Fernando Alonso, el camionero de la Fórmula 1

Alonso, pensativo durante el GP de Gran Bretaña. /
Alonso, pensativo durante el GP de Gran Bretaña.

Ni la clase magistral de adelantamientos que dio en Silverstone hacen recuperar las buenas sensaciones a Fernando Alonso. Su regularidad sigue siendo su mejor arma... y casi la única

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

Si hay una imagen que pasará a los anales de la historia de la Fórmula 1, por encima de la enorme victoria de Hamilton, es el duelo protagonizado por los dos pilotos más fieros de los últimos años. Fernando Alonso y Sebastian Vettel dieron este domingo en Silverstone uno de los mejores espectáculos de los últimos años en un circuito de Fórmula 1. Rueda contra rueda, chasis contra chasis, gritos contra gritos, el bicampeón español se batió el cobre con su enemigo más íntimo, el tetracampeón alemán de Red Bull. Resistió con uñas y dientes, cerró por derecha e izquierda, esperando incluso un aviso de los comisarios de que se dejara pasar, pero acabó por claudicar. Según sus propias palabras, suerte tuvo de acabar, ya que tenía problemas con las baterías, con los neumáticos, con el alerón trasero y con el combustible. Dos vueltas antes de protagonizar los 30 segundos más emocionantes de los últimos tiempos en la Fórmula 1, había avisado por radio de que igual tenía que llevar el Ferrari F14-T a boxes.

Pero no. Fernando Alonso acabó otra carrera, y ya son 26 consecutivas las que logra finalizar. En estos momentos, Alonso está viviendo su mejor racha en este aspecto, aunque sea en puestos demasiado alejados por la victoria. Este domingo cosechó una sexta posición que le mantiene en la cuarta plaza del campeonato; su mejor racha sin abandonar sólo le sirve para pelear por la medalla de chocolate.

Pese al espectáculo dado, pese a su innegable mérito adelantando por donde ningún otro se atreve, el exterior de la mítica curva Copse, pese a pelear contra un monoplaza, el Red Bull RB10, netamente superior en el aspecto aerodinámico en un circuito que prima precisamente este aspecto, Fernando Alonso no estaba contento. Cuando Sebastian se puso detrás de mí, estaba intentando ahorrar combustible y batería, y tenía un problema en el alerón trasero, con lo que sabía que antes o después me iba a adelantar. Ambos Red Bull se merecieron acabar por delante de nosotros, dado que eran más rápidos, explicaba después de la prueba. Ante los medios no sonreía, su lenguaje no corporal era tenso y cada vez se le nota más hastiado de una situación que no era la que esperaba en la recta final de su carrera deportiva en la Fórmula 1.

Quizá el pesimismo se ha instalado en Fernando Alonso por su afán ganador. Ya son varios años en los que la temporada comienza con unas expectativas muy altas, en los que a mitad de temporada hay que tirar la toalla. Ser uno de los dos únicos pilotos en la parrilla que ha puntuado en todas las carreras de la temporada, junto a Nico Hülkenberg, no le sirve de consuelo.

El F14-T, ni blanco ni negro: gris

Fernando Alonso es consciente de que sus actuaciones están salvando, una temporada más, el barco de Ferrari. El cambio de capitán, Domenicali por Mattiacci, aún no ha producido efectos notables, más allá de alguna bronca más o menos pública o más o menos publicada. La pifia de la clasificación del sábado es sólo una muestra del desgobierno que reina en el equipo italiano. Marco Mattiacci ya ha prometido una revolución de cara al año que viene, pero mientras tanto, tendrá que conformarse con lo que tiene antes de sacar el hacha y liarse a cortar cabezas.

El mayor problema es que Alonso, parafraseando a Alain Prost en 1991, parece que lleva un camión entre sus manos. El F14-T no es el más potente, no cuenta con soluciones aerodinámicas destacables. Tampoco funciona en condiciones de mucho calor, porque se sobrecalienta, ni en frío, porque no consiguen hacer funcionar los neumáticos. No es el peor coche de la parrilla, porque ese dudoso honor es del hierro que han hecho en Sauber, pero ni mucho menos está en condiciones de estar entre los tres primeros monoplazas. No es ni bueno ni malo: es mediocre. Para Fernando Alonso no es un problema nuevo, porque lleva bregando con coches parecidos y sabe cómo tapar las carencias, pero Kimi Räikkönen lleva mucho peor la adaptación. El error del finlandés en la carrera de este domingo no es más que una nueva prueba de que está muy perdido en esta segunda etapa vestido de rojo.

A diferencia de Prost, que fue expulsado de manera fulminante de la escuadra italiana después de comparar la conducción del Ferrari de aquella temporada con un vehículo de mercancías pesadas, Alonso no quiere irse de Ferrari hasta agotar cualquier posibilidad de éxito. Al otro lado de la mesa tampoco están dispuestos a dejar salir al asturiano, a sabiendas de que es el único eje que mantiene intacta la integridad del equipo desde hace unas cuantas temporadas. Las palabras de Marco Mattiacci de este domingo lo dejan bien claro: su gran remontada es una demostración más de su mentalidad extremadamente agresiva, la misma que debemos mantener para el resto de la temporada. Toda una declaración de intenciones de cara a Alemania y al resto de la campaña, en la que Alonso, con mejor o peor cara, seguro que cumplirá con su parte.