marcos.
incidencias
Partido de ida de cuartos de final de la Liga Europa. Prácticamente lleno en San Mamés.

En esa cadena de contratiempos que apuntaba hacia los dos clubes, el primero que sufrió las consecuencias de la mala suerte fueron los sevillistas. Tremoulinas se lesionó a los diez minutos de comenzar el duelo tras una jugada fortuita que demostraba la importancia de calentar bien antes de enfundarse las botas para el combate. Su puesto lo ocupó Fazio como central y Kolo como lateral izquierdo. Una jugada peligrosa de Unai Emery, al que no se le puede pedir dotes adivinatorias, pero quien quizá tuvo que ser más precavido y o haber dejado a Escudero, el único lateral zurdo del equipo, fuera de convocatoria.

Con la dupla Rami y Fazio en el centro y el francés en la banda izquierda, los sevillistas hicieron peticiones extras al cielo para pedir clemencia, mientras que los bilbaínos olieron la sangre, como buenos leones. Porque el jugador argentino del Sevilla, nada más entrar el campo, lo primero que hizo fue resbalarse y regalar una jugada clara de gol a Aduriz. Para fortuna nervionense, el máximo goleador del Europa League no estuvo hábil en esta ocasión.

 Ante tal perplejidad defensiva, los vizcaínos dieron un paso adelante esperando finiquitar el choque por la vía rápida en la ida. El susto en la primera mitad se lo llevaron por parte de Banega y Gameiro, los únicos que generaban peligro en el bando visitante. El argentino dio en el palo para enfriar aún más el graderío y el francés pidió dos penaltis, que más bien fueron faltas fuera del área. Antes del descanso, Beñat puso el primer tanto en la cabeza de Aduriz, pero de nuevo el ariete no estuvo acertado, al mandar la pelota al travesaño, para alegría del joven David Soria.

máS INFORMACIÓN

Para la vuelta de vestuarios, Valverde se preocupó en avisar a sus chicos que la defensa sevillista era endeble y que si no lo aprovechaban podrían pagarlo en la vuelta del casi inexpugnable Sánchez-Pizjuán. Emery solo pudo centrar sus esfuerzos en dar órdenes a un saturado y sobreexpuesto Fazio, al que se le notaba fuera de toda idea sobre lo había en juego. El primero en hacer caso a su técnico fue Aduriz, que nada más reanudarse el partido marcó ante la pasividad de la zaga hispalense. Por fortuna para los sevillanos, Munain decidió dar un regalo a Banega al intentar enviar un pase a Herrerín. El centrocampista blanquirrojo solo tuvo que dársela a Kolo para empatar un duelo hermoso y tenso a partes iguales.

Con el 1-1, el carrusel de cambios llegó desde los banquillos. Sobre todo por parte del Athletic, al que sentó como un jarro de agua fría el tanto sevillista por inesperado, ya que lo tenía totalmente controlado. Entre esas nuevas salidas no tuvo fortuna de entrar Llorente, que vio incumplido su deseo de volver a pisar el nuevo césped de la que fue su casa. Un grado menos de tensión para un choque que finalizó en alto voltaje. Iborra marcó cerca de la conclusión al borde del fuera de juego. Un gol que avivó la llama en la antorcha del Sevilla, que espera llevarla hasta Basilea con la consecución de la ansiada quinta Europa League.