El último servicio de Alonso a Ferrari

Fernando Alonso, en el Gran Premio de Brasil. /
Fernando Alonso, en el Gran Premio de Brasil.

Mientras se confirma su inminente fichaje por McLaren, el asturiano llega a la carrera que cerrará la temporada en una impensable quinta posición, entre Vettel y Bottas

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROmadrid

Cuando medios como la prestigiosa publicación británica Autosport dan por hecho el fichaje de Fernando Alonso por McLaren, es que el fichaje está hecho, firmado y sellado. El piloto asturiano confirmará su acuerdo con la escudería de la que salió piafando en 2007 antes de la cita de Abu Dabi, la última cita de un campeonato en la que ha peleado con todos y contra todos. Y, aunque parezca increíble, el asturiano luchando por una quinta posición que lejos está del rendimiento real de la temporada.

El sexto puesto de Fernando Alonso en Brasil le permitió auparse a la quinta plaza de la clasificación general del Mundial, a dos puntos de Sebastian Vettel, cuarto, y con sólo uno de ventaja sobre Valtteri Bottas, sexto. Si enfocamos desde más lejos y consideramos el rendimiento de Red Bull, Williams y Ferrari, ¿cómo es posible que Alonso esté en pugna con dos pilotos que, carrera a carrera, han estado compitiendo por puestos muy superiores a los del asturiano? Ese es uno de los grandes misterios, y virtudes, de un Alonso que está en ese punto de su carrera deportiva en el que cada paso que dé ya no tiene vuelta atrás.

En Ferrari poco o nada le pueden reprochar a Fernando Alonso. En los últimos cinco años no ha gozado de un coche tan superior como el que permitió a Michael Schumacher coronar la época más gloriosa de la fábrica de Maranello, pese a lo cual ha tenido serias opciones de proclamarse campeón en, al menos, dos temporadas. Alonso ha dado más de lo que su coche le permitía carrera sí, carrera también, pero de donde no hay no se puede sacar. Tampoco le han ayudado las circunstancias: Ferrari no se ha sabido adaptar a los grandes retos técnicos de la Fórmula 1 en el último lustro. Primero no tomaron en cuenta la nueva importancia de los difusores, algo que sí alcanzaron en Red Bull con un Adrian Newey que poco a poco se va jubilando.

Después, con el cambio de los motores V8 atmosféricos a los V6 turbo, Mercedes ha sido quien ha dado con la clave con un monoplaza, el W05, que ya está inscrito en los libros de historia como uno de los más dominantes. Ante esta situación, y con 33 años, Alonso no puede esperar más y la revolución interna que está emprendiendo Mattiacci es el escenario perfecto para buscar nuevos -o viejos- aires para alcanzar el viejo objetivo del tercer campeonato del mundo.

Antes de intentar encontrar en el armario las viejas armaduras de McLaren, Alonso tendrá que prestar un último servicio a Ferrari. Y no es un servicio baladí, sino que hay muchos millones de euros en juego, como bien se encargó de recalcar después de la carrera de Austin. Alons,o y quién sabe si Räikkönen, intentarán amarrar para la escuadra de Maranello la cuarta posición del campeonato, que a efectos prácticos suponen unos ingresos que bien pueden servir para pagar el finiquito al piloto asturiano. Ferrari, cuarto, tiene 210 puntos, por 254 de Williams, tercero, y 161 de McLaren, quinto. Raro sería que perdiese la posición de la tabla de constructores, pero el objetivo es arrebatarle a la escudería de Massa y Bottas el bronce. La doble puntuación de Abu Dabi es una de las mejores armas posibles para acortar esos 44 puntos, pero sería necesario un milagro por parte de los pilotos de rojo y un Gran Premio desastroso por parte de los de blanco.

En la Scuderia son conscientes de que Alonso es el único soldado útil que tienen, y los números son absolutamente demoledores: de los 210 puntos de Ferrari, 157 son de Alonso. Casi dos terceros del botín que ha obtenido la escudería con más solera de la Fórmula 1 han sido obra del pirata español, batallando al timón de una barcaza de pesca mientras Red Bull y Williams iban con una fragata y un bergantín. Cuando reciba el banderazo en Abu Dabi, Alonso tomará los aparejos, tornará su vista hacia Gran Bretaña y volverá a al puerto de Woking para, quien sabe, vivir allí los mejores pasajes de su vida.