Fútbol | Gimnástica

A las puertas del infierno

Dani Mori dirige a sus jugadores durante una de sus sesiones preparatorias en El Malecón./Luis Palomeque
Dani Mori dirige a sus jugadores durante una de sus sesiones preparatorias en El Malecón. / Luis Palomeque

La Gimnástica se enfrenta al Langreo (Nuevo Ganzábal, 18.30 horas) en un partido condicionado por el duelo de Irún y con una plantilla mermada por la ausencia de cuatro jugadores

Adela Sanz
ADELA SANZTorrelavega

En Torrelavega aguardan este partido frente al Langreo (Nuevo Ganzábal, a las 18.30 horas) con la incertidumbre que genera siempre el hecho de no depender de uno mismo. Cuando el propio futuro queda en manos de un tercero la tranquilidad, por relativa que sea, cede su lugar a la angustia, que se apodera de las propias fuerzas. No es una situación fácil de sobrellevar, pero no queda otra que hacerlo y hay que estar preparados para cualquier eventualidad, sea esta la que sea. La Gimnástica viaja para ganar. Ese es su único propósito, más allá de que hacerlo sirva de algo o solo para cosechar tres puntos que ya no sirvan para nada. El hecho de que el Real Unión, que ocupa plaza de promoción y aventaja en siete puntos a los blanquiazules, reciba en su estadio al Vitoria -equipo empatado en la tabla con la Gimnástica a 31 puntos- dos horas y media antes (Stadium Gal, a las 16.00 horas), puede arrebatarle su razón de ser a un encuentro que podría pasar de vital a intranscendente.

Resulta complicado afrontar una situación así en la que uno carece del control, eso está claro. Pero también es cierto que ese hecho no puede condicionar de antemano la disposición de unos jugadores y un cuerpo técnico que, mientras desconozcan en qué situación real se hallan, tienen que centrarse y pensar en el partido con la mayor atención, con toda la fe de que sean capaces. Independientemente de lo que suceda en Irún la situación ya es de por sí complicada. A falta de tres jornadas los blanquiazules están obligados a ganar los tres partidos que les restan y además esperar a que quienes les preceden apenas sumen. Dani Mori ha optado por no mirar más allá de lo que depende de él. Fiel a una de las máximas del filósofo estoico Epicteto, sabe que hay cosas que dependen de uno y cosas que no, y que la actitud más sabia es centrarse solo en las primeras.

De los torrelaveguenses no depende lo que suceda en Irún ni llegar al partido salvados o descendidos. Tampoco la manera en la que el Langreo, que no se juega gran cosa -es décimo con 46 puntos y transita en la cómoda zona de nadie-, decida enfocar el choque. Ni siquiera, llevado el razonamiento al extremo, el resultado final del mismo, en el que intervienen diversos factores. Y en este sentido el técnico asturiano ha optado por pensar en lo mejor y actuar en consecuencia. A lo largo de la semana ha planteado el encuentro con el propósito de ganar y volver a casa con los tres puntos. Consciente de la dificultad intrínseca que acarrea batir a un oponente superior, que en la primera vuelta se mostró superior a la Gimnástica a la que derrotó 0 a 2, y encima en su propio estadio, lo hace además con el equipo mermado por las bajas. A las ya consabidas de Docal y Nacho Rodríguez, lesionados hasta final de curso, se han unido las de Cristian, que fue expulsado la pasada jornada y que tampoco jugará en lo que resta de campaña, y Leandro, quien vio dos amarillas en ese mismo encuentro y que, por primera vez desde que llegó en el mercado invernal, no estará en una convocatoria.

La Gimnástica no depende de sí misma y podría comenzar el encuentro ya descendida si el Real Unión derrota al Vitoria en Irún

No ha sido una gran semana en el apartado físico para los jugadores blanquiazules. Los centrocampistas Hugo Vitienes, Rubén Palazuelos y Alberto Gómez han padecido molestias más o menos graves durante estos días, hecho que ha condicionado al entrenador gimnástico tanto a la hora de confeccionar la lista de convocados como la alineación inicial.

Así pues, el once que saldrá al césped del Nuevo Ganzábal se halla sometido a la dictadura de la estrechez, a pesar de que dentro de la misma caben aún unas cuantas variaciones. Lo que parece seguro es que Álex Ruiz estará bajo palos y por delante una linea de cuatro que probablemente compongan Luis Alberto y Ramiro Mayor como centrales y probablemente Fer y Fermín en las bandas, salvo que Mori opte por situar ahí a Camus y Jaume Pol, como ya hiciera en Durango.

Apuesta a ganar

En el centro del campo, salvo sorpresa táctica, se situarán Cusi y Palazuelos, siempre que este último se encuentre plenamente restablecido de su sobrecarga muscular, acompañados de Alberto por la derecha y de Rozas o bien Víctor por la izquierda. Ausente Leandro, Diego Rozas podría adelantar su posición desde la banda izquierda y situarse como segundo delantero por detrás de Primo, lo que abriría las puertas de la titularidad a Víctor, que ya ha jugado abierto a la izquierda varias veces esta temporada. En caso de que Rozas se quedase en su posición de interior zurdo, podría ser Dani Salas, quien ha cuajado buenos encuentros en las últimas fechas, el que acompañara a Primo en la punta del ataque.

El Langreo, entretanto, afronta el partido en el otro extremo emocional. Sin agobios, sin el filo del hacha oscilando de un lado al otro sobre su cabeza, el conjunto asturiano aguarda con la tensión justa. Sus preocupaciones son otras. Sabedor de que ha cumplido su objetivo inicial de la temporada, que no era otro que lograr la permanencia en su retorno a Segunda B, ahora su lucha se reduce a mejorar sus números y recuperar la senda del triunfo, de la que se ha apartado hace unas jornadas. Y es que el conjunto que dirige Hernán Pérez no camina precisamente sobre un campo de rosas. No solo cuenta sus tres últimos partidos por derrotas, sino que además solo ha sumado cuatro puntos desde principios de marzo. Logrado su propósito de mantener la categoría, ha perdido fuelle y poco a poco ha ido deslizándose hacia la zona media. La Gimnástica afronta, pues, un partido extraño porque no sabe qué se va a encontrar enfrente. Tal vez un rival adormilado que se deje llevar por la inercia, inapetente y desmotivado. O quizás un oponente herido en su orgullo, decidido a rectificar el rumbo y escribir un final distinto, más luminoso, a su buena campaña. Lo que sí se encontrará es a un equipo compacto, que sabe imprimir un fuerte ritmo a los partidos y cuyo fuerte es el juego por el interior.

Claves para salir victoriosos de la empresa hay varias, pero una de las principales será salir con fuerza, no dejarse arrastrar por el oponente y tratar de no encajar en la primera media hora. Conseguida la empresa, y en caso de que sirva para algo más allá de para satisfacer el orgullo competitivo, ya habrá tiempo más tarde de seguir afrontando nuevas situaciones cuando estas lleguen. También pudiera ser que todo esto careciera a fin de cuentas de relevancia, que la victoria o la derrota resultaran indiferentes, pero ese es un panorama que en el seno de la Gimnástica han decidido no contemplar. Su apuesta, como no podía ser de otra forma, ha consistido en preparar bien el partido como un hecho en sí mismo, sin prestar atención a los factores ajenos, y dejar todo lo demás en manos de la providencia, limitando su acción en este sentido a confiar y esperar. Más allá de eso, no hay nada.