Jürgen Klinsmann, contra viento y marea

Klinsmann saluda a la afición./
Klinsmann saluda a la afición.

El alemán es fiel a su juego hasta la obsesión, pero siempre termina cambiando las críticas por halagos

ALBERTO GARCÍA

Jürgen Klinsmann (Göppingen, Alemania, 30 de julio de 1964) tiene todavía mucho que trabajar para que su labor como técnico borre sus recuerdos como jugador. Campeón del Mundo y de Europa, es junto a Ronaldo el único jugador que ha marcado al menos tres goles en tres citas mundialistas consecutivas.

Como seleccionador de su país entre 2004 y 2006, Klinsmann tuvo que reconstruir y rejuvenecer un equipo venido a menos. Como buen delantero, apostó por el ataque, por los jugadores y no por los nombres, lo que le llevó a enfrentarse, entre otros, al intocable Oliver Kahn o al todopoderoso diario Bild. Aunque llegó a semifinales en el Mundial de Alemania, donde cayó en la prórroga con Italia, y convirtió las muchas críticas en condecoraciones después de conseguir la tercera plaza, decidió no renovar su contrato.

Al frente de Estados Unidos ha tenido otra vez que reinventar un equipo y trabajar sin descanso para convertir las acusaciones, que llegaron tras las primeras derrotas, en alabanzas. Ni sus jugadores comprendían su obsesión por la disciplina, por controlar la pelota, por las transiciones rápidas o por la presión al rival. Después llegaron los resultados, las 11 victorias consecutivas, la Copa de Oro de la Concacaf y el primer puesto en su grupo de clasificación que valía la séptima comparecencia consecutiva de Estados Unidos en un Mundial.