Diez años después Alonso piensa en dejarlo

Fernando Alonso, en Suzuka. /
Fernando Alonso, en Suzuka.

El mismo día del aniversario de su primer título del mundo, el asturiano confiesa que quiere volver a ser campeón en Fórmula 1, o en otro campeonato

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

El 25 de septiembre de 2005 Fernando Alonso entraba con pie firme en la historia del deporte mundial. A sus poco más de 24 años se convertía en el campeón del mundo de Fórmula 1 más joven de la historia, título que le arrebataron posteriormente Hamilton y Vettel (sus dos grandes rivales de estos años) y ponía el primer hito de una carrera deportiva en la que ha tenido más bajos que altos.

Diez años después, el Alonso de hoy tiene poco del Alonso de ayer. Lo fundamental, lo intrínsecamente suyo, sigue estando ahí: su carácter, aunque más abierto, sigue siendo muy suyo; sus ganas sobre la pista son las mismas; su innegable talento -pulido con la experiencia- sigue dejando boquiabiertos a compañeros, rivales y jefes de equipo. Sin embargo, también ha conseguido calmar ese fuego interno que le consumía en sus primeros años. No es que haya perdido las ganas por triunfar, pero entre aquel melenudo que gritó como Pelayo redivivo encima del Renault R25 y el que intenta morderse la lengua cada vez que se monta en el insultante McLaren-Honda de este año, hay toda una vida.

El propio Alonso lo recordaba así este viernes en el paddock, no sin cierta nostalgia en su tono de voz al rememorar los hits de esta década. «Espero que me volváis a ver ser campeón del mundo. Parece que han pasado 20 años desde que gané el Mundial, o me lo parece a mí por todo lo que se ha vivido y por todos los años en los que he estado aquí. En Rusia creo que cumpliré 250 grandes premios y diez años no son nada», decía. Y no le falta razón: en estos diez años le ha dado tiempo a jubilar a Michael Schumacher, a meterse en líos de espionaje, a pelearse con toda Gran Bretaña, a verse frenado por un ruso que pasó sin pena ni gloria por la Fórmula 1, a perder a uno de sus mejores amigos y a convertirse en una leyenda con una corona mucho más pequeña de la que, según los popes del paddock, merece.

El problema es que el tiempo no perdona. Alonso luce unas barbas donde ya asoman algunas canas, como les ocurre a casi todos los que han pasado la treintena, y cada vez se hace más duro pelear con imberbes que se le suben a las mismas. Max Verstappen, Nico Hülkenberg o Daniel Ricciardo forman parte ya de la tercera generación con la que Alonso comparte pista, y se hace muy cuesta arriba. El piloto que se batió el duelo con Michael Schumacher, Kimi Räikkönen o el primer Lewis Hamilton, se empieza a sentir cansado. Su objetivo es ser campeón del mundo, volver a saborear el champán, sentirse el emperador de nuevo pero no tiene por qué ser en Fórmula 1. «Ojalá se pueda repetir un campeonato. Si no es aquí, hay otras categorías para ser campeón del mundo, así que me quedan todavía unos cuantos años», aseguró a los medios.

Otro guiño más de Alonso al Mundial de Resistencia (WEC). El piloto asturiano no perdona que desde McLaren y Honda bloqueasen la posibilidad de correr con Porsche en las 24 Horas de Le Mans. Los cantos de sirena del campeonato más en forma de la FIA, donde ya han triunfado su amigo Mark Webber y su rival Nico Hülkenberg, le atraen y mucho. Que Alonso acabará disputando el WEC es algo sabido, y ni siquiera un futurible tercer título con McLaren podrá frenarlo.

Igual a eso se refiere con su leitmotiv -«Lo mejor está por llegar»- que en cada carrera enarbola. Hasta que llegue ese buen momento, puede contentarse con recordar los días de gloria, como hace su antiguo mentor, Flavio Briatore, al rememorar aquella histórica carrera de Brasil 2005 para El Mundo: «Nos bastaba con subir al podio. Le pedí ser conservador, pero ya el sábado hizo la pole». Así es Alonso: cuando esperas que te dé un más que suficiente 80%, te sorprende con un cien por cien. Quizá por eso, visto que no puede dar más de sí, empieza a plantearse la espantada del gran circo.

Problemas para Honda... otra vez

Mientras se debate entre la melancolía y lo que tiene por delante en su futuro deportivo, el presente de Alonso pinta negro. Tras la decepción del GP de Singapur, donde abandonó en una carrera en la que contaba con puntuar, Honda ha vuelto a hacer de las suyas y el asturiano se verá obligado a montar una nueva unidad de potencia, o al menos una parte de ella.

Está por ver si la que usarán es una nueva totalmente (lo que supondría una nueva penalización total) aquí o en Rusia, la siguiente cita del campeonato, o bien sólo el motor de combustión, en cuyo caso alcanzaría la friolera de diez usados, cuando el límite son cuatro. La fiabilidad de Honda, por mucho que los entusiastas fans nipones quieran ocultarlo, está dejando muy tocada la confianza en uno de los fabricantes estrella de Japón, que además ejerce de anfitrión en Suzuka. No obstante, podría ser peor: podrían ser Volkswagen.