El coloso Hamilton, el gigante Alonso

Lewis Hamilton suma su tercera victoria consecutiva, cuarta para Mercedes, y mantiene su linea directa hacia el título | Alonso consigue su primer podio de la temporada tras una carrera magistral

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Lewis Hamilton y Nico Rosberg han convertido la temporada 2014 en su particular cortijo. Mercedes ha sido líder en las 226 vueltas que se han disputado en esta campaña, y hay que remontarse a la temporada 1992 para ver a un equipo, en este caso Williams, dominar de tal manera. Hamilton ha sumado su victoria número 25, con lo que iguala a Jim Clark y a su propio jefe Niki Lauda, y por primera vez ha conseguido subirse a lo más alto del cajón tres veces consecutivas. En la carrera de este domingo sólo le ha faltado ir saludando al público: ni en la salida ha visto peligrar su victoria.

Detrás de él ha acabado Nico Rosberg, que ha conseguido hacer una carrera de menos a más. Ya en la vuelta de formación reportaba que se había quedado sin telemetría, algo que ya le ocurrió en la clasificación del sábado, por lo que tuvo que disputar la prueba a ciegas. El alemán, líder del Mundial en virtud de una regularidad espectacular, ha protagonizado una gran remontada, ya que en la salida se hundió hasta el octavo puesto. El hijo del campeón del mundo de 1982 no tuvo garantizado el podio hasta el final de la prueba, cuando pudo con el que ha sido uno de los grandes héroes de esta carrera: Fernando Alonso.

El piloto asturiano se ha subido este domingo por primera vez al cajón, en una prueba que ha dejado claro que el 'factor Mattiacci' y las novedades técnicas que ha introducido la Scuderia en este GP han supuesto un cambio de sensaciones muy positivo. Alonso ha realizado una carrera de diez: desde una salida espectacular, en la que sobrevivió a un toque de un sobreexcitado Felipe Massa, hasta un control absoluto de los neumáticos o una gran estrategia -esto es computable a la Scuderia- permitieron al asturiano cosechar el primer trofeo del año.

Alonso dejó muestras de que el Ferrari puede ser un buen coche a poco que se mejoren ciertos aspectos. Sigue adoleciendo de problemas de potencia, como se vio al final de la carrera cuando Rosberg le quitó las pegatinas en la recta de atrás del trazado de Shanghai, y no es el mejor traccionando en la salida de las curvas. Sin embargo, sí es de los más fiables -resistió el toque de Massa en la salida sin problemas- y la Scuderia ha conseguido convertirse en la referencia de las estrategias. Si a esto le unimos el plus que da Alonso a cualquier monoplaza, el resultado es una carrera muy por encima de lo que hemos visto hasta el momento.

Domingo de resurrección

Lewis Hamilton no vio peligrar su victoria en ningún momento. Ni siquiera los problemas de graining que reportaron casi todos los pilotos le afectaron a él, que incluso se permitió el lujo de poder ahorrar combustible al final de la carrera.

El podio se estuvo disputando hasta las últimas vueltas, sobre todo entre cuatro pilotos: Alonso, Rosberg, Ricciardo y Vettel. Estos dos últimos protagonizaron uno de los grandes momentos de la prueba, merced a la rebeldía del tetracampeón. Daniel Ricciardo venía con mejor ritmo que Vettel, por lo que Guillaume Roquelin, el ingeniero de pista del germano, le ordenó que le dejara pasar. El joven germano, en lugar de obedecer, contestó preguntando que cómo estaba Ricciardo de neumáticos y, al recibir de respuesta que mejor que él, se limitó a decir: "Mala suerte". En ese momento, y pese a la insistencia del equipo ("Tienes que ayudarnos en pista, Sebastian", le dijeron), Vettel prefirió seguir haciendo su carrera. No fue hasta que se pasó de frenada cuando Ricciardo le arrebató el cuarto lugar provisional.

Ahí el australiano comenzó una incesante persecución hacia Alonso, mientras por detrás Nico Rosberg venía con un ritmo infernal. Bajo la bota del alemán de Mercedes cayó primero Vettel, luego el propio Ricciardo y finalmente un Alonso que vio, impotente, cómo Rosberg le quitaba primero más de tres segundos por vueltas y luego, como se dice popularmente, las pegatinas.

Con Rosberg escapándose, Alonso sólo pudo mirar hacia atrás y empezar a controlar sus propios neumáticos. A falta de diez vueltas se vino el momento más crítico para las opciones de Alonso: sus neumáticos estaban empezando a fallar, su coche no estaba en condiciones de pelear con el Red Bull de Ricciardo y el australiano llegaba con mejor ritmo. Ahí Alonso se olvidó de la gestión del ahorro y marcó sus mejores vueltas de la carrera para resistir en el tercer puesto.

La sonrisa de Alonso en el podio sólo rivalizaba con las de Rosberg y Hamilton, que se saben campeones con sólo cuatro carreras disputadas. Ahora tocan dos semanas de descanso, donde cobrará más protagonismo la labor de las factorías en la llegada del Mundial a Europa. En Maranello parecen haber adoptado el camino correcto y eso, sobre todo para Alonso, es la mejor resurrección posible.