A la cumbre desde la humildad

De izquierda a derecha, Aléx Blázquez (jugador), Rodrigo Reñones (entrenador), Sergio Bárcena (exjugador), Carlos Gómez (exjugador), Servando Revuelta (hijo), Servando Revuelta  (padre), José Luis Palacio (directivo), José Manuel Herrero Lon (jugador) y Diego Muñiz (jugador y capitán del Go Fit). :: daniel pedriza/
De izquierda a derecha, Aléx Blázquez (jugador), Rodrigo Reñones (entrenador), Sergio Bárcena (exjugador), Carlos Gómez (exjugador), Servando Revuelta (hijo), Servando Revuelta (padre), José Luis Palacio (directivo), José Manuel Herrero Lon (jugador) y Diego Muñiz (jugador y capitán del Go Fit). :: daniel pedriza

El primer ascenso a la Liga Asobal refuerza la idea de bloque de la que han hecho gala los santanderinos desde su creación en 2004

MARCO G. VIDART

santander. En el mes de abril del año 2004, Servando Revuelta se propuso ser presidente del Balonmano Cantabria, ese equipo que años atrás, con el nombre de Teka, se convirtió en el mejor del mundo. Pero la candidatura de Revuelta no resultó elegida. Tras la derrota en las elecciones, esa noche la almohada se convirtió en la mejor aliada para convertir en realidad un sueño. «Me levanté a las siete de la mañana con la intención de crear un nuevo equipo de balonmano». Aquel 13 de abril, el día después de aquellas elecciones, se iniciaba el proyecto del Club Deportivo Elemental Sinfín Balonmano. «Lo de Sinfín, en homenaje a un equipo de Santander de los años 60 y que estaba patrocinado por una empresa que hacía ropa de trabajo». Once años después, aquel sueño de Servando Revuelta, bajo el nombre de Go Fit, ha logrado el ascenso a la Liga Asobal. Una travesía de poco más de una década desde la nada hasta la gloria.

Los once años de vida del Go Fit se resumen a la perfección con una palabra: modestia. El hijo de Revuelta, de nombre también Servando, es ese hombre para todo que hay en todo equipo que se precie. La mujer del 'presi', en las taquillas para las entradas. «Y sus primas se encargan del bar que montamos en La Albericia», añade Servando Revuelta padre. El domingo, todo un equipo ya de Asobal celebraba el ascenso con unas rabas, unas pizzas y unos helados sobre unas mesas improvisadas en la sala de prensa de un pabellón de La Albericia «en el que también colabora Solana. Un manitas que se encarga, por ejemplo, de las vallas de la publicidad. Y tiene 90 años», comenta el presidente del club. Entre los jugadores, no hay ni uno profesional y todos compaginan el balonmano con estudios o trabajo. De la docena de personas que se ocupa del día a día del Go Fit nadie cobra un solo euro y lo que hay se destina a cubrir los gastos para que casi todo el mundo se quede a 'pre' y el balonmano no cueste dinero.

Tras la creación del equipo, tocaba empezar a jugar. El Sinfín compró la plaza del SCD Astillero en Primera División. Quinto el primer año, luego segundo, primero... Con el patrocinio de Adelma y siempre con un bloque formado mayoritariamente por jugadores cántabros. El ascenso se resistía hasta que llegó la temporada 2007-2008. De nuevo campeones de la Primera División y, esta vez sí, el equipo logró subir a la División de Honor Plata, el escalón anterior a la Asobal.

La llegada del Sinfín a esa categoría coincidió con la desaparición definitiva del Balonmano Cantabria en 2008. «Yo llegué en los últimos tres partidos de la temporada 2008-2009. Y en el equipo coincidimos muchos jugadores, jóvenes y veteranos, que habíamos estado antes en el Balonmano Cantabria. Por eso no me costó nada adaptarme». El santanderino Rodrigo Reñones, ahora entrenador de este Go Fit, echa la vista atrás para rememorar sus años de corto con la camiseta del Sinfín. Tras haber jugado al más alto nivel con el Balonmano Cantabria, la llamada de un club de la región le hizo una ilusión tremenda, ya que «estaba sin equipo». Por aquel entonces, con una situación económica algo más boyante, los jugadores sí percibían algo de dinero. «Servía para pagar los gastos, aunque yo pude dedicarme solo a jugar al balonmano». Pero la filosofía seguía siendo la misma del inicio. Modestia y apuesta por el grupo. «Pero siempre con mucha seriedad y cumpliendo los compromisos», apostilla Juan Domínguez, entrenador entre 2009 y 2011. «En el buen sentido, siempre ha sido un club de andar por casa, pero ambicioso en lo deportivo».

De la cancha al banquillo

El nombramiento de Juan Domínguez como director del Instituto Municipal de Deportes, al inicio de la temporada 2011-2012, dejó al Sinfín sin entrenador con tres partidos de liga ya jugados. La directiva miró a la cancha y ahí encontró a su hombre para el banquillo. «Yo ya era veterano y además tenía el título de entrenador. Se consideró que era lo idóneo y además, era lo que había. La continuidad es algo que se valora mucho en este club», dice con una sonrisa Rodrigo Reñones. El técnico que ha llevado al equipo al cielo de la Asobal.

La fase de ascenso de este fin de semana en La Albericia ha demostrado que la filosofía de club que ha labrado el Go Fit a lo largo de todos estos años da sus frutos. Por nombres, el Atlético Valladolid y el Bidasoa «tenían mucha mejor plantilla que nosotros». Suecos, rusos, bosnios... Talento extranjero contratado a base de talonario. «Pero nosotros queremos soldados, no generales», afirma con rotundidad Reñones. «En esta fase de ascenso no teníamos la mejor plantilla, pero hemos sido el mejor equipo».

Un equipo cocinado a fuego lento durante muchos años. Con uno de esos ingredientes esenciales: el cariño. «El trato es muy familiar, muy cercano». Álex Blázquez, a pesar de sus escasos 23 años, es uno de los grandes veteranos del Go Fit en la actual plantilla, a la que llegó en 2009. «La directiva está para lo que necesitemos y no dudan en adelantar dinero de su bolsillo para ayudar a la gente que viene de fuera». En este Go Fit ya de Asobal, hay seis jugadores que no son cántabros. Xosé Canedo es gallego; Cristian Postigo y Guillermo Ros, aragoneses; Íñigo Jorajuria, navarro; José Antonio Calderón, de Alicante; y Ernesto Sánchez, madrileño. «Algunos ya llevan años aquí. Pero el que viene de nuevas, se integra como uno más de casa», apunta un Rodrigo Reñones que a veces tiene que abrir la mano en cuanto a los entrenamientos. Para que los horarios cuadren, las sesiones del Go Fit suelen concluir a las once de la noche. Y a muchos de los jugadores les toca madrugar al día siguiente. «A veces hay que modificar un poco el horario de los entrenamientos por cansancio de la gente. Pero generalmente no hace falta. Quieren siempre entregarse a tope. La verdad que me lo ponen muy fácil». El entrenador del Go Fit no puede estar más orgulloso de los suyos.

Entre la élite

La confianza de Reñones es ciega en el bloque que ha logrado el ascenso. El santanderino cree que sus chicos «se pueden partir la cara con cualquiera en la Asobal. El equipo tiene calidad para competir en la máxima categoría». Aunque quiere ser cauto. La élite del balonmano español ha bajado de calidad respecto a otras temporadas, «pero sigue siendo la élite». Blázquez no duda ni un segundo. «Vamos a luchar por ello con quien sea. Y a dar algún susto por ahí», añade entre risas.

El equipo que competirá en la Asobal será prácticamente el mismo que el de esta temporada. «Por filosofía de club y por recompensar el esfuerzo de los chavales», añade Reñones. El presidente apunta la posibilidad de que vengan «dos o tres jugadores que no rompan la línea que sigue el Go Fit. Y si son de la tierra, mejor». Aquel club que nació de un sueño una noche de abril de 2004 no va a cambiar de modo de pensar, por mucho que vaya a competir con lo más grande del balonmano español. La modestia, la seriedad y el compromiso de un bloque sin fisuras le han servido bien a lo largo de los años y el Go Fit ya no concibe el balonmano, el deporte y la vida sin pensar en una palabra: equipo.