La Gimnástica cumple su sueño

La Gimnástica cumple su sueño
Alberto Aja

Un remate de Palazuelos evita el sufrimiento y dirige al decano del fútbol cántabro al ascenso a Segunda B

Marcos menocal
MARCOS MENOCALPalma de Mallorca

Tan cerca y tan lejos; el fútbol impartió esta mañana un tratado de emociones en Son Bibiloni. Una montaña rusa de sentimientos que se vuelve cruel cuando baja y no hay quién la pare cuando sube. Tan pronto uno se convierte en héroe como se vuelve villano. La Gimnástica pasó por todos los estados de ánimo para quedarse con el único que le sirve: la felicidad. Saltó al campo con las cosas casi hechas, se le puso todo en contra y, de repente, resurgió. El decano del fútbol cántabro vuelve a la Segunda B sufriendo, fiel a su DNI. Mediada la segunda parte el sueño del ascenso se le escapaba sin darse cuenta y un golazo de Rubén Palazuelos en el peor momento detuvo la sangría. Sangre, a eso no le ganó el rival. A base de coraje, los blanquiazules apagaron a un equipo de mentirijillas que jugó bien al fútbol, pero al que le falta lo que siempre tendrá la Gimnástica. Tuvo que ver de cerca el infierno para darse cuenta del camino hacia el cielo y a partir de solventar el momento más crítico de la eliminatoria todo pasó a ser un mal sueño.

2 Mallorca B

Ferri; Gerardo, Pierre, Nadal (Min. 57. Víctor), Jaume Pol, Fran (Min, 65. Pablo), Toni Jou, Antonio, Rodado, Enzo y Pascual.

2 Gimnástica

Álex, Fer, Camus, Luis Alberto y Cote, Víctor, Vitienes, Palazuelos, Nacho Rodríguez, Cagigas (Min. 65. Javito) y Fermín.

Goles:
1-0, min. 30. Jaume Pol. .2-0, min. 49, Rodado. 2-1, min 51, Palazuelos. 2-2, min. 76, Cote.
Árbitro:
Fernández Pérez (C. Catalán). Amonestó con tarjeta amarilla a los jugadores del Mallorca B a Jaume Pol, Pascual y, por parte de la Gimnástica a Vitienes
El Público:
Instalaciones de Antonio Asensio, (Son Bibiloni). Césped en perfecto estado. Alrededor de 500 personas ocuparon las gradas y entre ellos aproximadamente un centenar de seguidores de la Gimnástica que se situó en una de las esquinas del estadio.

Las nubes son blanquiazules, quizás por eso le echaron un capote al equipo poniéndose delante del caprichoso sol. Mandaron a por un recado al sol y nivelaron las fuerzas. Con 17 grados es más fácil jugar al fútbol que con los 26 que decían los pronósticos. De hecho, se tomaron tan en serio lo de cargarse el calor que en los prolegómenos cayeron unas cuantas gotas que refrescaron el ambiente y la memoria. Esta última le chivó a Pepe Gálvez, otrora ese delantero patilargo y de poco pelo y ahora técnico del filial del equipo de su vida, que debía arriesgar. No defraudó a los suyos. Cuando no queda otra que atacar, sobran defensas. Gálvez redujo su retaguardia a tres centrales y a sus dos laterales les dio libertad y pasaporte en las bandas. El desastre de El Malecón le sirvió al Mallorca B de advertencia y apostó por cambiar de guión. Por eso a sus dos carrileros les modificó el contrato y les prohibió mirar para atrás.

Por su parte, Pablo Lago mantuvo su círculo de confianza; repitió el once inicial. En el fútbol hay señales que insinúan más que dicen y a los tres minutos de partido la película ya tenía un hilo conductor: el Mallorca B con prisa y nervioso, la Gimnástica ordenada y a la espera. Los de Lago sin la necesidad de correr tanto como en Torrelavega y los bermellones obligados a hacerlo con y sin sentido. Sin embargo, un mano a mano que Álex le sacó a Pierre detuvo el reloj. Primer aviso. Miedo. Los locales compraron el balón y ya no lo devolvieron. Se adueñaron del partido, marcaron el ritmo y se sacudieron los nervios, pero pese a hacerlo todo bien lo hacían muy lejos de la portería de la Gimnástica. Una amenaza se suaviza cuando no pasa de la intimidación; los locales llegaban a la zona de medios con mucho furor, pero a partir de allí se empotraban con un equipo muy serio.

La pizarra de Lago tenía muchos menos garabatos que la de Gálvez, pero se entendía mejor. No hacer nada que no se domine, sin improvisación y paciencia. Mucha paciencia. Las tres normas del asturiano ni tan siquiera hay que escribirlas, se aprenden y ya está.

Hay partidos en los que se renuncia a lo que uno sabe hacer en función del resultado final. Uno de esos fue el de ayer. Por eso el Mallorca B movió el balón de lado a lado, pero no filtró un sólo pase interior con cierta maldad. Con un escenario tan hermético sólo queda el balón parado para salir del hastío y eso fue lo que ocurrió. El Mallorca B colgó el balón en busca de sorprender y un error defensivo le dejó a Jaume Pol el balón en bandeja. Los goles y el reloj no tienen reglamentos y afectan a cada cual a su manera. Al que gana le dan cuerda y al que pierde les borra la partitura. La Gimnástica, como el boxeador al que le llega un mano perdida al rostro, miraba la esquina asfixiado. Un descanso que ordenase lo que el gol inicial había desordenado pasaba por ser la tabla de salvación a la que agarrarse momentáneamente. En los últimos minutos los cántabros perdieron la memoria y se olvidaron de lo que saben hacer;se convirtieron en un equipo temeroso, vulnerable e incapaz. El Mallorca B, por su parte, olió sangre y dominó con facilidad a su rival. Robándole segundos al minutero y a tientas, los de Lago asomaron al burladero del vestuario, con la mente en blanco. Sin nada que recordar y con cierto temor metido en el cuerpo. Ni un sólo susto, ni un amago. Sólo con orden no se amilana a un rival necesitado y sin nada que perder, por eso el técnico blanquiazul mandó al autobús a uno de los suyos a por el plan B. Debió tardar en venir el emisario porque los primeros instantes del segundo acto fueron de infarto.

Todo cambió

La vida en un minuto, corazón de trapo. Rodado heló la sangre al rebañar el balón y subir el segundo al marcador. El abismo. La delgada línea entre el éxito y el fracaso. 111 años retumbando. Sufrimiento. Y de repente... Camus pone un balón y Rubén Palazuelos se eleva empujado por una fuerza misteriosa. El cántabro remata inapelable a la red el balón y de paso los miedos de una afición con tembleque. El mariscal de la Gimnástica cambió el devenir de la historia con un salto inmaculado y un remate certero. Fue en el peor momento, no obstante fue lo mejor que ocurrió. Caprichos. Al Mallorca B le cayeron encima cien kilos de presión, los mismo que se quitaron de un plumazo los jugadores gimnásticos.

Y con la historia dada la vuelta llegó el definitivo plan C. Gálvez se la jugó y colocó una defensa de dos hombres absolutamente testimonial y señaló la portería de Álex. Las apuestas se ganan o se pierden, nunca hay gloria para todos. Con el gallinero revuelto fue la Gimnástica la que se llevó la de los huevos de oro. Un balón sin dueño en el corazón del área de un desapercibido Ferri lo recogió Cote para darse una media vuelta torera y empatar el partido y sacar el pasaporte a la felicidad; para un club que se ha reído tanto como ha llorado en los últimos años. El lebaniego regaló años de vida a todos los que en el descanso se habían conectado a un sufrimiento consentido. Cote corrió hacia una banda hasta que se topó con un Pablo Lago que pasaba por allí. La centena de blanquiazules que poblaban la grada saltó y el abrazo fue tan grande que el árbitro se guardó las tarjetas. Despistado y aturdido, el trencilla prefirió no romper un momento tan delicado, se puso de perfil y señaló el centro del campo. Entendió que con él no iba aquella fiesta. Inteligente. Dejó que la disfrutaran sus protagonistas.

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