Capi

Ayer cogí mi coche y me fui a pasar por Hoyomenor, La Aparecida, Llueva, Fuente Las Varas, Matienzo, Cruz de Uzano y Alisas (...) Fue mi despedida a ese chico sonriente y simpático que ponía vídeos del Mundial de rally en el Zimbawue

Capi Saiz, a la izquierda, junto al también piloto Enrique García Ojeda y Guillermo Pérez Medina, en una imagen de archivo./DM
Capi Saiz, a la izquierda, junto al también piloto Enrique García Ojeda y Guillermo Pérez Medina, en una imagen de archivo. / DM
Carlos del Barrio
CARLOS DEL BARRIO

En el Zimbawue, en la parte más baja de Canalejas, servían unas minicañas que valían 25 pesetas, lo más barato de Santander; eran unos vasitos tipo tubo, pero bien pequeños. Ése bar en el que había un fantástico ambiente de carreras, lo llevaba un chico sonriente, moreno y simpático, con una personalidad arrolladora, que había sido copiloto y que comenzaba a correr como piloto.

Sin internet ni teléfonos móviles, un local en el que ver vídeos de rally era en 1987 el mejor plan para los jóvenes aficionados al motor. Capi Saiz fue un piloto de rallys que desarrolló su actividad deportiva a finales de los años ochenta y principios de los noventa. En esa última parte es cuando tuve el honor de que me eligiese como copiloto. Tremendamente aficionado al mundo del motor (inculcado en vena por Ángel, su padre, y secundado por su hermano Jorge), Capi desarrolló un espectacular crecimiento como piloto. Prácticamente desde los inicios con el Fiat Uno Turbo, siempre se preocupó de salir más allá de las fronteras de nuestra querida Cantabria, o poco después, participar en el Campeonato de España de Rallys de Tierra con aquél Seat Marbella que era una auténtica escuela de pilotaje. Todos aquellos años su copiloto fue su amigo de siempre, Javier, Javi Carbajo, un gran tipo, con todas las grandes cualidades que se le requiere a un buen copiloto. Cuando en 1991 Capi se tuvo que tirar un mes entero en las Islas Canarias efectuando las dos primeras carreras del año, Javi no podía acudir por cuestiones laborales, y ahí es cuándo me llamaron a mí. Ese mes a mí me hizo evolucionar, con sólo 22 años, de manera rapidísima, pues tal era la exigencia y rigor con la que a Capi le gustaba gestionar los entrenamientos, las carreras y la logística que todo ello implicaba.

Con él aprendí a comportarme como un profesional en 1991, y siguió ese aprendizaje cuando tuve la suerte de que me volviese a llamar para acompañarle en el mayor reto de su carrera deportiva: ser piloto oficial de Peugeot en 1992, merecido logro que se ganó por haber ganado el Desafío Peugeot. Pero ese año fue un año muy duro, el coche se rompía cada dos por tres, y con él los sueños e ilusiones de proseguir su carrera deportiva. A final de 1992 España, hecha unos zorros tras los Juegos Olímpicos y la Expo de Sevilla, abordaba una crisis económica y estructural que también afectó a los rallys y a los patrocinios. Y eso se tradujo en el final de la carrera deportiva de Capi, una de las mayores injusticias que he podido acreditar en los 31 años que llevo en esto.

Ayer cogí mi coche y me fui a pasar por Hoyomenor, La Aparecida, Llueva, Fuente Las Varas, Matienzo, Cruz de Uzano y Alisas, todos tramos legendarios de los rallys de Cantabria. Desconecté el móvil y me dediqué simplemente a recordar momentos pasados con Capi por esas carreteras, hoy la mayoría casi irreconocibles por lo exageradamente reparadas y ensanchadas que están. Hubo silencio y paradas en sitios emblemáticos. Fue mi despedida a ese chico sonriente y simpático que ponía vídeos del Mundial de rally; el chico que nos servía aquellas minicañas tan sabrosas y baratas en un bar de Puertochico, Santander.

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