España muere en la ruleta rusa

España muere en la ruleta rusa

El equipo de Fernando Hierro, impotente hasta la desesperación, se condena a los penaltis y queda eliminado del Mundial

JON AGIRIANOEnviado especial. Moscú

Cayó España con crueldad en Moscú ante una Rusia pobrísima que salió al partido a buscar la tanda de penaltis, la encontró y ganó. A ello contribuyó una selección española plana y sin luces, cuyo larguísimo ejercicio de impotencia durante los 120 minutos en el estadio Luzhniki será difícil de olvidar. No es que mereciera caer eliminada, no es eso. Fue superior a un rival que no vio prácticamente a De Gea hasta los penaltis. Lo terrible, lo que indica el grado de misteriosa involución que ha experimentado el fútbol de La Roja en apenas un mes, es que se viera empujada hasta el abismo de un cara y cruz cuando lo que tenía enfrente era una banda a la que debía golear. Hasta Irán y Marruecos parecieron de más enjundia que los pupilos de Cherchesov.

El mazazo fue terrible y apunta a todo los responsables del equipo. Se recordará que Koke y Aspas fallaron los penaltis decisivos, ambos muy bien despejados por Akinfeev, el héroe local, pero no será justo. Hubo otros culpables. Y no es que señalemos a De Gea, aunque sea inevitable certificar que ni siquiera este domingo, cuando el fútbol le presentó en bandeja una situación ideal para reivindicarse de las justas críticas recibidas durante el Mundial, supo hacerlo. No vio ninguno de los cinco lanzamientos de los rusos. La responsabilidad es general y alguien deberá explicar, antes de que se empiece hablar del nuevo ciclo, qué es lo que ha pasado para que este, que tanto prometía, haya acabado de una manera tan desagradable.

1 España (3)

De Gea; Nacho (Carvajal, m.70), Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Busquets, Koke; Isco, Silva (Iniesta, m.66), Marco Asensio (Rodrigo, m.104); y Diego Costa (Iago Aspas, m.80).

1 Rusia (4)

Akinféev; Mario Fernandes, Kutépov, Kudriashov, Ignashévich, Zhirkov (Granat, m.46); Zobnin, Kuziáev (Erokhin, m.97); Samédov (Chéryshev, m.61), Golovín y Dzyuba (Smolov, m.65).

GOLES
1-0, m.11: Ignashévich en propia puerta. 1-1, m.41: Dzyuba.
Tanda de penaltis:
1-0: Iniesta. 1-1: Smolov. 2-1: Piqué. 2-2: Ignashévich. 2-2: Koke falla. 2-3: Golovin. 3-3: Ramos. 3-4: Chéryshev. 3-4: Aspas falla.
Árbitro
Bjorn Kuipers (Holanda). Amonestó a Piqué (40) por España; y a Kutépov (54), Zobnin (71) por Rusia.
Incidencias
Encuentro de octavos de final del Mundial 2018, disputado en el estadio Luzhnikí lleno, con 78.011 espectadores, 3.000 de ellos españoles. El rey Felipe VI y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, encabezaron la relación de autoridades del palco de honor.

Fue el de Moscú el partido de las sorpresas, todas desagradables para España. La primera la provocó Fernando Hierro, que contra todo pronóstico, aparte de alinear a Koke, hizo dos cambios importantes en el once, uno lógico pero inesperado y otro inimaginable. El primero fue meter a Nacho en lugar de Carvajal confiando en apuntalar en defensa el lateral derecho. El segundo, prescindir de Iniesta. Fue una sorpresa todavía mayor que la de Vicente del Bosque hace cuatro años, contra Chile en Maracaná, cuando prescindió de Xavi. Y ya saben cómo acabó. Hierro no debe creer en las supersticiones. Ya con el balón en juego, la sorpresa la deparó la selección rusa, que convirtió en papel mojado todas las previsiones de la jornada previa. Ya saben, las que apuntaban a que España se encontraría con un rival valiente, dispuesto a provocar un zafarrancho.

El equipo de Cherchesov hizo justo lo contrario. Demostrando más miedo que vergüenza, se metió en su campo a cuidar la madriguera. Una vez al día, eso sí, el conejo ruso salía a buscar comida y pegaban un balonazo al gigante Dzyuba. Este era el guión de los anfitriones. Y lo debían tener muy interiorizado porque lo siguieron cumpliendo a rajatabla, como un mandamiento, incluso cuando España cobró ventaja. Fue en el minuto 12, tras un saque de falta de Asensio que el veterano Ignashevich, de 39 años, introdujo en su propia portería acosado por Sergio Ramos.

El gol, curiosamente, tuvo un efecto narcótico que acabó perjudicando el fútbol de los españoles. Tan poco exigidos se sentían, tan cómodos tocando y tocando de aquí para allá en zonas intrascendentes, que el partido comenzó a adquirir un mal cariz. Suele ocurrir cuando España se amuerma y lo ve todo demasiado fácil. Sin querer, rumia que te rumia, el equipo empieza a provocar bostezos. Incapaz de crear peligro en la portería de Akinfeev, con Silva desconectado, Asensio en estado gaseoso, Isco conduciendo en exceso y Diego Costa ausente, quedó expuesto a una fatalidad. Y se produjo de la única manera posible: en una jugada a balón parado. Unas manos tontas de Piqué en un córner, desviando un cabezazo de Dzyuba, significaron el empate después de que el propio gigantón del Arsenal Tula convirtiera el penalti. Quién le iba a decir a España que ese gol iba a ser su sentencia de muerte.

Sin novedades tras el descanso

Todo siguió igual tras el descanso. Una tufarrada de impresión. España aburría a los ovejas y Rusia esperaba. Había trazado su plan y no se movía un milímetro. Hasta los dos cambios casi seguidos que hizo el seleccionador ruso, dando entrada Cherishev y Smolov cerca de la hora, parecían previstos de antemano. Quizá también los de Hierro, pero el caso es que reaccionó tarde. Su cirugía debió llegar en el descanso. Y es que era una emergencia cambiar la dinámica de la selección, que parecía hipnotizada por el péndulo de sus propios pases inanes, incapaz de lograr la más mínima profundidad. Entraron Iniesta y Carvajal, más tarde Aspas, pero aunque entre el de Fuentealbilla y el de Moaña crearon en el minuto 85 la mejor oportunidad de la segunda parte, obligando a lucirse a Akinfeev, todo siguió manos o menos igual. Encerrada en su campo, Rusia se defendía esperando la prórroga. Y los penaltis.

Como táctica era una temeridad, pero los anfitriones debieron considerarla la única posible ante un rival que temían muchísimo. España tuvo claro a lo que jugaba Rusia. Lo que no tuvo fue el cuajo, el talento y la inteligencia de superarla, de quitársela de encima como una mota de polvo de la solapa, al estilo de lo que hizo Uruguay. Su ejercicio de impotencia fue desolador, desesperante. Generó un par de ocasiones en la prórroga, la mejor una de Rodrigo, que fue el cuarto cambio, en el minuto 109. Sí, mereció la victoria. Se escudaron en ello el seleccionador y los jugadores. El problema es que eso, merecerlo, no tenía ningún mérito. Eso estaba al alcance de cualquiera. El mérito era ganar. Justo lo que España no supo hacer ante el anfitrión de un gran torneo. Una vez más.

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