Carolina Marín: «Miedo no sé si me tienen; lo que sí que me tienen es ganas de ganarme»

Marín, después de un entrenamiento. /
Marín, después de un entrenamiento.

bicampeona del mundo de bádminton

JAVIER BRAGADOMadrid

Carolina Marín (Huelva, 15-6-1993) apenas se sale del guion. El entrenador Fernando Rivas pautó su carrera para ser campeona del mundo y ella adelantó el plan varios años. Reforzada por el exitoso resultado ahora se mantiene en la línea de la exigencia mental y física casi de un modo robótico. En la pista siempre tiene un plan. O dos. O tres. Y una mentalidad férrea detrás de la mejor zurda del bádminton. Atrás queda aquella niña a la que tenían que llamar por los altavoces de El Corte Inglés cuando se escapaba de su madre. Hoy presenta productos de belleza en el mismo centro con seriedad y sostiene el escudo de la madurez y de los secretos para no aparecer débil en público. Sólo baja sus defensas en pocas ocasiones, aquellas en que sus explosiones de júbilo son sonoras y sinceras.

La trayectoria junto a su entrenador siempre ha estado asociada a la innovación. ¿Qué ha preparado para Río 2016?

Cambios en particular no te puedo contar porque los vamos a hacer en los Juegos Olímpicos, pero sí que hemos hecho cambios en la preparación física con máquinas nuevas con las que estamos trabajando. También en cuanto al estilo con el que voy a innovar en los Juegos.

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Hay que cambiar porque a usted ya la conocen mucho.

Efectivamente. Por eso es importante hacer un cambio. En los eventos importantes hemos llevado siempre a cabo un cambio para sorprender.

Siempre que se acerca un gran torneo usted se lesiona un par de meses antes. Esta vez se ha roto la maldición. ¿Es un buen signo?

De momento. Este año tuve una rotura que me pude recuperar en dos semanas, pero me están respetando. Estamos haciendo una preparación muy, muy, muy exigente; llevando el cuerpo al límite y por eso ya te digo que seguro que llegaré en las mejores condiciones a Río.

Uno de los ejercicios para su preparación suele consistir en un duelo virtual contra sí misma. Entonces puede ver sus puntos fuertes y ponerse en el lugar de sus rivales... Así que si tuviera que enfrentarse a Carolina Marín en la vida real, ¿qué es lo que temería?

No me gustaría enfrentarme a Carolina por la agresividad que muestra en la pista y por lo competitiva que es.

¿Recuerda el momento en que cambió su carrera deportiva?

El momento de inflexión fue, si no recuerdo mal, en 2013. Fue un (torneo) internacional de España en Madrid y perdí en la final contra mi compañera Beatriz Corrales. Nunca había perdido contra ella, ni antes ni después, y ese partido lo perdí justamente. Me hizo ver las cosas de mejor manera y sobre todo me hizo espabilar. Para llegar a conseguir lo que yo quería tenía que dar un cambio brutal.

Otro punto fundamental sería el día que derrotó a una jugadora china, la potencia dominadora del bádminton.

El primer día que gané a una china fue justamente en el Campeonato del Mundo de 2014 que gané. Fue en segunda ronda y me había ganado en el último torneo en semifinales. La teníamos estudiada de arriba a abajo todos los golpeos que hacía y eso me impulsó a darme más confianza para las siguientes rondas de la competición.

¿Observa más miedo en la rivales desde que es campeona?

Miedo no sé si me tienen. Lo que sí que me tienen es ganas de ganarme. Que de repente aparezca una europea, una española de ahí de la nada (porque ha habido danesas pero nunca hubo españolas) que destaque, que esté ahí arriba, que haga lo que hago a día de hoy, pues les da ganas sobre todo de ganarme y por eso me tienen tan bien estudiada.

¿Podría elegir sus tres mejores partidos?

(Suspira) La final del Campeonato del Mundo de 2014... (piensa unos segundos). Tengo tantos partidos... Es que la final de 2014 fue muy importante, lo visualizo muchas veces porque de una situación tan difícil de repente dar la vuelta a todo y cambiar y luchar aun estando yo ya reventada y sin fuerzas y sin nada, es lo que motiva. Otro serían las semifinales del Campeonato del mundo del año pasado. Fue un partido muy malo, pero fue también otra situación muy dura de la que tuve que salir. Con 13-8 abajo en el tercer set yo estaba muy nerviosa, con mucha presión, con ganas de ganar pero con la presión del miedo a perder. Eso también me hizo dar un vuelco a mi cabeza. Me tuve que tranquilizar de una manera u otra. Incluso aquella noche lloré a horas de la final. Otro que disfruté mucho porque salió todo redondo fue la final del año pasado porque lo habíamos planificado todo muy bien, habíamos entrenado incluso para ello y salió todo redondo. El plan de juego salió todo perfecto y la actitud con la que me enfrenté al partido también fue perfecta.

Su técnico, Fernando Navarro, la coloca en la recta de 100 metros de la pista de atletismo del CSD para formar una metáfora de la situación actual de su carrera. ¿Dónde está ahora?

Estamos solamente a 10 metros de la meta. Eran unos Juegos Olímpicos. Nos pusimos después de Londres a principio de la recta.

Él mismo fomenta una fama de entrenador duro. ¿Es real?

Es muy duro, es muy duro (sonríe para confirmar que no está bromeando). Pero creo que tienen que ser así porque si un entrenador no es tan duro como es él, un deportista no llega adonde queremos llegar. Es una persona muy exigente.

Estudian hasta las corrientes de aire del pabellón en que van a jugar. ¿Importan tanto las condiciones en un campo tan pequeño?

Se nota, se nota. Es lo que tiene tener un volante que pese tan poco (ríe).

¿Tiene ganas de ver a Rafael Nadal en Río?

No me gusta incordiar nada a nadie, pero sé que por la villa me lo encontraré. Seguramente hablaremos porque ya nos hemos encontrado otras veces y hemos hablado, pero al final es uno más entre todo el equipo. Me hace mucha ilusión encontrarme con otros deportistas.

Bueno, usted es otra estrella.

Yo no lo sé (suelta una carcajada).

Pero es un ejemplo, pionera que señalan otros deportistas.

Todavía no soy consciente de eso. Hasta el día que no me retire de jugar al bádminton no seré consciente de todo lo que he hecho. Yo me sorprendo por gente que ha ganado un Campeonato de España o por ejemplo, Bruno Hortelano, que era algo muy complicado y era un Campeonato de Europa. Yo he ganado dos Mundiales, pero no sé, al final uno no es tan consciente y le da más valor a otros deportistas.

Por cierto, asegura usted que cuando era pequeña era muy «pillina». Cómo ha cambiado la cosa.

La vida cambia, la vida cambia (ríe)... Es lo que tiene también independizarse desde muy pequeña, con 14 años.. Ya llevo en Madrid nueve años y sola, por así decirlo. La vida te da muchas vueltas y maduras tú sola.

Si no, no habría sido campeona del mundo.

Bueno, eso nunca se sabe (ríe).